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Soberanía, geopolítica y territorio: el panorama integral de ‘Triple Frontera en Nuestra América’

La emisión del sábado 26 deseptiembre de 2026 del programa “Triple Frontera en Nuestra América” —transmitido en simultáneo por el streaming de Radio Lateral y LT4 Radiodifusora de Misiones 104.5 FM desde Posadas— ofreció un cuadro de análisis riguroso y multidisciplinario bajo la conducción de Sergio Centenaro.

La jornada radial articuló la discusión geopolítica internacional con el trabajo político territorial en los barrios populares, contando con la operación técnica de Jorge García, la dirección de Mario Samaniego en LT4 y Ronny Fuchs en Radio Lateral, consolidando una trinchera comunicacional indispensable para el nordeste argentino.

El primer bloque estuvo marcado por un análisis exhaustivo de la coyuntura venezolana a cargo del comunicador y analista político Diego Itursarry (Diego en la lucha). El debate giró en torno al pragmatismo chavista tras el secuestro de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la vigencia del Estado bolivariano y el impacto del discurso de la vicepresidenta encargada Delcy Rodríguez en las Naciones Unidas. Itursarry enfatizó que la geopolítica del petróleo rige las acciones de las grandes potencias y justificó la decisión de evitar una guerra abierta contra el despliegue militar norteamericano para preservar la estabilidad económica interna y las reservas hidrocarburíferas del país.

En la segunda parte del programa, la palabra de Pedro Brieger aportó una perspectiva global sobre la reciente Asamblea General de la ONU y las presiones geopolíticas ejercidas por la administración de Donald Trump en la región. Brieger desarmó el relato oficial del “Escudo de las Américas” impulsado por Washington, denunciando que el tratado fue confeccionado en inglés, excluyó a países clave como México y Brasil, e ignoró deliberadamente las estremecedoras cifras del consumo interno de drogas en Estados Unidos para centrarse en la persecución política de los gobiernos populares de América Latina.

A lo largo de la emisión, el conductor Sergio Centenaro intercaló comentarios editoriales de fondo, cuestionando la tibieza de amplios sectores de la dirigencia política nacional y remarcando la urgencia de profundizar la batalla cultural frente a los monopolios mediáticos. Se reivindicaron las históricas gestas latinoamericanas y la vigencia de proyectos de integración regional soberanos, recordando la impronta de líderes transformadores a través de canciones emblemáticas que evocan el postulado inmortal de Néstor Kirchner: “Vengo a proponerles un sueño”.

Geopolítica del petróleo y pragmatismo bolivariano: el análisis realista tras el secuestro de Nicolás Maduro

El analista político, docente y comunicador Diego Itursarry —ampliamente conocido en redes como “Diego en la lucha”— desglosó el complejo escenario geopolítico que atraviesa la República Bolivariana de Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro acontecido el pasado 3 de enero. Con la conducción de Sergio Centenaro, el análisis se distanció de los planteos idealistas o confrontativos para enfocarse de manera cruda en las dinámicas de poder global, la soberanía energética y las decisiones de estado adoptadas por la cúpula chavista frente a la mayor potencia militar del planeta.

Itursarry comenzó contextualizando la matriz estructural del conflicto al recordar que el sistema mundial contemporáneo, con independencia de los signos ideológicos de potencias como China, Estados Unidos o Rusia, resulta inviable sin petróleo y gas. En ese marco, remarcó que Venezuela posee las mayores reservas probadas de hidrocarburos del globo, alcanzando oficialmente los 303.000 millones de barriles, con proyecciones del Servicio Geológico de Estados Unidos que ubican la cifra entre 380.000 y 640.000 millones. No obstante, el especialista subrayó la contradicción trágica de contar con semejante riqueza energética sin poseer la tecnología autóctona ni la capacidad militar para extraerla o defenderla de forma autárquica frente a Washington.

Al evaluar la viabilidad de una respuesta bélica directa por parte de Caracas ante el despliegue de portaaviones y cazas F-35 estadounidenses, el analista calificó de irresponsables a quienes exigen un choque armado. Recordó que, con apenas una veintena de aviones Suhoi operativos y sin cobertura de inteligencia artificial o satelital de gran escala, una confrontación militar abierta habría derivado en la destrucción total de la infraestructura eléctrica, hídrica y productiva de Venezuela. En sus palabras, el chavista ha actuado con un pragmatismo indiscutible, entendiendo que el territorio permanece bajo control del Estado y de las Fuerzas Armadas sin caer en la trampa de una inmolación catastrófica.

Respecto a la estrategia adoptada por la vicepresidenta encargada Delcy Rodríguez y su sonada intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Diego en la lucha argumentó que su reconocimiento internacional como mandataria interina constituye una jugada de ajedrez jurídico impecable. Al validar la investidura de Rodríguez, los organismos internacionales y las potencias reconocen de forma implícita la legitimidad constitucional de Nicolás Maduro. Además, remarcó que las exigencias de un discurso encendido de confrontación ideológica o invocaciones retóricas habrían sido inútiles para detener sanciones, atraer las inversiones privadas urgentes o garantizar la estabilidad operativa de los campos petroleros.

