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La masacre de las bananeras: el pulpo monopólico y la sangre obrera que marcó a Latinoamérica

El historiador Mariano Cabral, en su columna Pasado de Revoluciones, realizó una profunda reconstrucción histórica de la masacre de las bananeras, ocurrida en Colombia en diciembre de 1928.

Cabral vinculó este trágico episodio con otras represiones obreras en la región, como la Forestal en Argentina o la Patagonia Rebelde, señalando un patrón de explotación por parte de grandes empresas que controlaban desde la producción hasta la vida misma de los trabajadores. “Los temas son los que se repiten… y eso hace que adopte formas muy similares”, explicó al analizar cómo el capital extranjero ha operado históricamente sobre el movimiento obrero latinoamericano.

Manifestantes en Bogotá en junio de 1929 portando carteles que aluden a la masacre de las bananeras (foto portada).

La protagonista de este horror fue la United Fruit Company, una multinacional norteamericana que en pocas décadas se convirtió en un “pequeño estado dentro del Estado”. Cabral detalló cómo la empresa controlaba un millón quinientas mil hectáreas, miles de kilómetros de vías férreas y una flota propia de 90 barcos. Bajo una narrativa de “modernidad, progreso y libertad económica”, la compañía introducía productos manufacturados de EE. UU. en los mismos barcos que se llevaban la fruta, destruyendo las economías locales y la industria textil colombiana.

Uno de los puntos más críticos de la exposición fue la descripción de los métodos de contratación. La United Fruit tercerizaba la mano de obra para eludir responsabilidades legales, un sistema que Centenaro comparó irónicamente con el monotributo actual. “Sácate tu monotributo”, a lo que Cabral respondió “sácate tu monotributo y anda a pedalear o agarra el machete y corta el racimo de banana”, disparó el historiador, describiendo un sistema de semi-esclavitud donde los trabajadores recibían vales o “vouchers” que solo podían canjear en los almacenes de la misma empresa.

La tensión estalló en noviembre de 1928 con una huelga general que exigía condiciones dignas y el cumplimiento de las leyes laborales que la empresa desconocía sistemáticamente. Ante la firmeza de los huelguistas, el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez envió al ejército bajo el mando del general Carlos Cortés Vargas. El 5 y 6 de diciembre, en la plaza de Ciénaga, las tropas rodearon a la multitud y abrieron fuego, dejando un saldo estimado de “alrededor de dos mil muertos por una matanza tremenda”.

Este episodio no solo dejó una herida abierta en la historia colombiana, sino que propició el ascenso de figuras políticas fundamentales. Cabral destacó la emergencia de Jorge Eliécer Gaitán, un joven abogado que denunció la masacre en el Congreso y acuñó el término “convivencialismo” para criticar el reparto del poder entre liberales y conservadores. “Gaitán denuncia el convivencialismo, va a decir que liberales y conservadores tienen una convivencia y en definitiva se reparten el sistema”, relató el columnista, marcando el inicio de un derrotero político que cambiaría a Colombia para siempre.

Finalmente, Cabral adelantó que la próxima charla abordará el asesinato de Gaitán en 1948 y el nacimiento del “Bogotazo”. En ese contexto, mencionó un dato histórico intrigante: la presencia de un joven Fidel Castro en Bogotá, a quien la CIA fichó inicialmente como un “militante peronista de origen cubano”. Este rompecabezas histórico busca, según el historiador, ayudar a los argentinos a comprender mejor a sus vecinos latinoamericanos y los hilos invisibles que unen sus luchas.

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