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“Patrioterismo berreta”

El reclamo soberano por Malvinas que llegó desde el Mundial y trastocó los planes de Milei

El gesto anticolonialista que vio todo el planeta recuerda al de los atletas negros del ’68. Milei no pudo disimular su fastidio y Bullrich no pudo aprobar la ley de entrega de tierras.

Por Luis Bruschtein

El reclamo por Malvinas surgió en el Mundial con el nervio de un problema estructural y se incrustó en la coyuntura política. Frenó la aprobación de la ley de extranjerización de la tierra, que el oficialismo presentó con el nombre embustero de “inviolabilidad de la propiedad privada”. Y a su influjo aumentó la imagen negativa del gobierno y disparó una interna que no estaba prevista.

La mayoría de los argentinos no conocen las islas, sólo saben que se trata de un territorio del tamaño de una provincia que fue ocupado por una potencia extranjera y una guerra en 1982 que dejó una marca fuerte en la sociedad. A pesar de esa lejanía y de ese casi conocimiento abstracto, el tema resurge a lo largo de los años como sucede con los problemas que quedan atascados en la historia.

Malvinas es el residuo de un sistema colonial anacrónico que la humanidad ha repudiado y aborrecido al menos en teoría. Lo real es que quedan sólo 17 enclaves en el planeta y los argentinos son víctimas de una de esas injusticias. No hace falta instalarlo en forma artificial, surge de manera natural: las dos selecciones enfrentadas en un partido de fútbol, más vecinos de Villa Luro que viajaron como hinchas, más una sábana de hotel, más la ministra argentina de Seguridad que reafirmó la prohibición de asistir con cualquier emblema que recuerde a las Malvinas y el tema se potencia.

Un partido entre seleccionados de Argentina e Inglaterra es la confrontación simbólica entre una cultura colonialista y otra colonizada. Gran Bretaña intentó invadir dos veces el territorio argentino y se quedó con una parte en las islas Malvinas. La historia moderna del país tuvo como referente colonizador a Gran Bretaña hasta la Segunda Guerra Mundial.

Pero igual el tema ya estaba identificado con la discusión entre el gobierno y la oposición, o mejor dicho, entre el gobierno y una cultura popular que Milei confrontó cuando se proclamó admirador de Margaret Thatcher y que terminó de ensuciar cuando concedió que los ingleses podían hacer lo que quisieran en las islas porque estaban en posesión de ellas. O cuando el jefe del Ejército y ministro de Defensa, Carlos Presti, hijo de un represor, justificó el hundimiento del General Belgrano y la muerte de cientos de sus tripulantes, aunque estuviera fuera de la zona de exclusión y alejándose de las islas.

La provocación era previa porque varias semanas antes, la petrolera israelí Navitas comenzó las obras de infraestructura en las islas y prevé empezar las perforaciones en enero de 2027. Y al mismo tiempo el gobierno abrió la puerta a la petrolera de origen británico Challenger Energy Group para iniciar la prospección en el Mar Argentino. Una semana antes un barco patrullero de la armada británica cruzó jurisdicción argentina con dirección a Punta Arenas, en Chile, sin solicitar autorización.

La tolerancia del gobierno libertario frente a los avances ingleses que transgreden acuerdos internacionales lo desubicó frente al clima que se creó por el duelo futbolístico. Nunca hubo mundial de fútbol sin política, pero éste, con sede en Estados Unidos, involucrado en las guerras con Irán, de Ucrania con Rusia y de Israel con el genocidio palestino y la invasión al Líbano superó a todos.

A Rusia se le prohibió participar porque estaba en guerra con Ucrania y a la selección iraní no se le permitió alojarse donde debía jugar sus partidos. Las entrevistas a los jugadores tenían que ser en inglés. Las delegaciones que provenían de países musulmanes fueron sometidas a revisaciones y vigilancia humillantes y el presidente Donald Trump presionó a la FIFA para que anule la tarjeta roja que le habían aplicado al nueve del seleccionado norteamericano.

La justificación pública que hizo la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva de la prohibición de llevar a la cancha símbolos o banderas relacionados con Malvinas fue una provocación. Es la parte del sentir popular que este gobierno no sintoniza.

Hinchas provenientes de Villa Luro se indignaron, rompieron una sábana del hotel donde estaban alojados en Estados Unidos y pintaron con aerosol la consigna maldita: “Las Malvinas son argentinas”. Los dejaron pasar hasta el borde de la cancha y consiguieron arrojarla al campo de juego. Los jugadores la tomaron y protagonizaron un gesto anticolonial frente al mundo, similar al de los atletas norteamericanos negros en las Olimpíadas del ’68 cuando subieron al podio con el gesto del Black Power contra el racismo y la discriminación.

Milei enfureció con el gesto de los jugadores. Había prometido, que si ellos visitan la Rosada, no habría nadie del gobierno. Su mensaje inicial fue apaciguador, pese a la bronca. Pero poco después dio a entender en una entrevista periodística que la actitud de los jugadores había sido un “gesto de patrioterismo, barato, berreta”.

El festejo popular por la épica remontada del resultado y por Malvinas tuvo tanto eco popular, que el canciller Pablo Quirno emitió una queja pública por la intromisión de la nave inglesa sin autorización y los ingleses se apresuraron a pedirla, aunque fuera de término. Los analistas cercanos al gobierno responsabilizaron a las “declaraciones innecesarias” de la ministra Monteoliva por el “brote nacionalista” y hasta se habló de su reemplazo. Esas declaraciones motivaron una lluvia de memes contra el gobierno en las redes, como adelanto de lo que iba a pasar.

El gobierno tenía previsto meter la ley de extranjerización de la tierra (ley de inviolabilidad de la propiedad privada) para que pase desapercibida entre los partidos de la selección. Pero tras el eco que tuvo el partido contra los ingleses, más la locura que produjo el cartel, algunos de los aliados no se atrevieron a acompañar al oficialismo y la iniciativa fue postergada para el próximo mes.

Se vio en la tele. Cuando se juntaban los hinchas en Estados Unidos, el canto era “el que no salta es un inglés”. Hubo una campaña antiargentina en las redes, probablemente impulsada por los algoritmos del sistema. Pero en los países que fueron sometidos por Inglaterra hubo festejos por el triunfo argentino, como en Bangladesh, China, Irlanda, India y hasta hubo fiesta en Escocia.

Hay que reconocer que expresiones racistas desde Argentina, como las de Eduardo Feinmann contra los mexicanos, dieron argumentos a esa campaña. Los algoritmos y la derecha prefieren que las rivalidades sean entre pueblos hermanos y no de éstos con las potencias. Que la hinchada argentina gritara contra los ingleses enfureció a la derecha argentina.

El jueves, el oficialismo no pudo discutir la ley que permitiría la entrega de tierras rurales fronterizas, en nacientes de agua, o en zonas estratégicas a extranjeros. Sin embargo, esta ley entreguista tuvo el respaldo de las bancadas de tres provincias fronterizas, como Neuquén, Misiones y Salta, además de la Libertad Avanza, el PRO y los radicales. El peronismo y la bancada de Unión por la Patria se han opuesto a esta ley. Pero la demostración de cinismo más sinvergüenza fue que algunos de los legisladores del oficialismo, entre ellos Patricia Bullrich, se pusieron la camiseta de la selección o la colocaron en sus asientos. Usaron los colores nacionales para impulsar una ley de entrega del territorio nacional.

Fuente: Página 12

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