
Mariano Cabral y la Revolución del 4 de junio: El ascenso estratégico del Coronel Perón
En una nueva entrega de su columna semanal “Pasado de Revoluciones”, el historiador Mariano Cabral analizó los 83 años del ascenso de Juan Domingo Perón, enfocándose en la Revolución del 4 de junio de 1943.
Cabral buscó desmitificar la enseñanza tradicional que iguala todos los golpes de Estado, señalando que este evento tuvo elementos particulares que lo distinguieron profundamente de los ocurridos en 1930, 1955, 1966 o 1976. Según el especialista, la del 43 fue una “revolución del 4 de junio… distinto en sus componentes profundos, en su orientación”.
El contexto internacional de la Segunda Guerra Mundial fue determinante para este movimiento. Cabral explicó que el ejército argentino sufría fuertes presiones para entrar en el conflicto en el bando aliado, rompiendo su neutralidad. En este escenario, un sector del ejército decidió actuar para “evitar que la Argentina entrara en la guerra, rompiera su neutralidad o, en todo caso, si lo hacía controlar el evento”. El historiador destacó que, a diferencia de otros golpes conducidos por altos mandos, este fue impulsado por oficiales subalternos, principalmente coroneles agrupados en la logia GOU (Grupo de Oficiales Unidos).
Un punto central de la columna fue el conocimiento profundo que los militares de la época tenían sobre la realidad social del país, a diferencia de las universidades nacionales de entonces, que Cabral describió como elitistas. El ejército, a través de sus obras de infraestructura y el servicio militar obligatorio, poseía información sobre “analfabetismo, desnutrición, enfermedades sociales, enfermedades de raíz social en la Argentina”. Esta intelectualidad militar pensaba en términos estratégicos de defensa nacional y desarrollo, viendo la necesidad de atender problemas sociales que el mundo civil ignoraba.
Cabral también resaltó el papel del nacionalismo industrial en aquel periodo. Citó un artículo de la revista británica The Economist de fines de 1943, donde se advertía que “el peligro en Argentina no es una supuesta tendencia pronazi, el peligro en la Argentina es el creciente nacionalismo industrial”. Este dato refuerza la tesis de que el movimiento del 43 buscaba una autonomía económica y un desarrollo manufacturero que ya empezaba a mostrar cifras significativas, como el hecho de que en 1944 las manufacturas nacionales satisfacían el 80% del consumo interno.
La columna detalló cómo el Coronel Perón comenzó a tejer su alianza con los trabajadores desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, elevando una antigua dirección nacional a rango de ministerio. Cabral subrayó que en ese espacio Perón “va a tejer su alianza con los sindicatos y con los trabajadores”. Asimismo, mencionó a otros actores clave como Domingo Mercante y los hermanos Montes (Juan Carlos y Miguel Ángel), militares de origen radical yrigoyenista que impulsaron la línea del nacionalismo popular frente al liberalismo oligárquico que dominaría otros golpes de Estado.
Para finalizar, el historiador concluyó que, si bien el periodo entre 1930 y 1976 estuvo marcado por interrupciones constitucionales, la Revolución del 43 tuvo un carácter político y económico único. Mientras otros golpes respondían al liberalismo oligárquico, en el 43 “la orientación era el nacionalismo popular”. Esta distinción es fundamental para comprender el surgimiento del peronismo y el ascenso de Perón como líder de una Argentina que buscaba un destino industrial y soberano.



