
Una experiencia escénica colectiva expande el universo de Leonardo Favio
En las tablas
Lejos de la biografía ilustrada, “Sinfonía Favio” transforma el imaginario del cineasta y músico en una propuesta singular. La obra propone una inmersión en su mundo antes que un retrato.
Por Ximena Pascutti
Ni estatua de bronce ni tributo nostálgico: el imaginario de Leonardo Favio desembarcó en Ciudad Cultural Konex convertido en un despliegue de energía colectiva. Dirigido por la dupla integrada por Noelia Morales y Hugo Martínez, el espectáculo propone una puesta multitudinaria que reúne a 33 artistas en escena —actrices, actores, cantantes, bailarines y un niño de 13 años que articula el relato— en un recorrido físico y sensible que transforma los recuerdos familiares y la memoria emotiva en un verdadero ritual compartido.
Hay obras que se ven y obras que se atraviesan con el cuerpo. En la Antesala del Konex, el legado de Favio se despoja de solemnidad para volverse pasión en movimiento. Nacido en el marco de las residencias artísticas del icónico espacio cultural, Sinfonía Favio es el quinto espectáculo del Colectivo Ciudades Poéticas. El proyecto nació para convocar a nuevas audiencias al Konex y crear una obra completamente nueva mediante un proceso de investigación profunda. Tras una convocatoria que reunió a 186 aspirantes y un taller intensivo, se conformó un elenco heterogéneo integrado, en su mayoría, por egresados de la Universidad Nacional de las Artes (UNA).
En diálogo sobre la trastienda de la creación, los directores escénicos Morales y Martínez detallan cómo fue abordar a una figura monumental, al tiempo que confiesan una necesidad tan urgente como vital: volver a los vínculos y al cuerpo, en tiempos en los que la propuesta de época nos arroja al repliegue individual y al desencuentro sin piedad.

Frente a la costumbre teatral de dirigir en solitario, la dupla creativa apuesta por un trabajo compartido, una dinámica que pusieron en marcha ya en sus años de facultad. «Nos conocimos en la Licenciatura en Dirección Escénica de la UNA —cuenta Morales—. Y creo que algo que nos unió fue que entendemos el teatro desde una dimensión más performática, que deconstruye ciertas miradas tradicionales sobre lo escénico».
Martínez también celebra la química: «El aporte que traemos con Noe es dirigir colaborativamente, algo que no es tan común. Son pocos los grupos que lo hacen. Nosotros no nos repartimos el trabajo: lo pensamos juntos. Veníamos haciéndolo y en 2021 creamos nuestro colectivo Ciudades Poéticas».
Al encarar la figura de Leonardo Favio, ambos entendieron enseguida que la inmensidad de su obra requería una puerta de entrada singular. Para evitar la imitación o el tributo biográfico, la dramaturgia de Natalia Casielles propuso articular el recorrido a partir de la infancia. «La idea fue ir por una tangente», coinciden. «Como justamente nos parecía inabarcable su poética y su historia, nos permitimos habitar el caos de la creación. Hasta que, en un momento, la dramaturga nos propuso organizar el arco dramático de la obra a partir de la figura del niño Favio. Tanto en entrevistas de él como en su primera película, Crónica de un niño solo, la infancia aparece como ese paraíso perdido al que siempre vuelve».

Sumar a un actor infantil —Vicente Stubrin Contin— implicó también un abordaje ético y afectivo particular: «Requiere mucha responsabilidad, ajustar las condiciones de cuidado y contar con la compañía absoluta de su mamá y su papá, quienes estuvieron presentes durante todo el proceso —comentan—. Adaptamos el proyecto para que su participación garantice su escolaridad, comodidad e integridad. Trabajar con un niño le aportó al grupo mucha sensibilidad y escucha, puso en primer lugar el cuidado y los afectos, y nos devolvió poesía».
La obra se despliega como una experiencia donde la música contemporánea, la danza y la actuación conviven sin jerarquías: «Queríamos ver qué fuerzas nos convocaban de esa producción tan vasta, qué nos pasaba a nosotros físicamente y qué podíamos rescatar para que dialogara con nuestro presente». La confluencia de lenguajes resultó el eje ordenador del espacio escénico: «Es un espectáculo performático porque hay algo de lo transdisciplinario —desarrolla Morales—. Hay momentos de mucha experimentación vocal: el compositor trabajó con partituras que pertenecen a la música contemporánea académica, pero, a su vez, superpuestas con una coreografía de danza y con un melodrama. Hay muchas disciplinas y lenguajes conviviendo y contaminándose mutuamente».
¿Y qué papel juega el público en esta experiencia coral? «La gente no participa de forma directa, pero está muy cerquita de eso que pasa para que se convierta realmente en algo físico —aseguran—. Es toda una experiencia».

En un mundo signado cada vez más por la hiperconexión digital y el aislamiento, y en una Argentina descorazonada por el mileísmo, recurrir al imaginario de Favio implica también una toma de postura sobre los afectos y el espacio público. «Algo que conmueve de Favio tiene que ver con la pasión —admite Martínez—. En tiempos de IA y de vínculos artificiales que no se consolidan, hay algo que vuelve a poner sobre la mesa aquello que es humano, y también esa fuerza que supone lo popular y lo masivo. Venimos de varios años en los que se diluye esa posibilidad de volver a juntarnos en torno a algo que nos convoca. ¿Cómo sería volver a barajar y dar de nuevo, y que lo que nos junte sean pasiones alegres, el encuentro, el disfrute y las situaciones presenciales?».
Sinfonía Favio logra sintetizar distintos universos culturales para interpelar a públicos de todas las edades: «La inmensa obra de Favio pudo romper con ciertas diferencias entre la cultura baja y la cultura alta, porque amalgama de una forma muy hermosa lo popular, que también llega e interpela a varias generaciones. En el caso de las juventudes, conmueve la mirada y el accionar de un niño en escena. Te desarma realmente. Hay algo de Favio que quisimos rescatar, que es ese ritmo, esa pasión física que tienen sus proyectos. A los pibes y a las pibas de hoy los conmueve la posibilidad de estar juntos, de compartirse en fiestas, de volver a decir un ‘te amo’, de volver a encontrarse para besarse por primera vez. Es volver al cuerpo, a la presencia y a la posibilidad de que todo pueda ser diferente». «
Sinfonía Favio
Dirección: Noelia Morales y Hugo Martínez (Colectivo Ciudades Poéticas). Dramaturgia: Natalia Casielles. Composición y dirección musical: Ulises Martínez. Elenco: 33 artistas en escena. Miércoles 5 y 12 de agosto a las 20 en Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131 (CABA).
Espectáculos – Tiempo Argentino



