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Olla popular en la casa de Diego: “Milei es hambre”

La mano de Dios

En el patio de Fiorito, donde El Diez soñó la alegría de todo un país, se calienta el guiso que cada jueves por la noche alimenta al barrio. “El presidente se comporta como un faraón que azota y oprime al pueblo”, se lamenta el pastor que organiza la ayuda social.

Por Gastón Rodríguez

En la inútil vía del tren que ya no pasa hay hambre. En los ranchos de chapa y pallet y en las casas de revoque destartalado hay hambre. En la marcha barrosa de ojotas con dos pares de medias, en el intento de supervivencia de revolver la basura ajena, en el músculo tenso que empuja el carro y en el perro flaco que lo sigue hay hambre. En el quejido por agacharse a levantar del piso el filtro de un cigarro todavía encendido, en los vientres hinchados por la combustión pobre de agua y harina, en la fila de mujeres, hombres y chicos –¡tantos chicos!– ofreciendo tapers y cacerolas en la puerta de la casa natal de Diego Maradona hay hambre.

“Es muy simbólico”, dice Leonardo Álvarez, pastor evangélico, presidente de la organización Sal de la tierra y referente de la olla que, desde marzo, calienta el guiso en el patio donde un pibe soñó la alegría de un país. “En esta casa Doña Tota se quedaba sin comer para que el Diego pudiera entrenar porque no alcanzaba para todos. Y eso pasó acá”, remarca emocionado.

Olla popular en la casa de Diego: “Milei es hambre”
Foto: Eduardo Sarapura

El último milagro maradoniano fue el Día de Reyes. Una caravana solidaria se paseó por las calles de Fiorito para cumplirle a cada pibe el derecho sagrado de recibir un juguete. Como pasa siempre, alguno se quiso bajar en la casa de Diego, sacarse fotos, ofrendar alguna carta o estampita. Fue entonces cuando Doña Mari, a la que Don Diego le legó su Tierra Santa, se le ocurrió que había que hacer algo más por la gente del barrio. Cuarenta años tardó el segundo acto de La mano de Dios.

“Acá llega gente llorando todos los días, gente que jamás pisó un comedor, que se quedó sin trabajo y ahora se anda avisando con los demás donde hay un plato de comida. Vienen acá y después se van a otro lado, a cualquier lugar donde haya una olla”, cuenta María Torres, “cocinera de la casa del más grande”, como le gusta presentarse.

Olla popular en la casa de Diego: “Milei es hambre”
Foto: Eduardo Sarapura

“La vida del pobre es así –continúa–. La inflación da asco. En el 2001 por lo menos estaban las quemas, donde vos ibas a buscar comida. Hoy vas al mercado y no te tiran nada, vas a manguear y ni un pan te dan, vas al chino a buscar un cartón y no te lo da porque lo junta el mismo chino. La gente tiene hambre y contra el hambre no podemos pelear. Los jueves le doy abundancia a la gente porque hasta el lunes no hay comedores. Acá la gente te pide y nosotros estamos para ayudar. Entre pobres nos ayudamos”.

Como María, Álvarez destaca la presencia del nuevo pobre, aquel que no hace mucho tenía un empleo y un salario con el que podía vivir ajustado, sin saltearse ninguna comida. “No es gente que está acostumbrada como yo, que nací en la villa y comí de la basura. Es gente que no está preparada para afrontarlo. Eso trae consecuencias. Hace poco leí una información que decía que por día dos personas se tiran bajo el tren. La crisis está provocando una angustia tremenda. Lo peor es que la gente no lo expresa, se guarda todo y en algún momento explota”.

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Foto: Eduardo Sarapura

Miseria

La Ley de Presupuesto para 2026, el primero aprobado durante la gestión del presidente Javier Milei, prevé una asignación de $ 67.104 millones para el programa de Políticas Alimentarias (que incluye comedores y merenderos), lo que representa una reducción real del 15,8% en comparación con los $ 79.700 millones destinados en 2025. Desde el inicio de la administración libertaria, en diciembre de 2023, se interrumpió el envío masivo de alimentos secos a comedores gestionados por organizaciones sociales con el pretexto de irregularidades en la gestión, lo que provocó la retención de millones de kilos de mercadería en galpones con la consecuente judicialización.

“Nos comunicamos con la señora Sandra Pettovello (ministra de Capital Humano) y nos dijo que para nosotros no había alimentos. No lo entiendo, si ellos saben que somos una ONG seria que trabajamos y que todos nos reconocen. Nos cerraron las puertas en la cara”, se lamenta el pastor, y enseguida aclara que si no fuera por el Gobierno bonaerense no podrían sostener el trabajo social. “Todos los meses nos mandan un camión con alimentos para los cinco comedores. Son 1800 familias que dependen de nosotros para comer”.

Olla popular en la casa de Diego: “Milei es hambre”
Foto: Eduardo Sarapura

María Elena espera en la vereda las raciones para ella, su madre y su hermana discapacitada. La ropa que lleva puesta –prolija, combinada– revela que la suerte se le estropeó hace poco. “Yo bajé 15 kilos con Milei”, arranca, como si fuera una veterana de los relatos gancheros. “Yo trabajaba de limpieza, pero la plata escasea para todos. Una de mis patronas, que es psicopedagoga, me pidió disculpas porque no llega a fin de mes y tiene que recortar gastos. Una docente que también me daba trabajo me tuvo que decir que no fuera más a su casa porque no tiene para pagarme. El bolsillo se me achicó, a veces no puedo ir ni a hacer un trámite porque no tengo para cargar la SUBE. Ya no sé lo que es la plata. Para mí, Milei es miseria”.

No muy lejos en la fila, taper en mano, espera Sebastián. Se lo ve joven y saludable, capaz de cualquier trabajo. Sin tan solo lo hubiera. “Ando cirujeando, junto latitas, cartoneo, se me cortó el laburo en el Mercado Central, así que ahora salgo y me la rebusco. Pero está difícil hacer la moneda, hay mucho hambre. Antes había más comedores, pero por el tema de la política empezaron a dejarle de bajar mercadería. Acá la gente escucha que están dando comida y enseguida hay una cuadra de cola. Vienen y buscan. Otra no queda”.

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Foto: Eduardo Sarapura

Bendecidos

La hora feliz en Fiorito arranca después de las ocho de la noche, con el despacho de porciones calientes. Guiso de mostacholes con pollo. Antes María convidó salsa con el cucharón. “Le tiré toda la adrenalina”, confiesa pícara. La cena incluye la bendición del pastor. “Este gobierno es muy cruel. Milei es hambre y el hambre duele de verdad. Así que oro para que Dios toque el corazón de piedra del presidente, que se comporta como un faraón que azota y oprime al pueblo”.

El morfi engorda el ánimo. Uno de los hijos de María enchufa el celular al parlante y dispara cumbias invencibles: Lía, Los del Fuego y el previsible Rodrigo. No es una fiesta. Pero casi. Al final solo quedan los que viven en la casa de Diego, los voluntarios de la organización y militantes que ayudan a parar la olla, como Jimena. “La magia de Diego es que hoy podamos hablar de lo que está pasando en nuestro país y que eso sirva para desenmascarar al presidente que dice que hay menos pobreza y que le echa la culpa al pueblo por estar cagado de hambre. La realidad es que la gente la está pasando horrible, nos encantaría que la casa sea un museo, que sea otra cosa, pero hoy la necesidad de los vecinos pasa por comer. ¿Qué haría Diego? Diego estaría dándole de comer a su barrio”.

Caen algunas gotas. Qué injusto en una noche que, al fin, iba a terminar bien. “Olvidate. No llovió ningún jueves. Diego también nos bendice”, se envalentona María y cuesta creerle hasta que el cielo, como mandado por alguien, vuelve a salpicarse de estrellas. «

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Foto: Eduardo Sarapura
Niveles críticos en la infancia

Los datos sobre acceso a la alimentación en Argentina reflejan una mejora respecto a los picos de 2024, aunque persisten niveles críticos de inseguridad alimentaria, especialmente en la infancia.
Según los datos del INDEC de marzo 2026, la indigencia se ubicó en el 6,3% en el segundo semestre de 2025. Esto representa aproximadamente a 1,9 millones de personas que residen en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir una Canasta Básica Alimentaria (CBA).
En lo que respecta a la inseguridad alimentaria en niños y adolescentes, los datos más recientes de la UCA (abril 2026) indican que el 28,8% de los menores de 18 años experimentó inseguridad alimentaria durante 2025. La inseguridad alimentaria severa (casos de hambre o privación grave) afectó al 13,2% de los niños y adolescentes. Aunque estas cifras mejoraron comparadas con el 35,5% registrado en 2024, aún no retornan a los niveles previos a 2017.En cuanto a la malnutrición infantil, informes de UNICEF y relevamientos sociales advierten que el 41,1% de los niños y adolescentes de 5 a 17 años presenta exceso de peso, conviviendo con una desnutrición crónica del 7,9% en menores de 5 años, lo que indica un acceso a alimentos de baja calidad nutricional.

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Foto: Eduardo Sarapura
Alimentos por vencer y un reparto desigual

La judicialización por la retención de millones de kilos de alimentos en galpones oficiales como los de Villa Martelli, en Buenos Aires y Tafí Viejo, en Tucumán, tuvo a fines del año pasado un punto de inflexión cuando la Corte Suprema de Justicia ratificó los fallos que obligan al Gobierno a presentar planes de distribución de dicha mercadería.
El Ministerio de Capital Humano justificó los cortes alegando irregularidades en el relevamiento de los espacios. Para abril de 2026, se reportó el cierre de al menos 40 comedores por considerarlos «fantasmas» o carentes de documentación.
A fines del año pasado, la Corte Suprema de Justicia rechazó la apelación del Gobierno por “inadmisible”, fundamentado en el artículo 280 del Código Procesal Civil, y dejó en firme el fallo judicial que había ordenado al Ministerio a elaborar un plan de distribución de alimentos destinados a comedores comunitarios.
La causa comenzó en febrero de 2024, cuando los propios sectores damnificados denunciaron públicamente que el Ministerio tenía almacenados más de 5000 toneladas de alimentos –6000 en Villa Martelli y más de 2000 en Tafí Viejo–y el dirigente social Juan Grabois realizó la denuncia penal contra Pettovello para que se cumpla con la entrega de los alimentos en comedores de todo el país, en el marco del “Plan Nacional Argentina contra el Hambre”. En medio del escándalo, Pettovello tuvo que reconocer –tras la inspección judicial– que entre los alimentos había 339.867 kg de leche en polvo (que rinden 2.718.936 litros de leche líquida) a punto de vencerse.
A la ministra no le quedó otra alternativa que distribuirla, aunque los hizo a través de la cuestionada Fundación CONIN, cercana al Gobierno y con escaso asentamiento territorial, lo que produjo un reparto desigual que ni siquiera llegó a muchas de las provincias más pobladas del país.

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Foto: Eduardo Sarapura
Fuente: Tiempo Argentino

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