El especialista destacó asimismo el rol estratégico que ha desempeñado Diosdado Cabello para mantener la cohesión interna y la disciplina entre los mandos militares y políticos tras la desaparición física de Hugo Chávez y el cautiverio de Maduro. A través de la conducción de su espacio televisivo “El Mazo Dando”, Cabello articula la defensa territorial, amalgama las fuerzas armadas y desmonta de manera sistemática las operaciones de opinión de los medios hegemónicos. De igual modo, Itursarry reveló que Maduro previo a su secuestro dejó sentado el rumbo pragmático al declarar textualmente: “Voy a hacer negocios donde sea cuándo sea y cómo sea con Estados Unidos.” Esta postura demuestra que la cúpula chavista operaba con plena conciencia de las presiones de Washington y buscaba garantizar la supervivencia económica del país.

En cuanto al plano económico y cambiario, el analista desmintió las versiones que sostienen un aislamiento financiero total o el bloqueo absoluto de las divisas provenientes de Chevron y del mercado norteamericano. Reveló que el Banco Central de Venezuela inyectó aproximadamente 8.000 millones de dólares en el mercado cambiario entre enero y septiembre para contener la cotización de la divisa y evitar la hiperinflación. Este flujo de recursos demuestra que el petróleo venezolano continúa comercializándose de manera efectiva, proveyendo los dólares necesarios para sostener los servicios públicos subsidiados, la construcción de viviendas sociales y la estructura de un Estado benefactor que rehúsa claudicar ante la doctrina neoliberal.

Finalmente, Itursarry lamentó la falta de formación geopolítica profunda en diversos sectores del progresismo y del campo nacional y popular en Argentina, señalando que muchos dirigentes han consumido de forma acrítica la narrativa de los medios hegemónicos. Concluyó afirmando que la política real se mide por resultados concretos y no por expresiones de deseo moralistas: la permanencia de la Revolución Bolivariana en el poder, la preservación de la estabilidad interna y la contención del aparato militar estadounidense demuestran que la diplomacia pragmática es el único camino viable para garantizar el futuro de Venezuela y la pronta liberación de Nicolás Maduro.

Injerencia imperial, el relato del ‘Escudo de las Américas’ y las omisiones del consumo en EE.UU.

El reconocido sociólogo y periodista especializado en política internacional Pedro Brieger analizó las repercusiones de la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas. Brieger centró su mirada crítica en los encendidos discursos vertidos por Donald Trump y, muy especialmente, en las maniobras geopolíticas articuladas al margen del plenario principal, poniendo al descubierto la creciente subordinación de varios gobiernos latinoamericanos a los intereses estratégicos y militares de Washington.

El especialista destacó que el acontecimiento de mayor gravitación geopolítica para la región no se produjo en los estrados de la ONU, sino en una reunión reservada convocada por el presidente estadounidense junto a un selecto grupo de mandatarios del continente. En dicho encuentro se consolidó el denominado “Escudo de las Américas”, una alianza política impulsada bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. No obstante, Brieger observó con agudeza que países centrales en la materia como México y Brasil quedaron deliberadamente excluidos, evidenciando que el verdadero propósito del pacto es resguardar los recursos naturales del hemisferio occidental frente a la presencia de potencias competidoras como China.

Un aspecto escandaloso denunciado por el sociólogo radica en la absoluta subordinación formal y lingüística de los Estados firmantes. El documento fundacional del mecanismo circuló de manera exclusiva en idioma inglés, sin versión oficial en español en las páginas de las cancillerías latinoamericanas. Al respecto, Brieger citó la salvedad publicada por la delegación norteamericana en Bogotá, donde se aclaraba: “Nosotros hicimos esta traducción, pero no es una traducción oficial porque efectivamente no hubo un documento oficial en castellano”. Este hecho insólito refleja hasta qué punto los gobiernos de la región han aceptado acríticamente los dictados de Washington sin reparar en la preservación de la soberanía institucional.

Asimismo, Brieger desmanteló la hipocresía del discurso antidrogas al remarcar que el documento del Escudo identifica a 24 organizaciones calificadas como “narcoterroristas” —incluyendo insólitamente a Sendero Luminoso o resucitando al cartel de los soles— sin mencionar a una sola banda o estructura criminal que opere dentro del territorio de Estados Unidos. Frente a esto, el analista contrapuso datos oficiales de la Administración de Salud Mental y Abuso de Sustancias norteamericana correspondientes a 2025, los cuales revelan que 69 millones de personas mayores de 12 años admitieron consumir drogas ilícitas en EE.UU., registrándose además 70.000 muertes anuales por sobredosis. La omisión deliberada de este colosal mercado consumidor prueba que la lucha contra el narcotráfico es un mero instrumento de penetración geopolítica.

El periodista evocó las valientes palabras pronunciadas por el presidente colombiano Gustavo Petro en el estrado internacional, quien denunció abiertamente que “los narcotraficantes viven en Nueva York a mí mismo a unas cuadras y en Miami”. Brieger contrapuso esa postura de dignidad con el cinismo del documento del Escudo, el cual proclama en su texto “defender y promover el respeto mutuo por la soberanía nacional y la autodeterminación de cada país”, apenas meses después de que tropas norteamericanas invadieran territorio venezolano el 3 de enero, asesinando a más de cien personas y secuestrando al presidente Nicolás Maduro.

En otro tramo de su intervención, Brieger reflexionó sobre la constante imposición de agendas globales alejadas de los padecimientos populares. Mientras los discursos oficiales abordan de forma abstracta la inteligencia artificial o los negocios financieros, se invisibiliza la lucha contra el hambre, la falta de vivienda y la escasez de agua potable. Del mismo modo, denunció la censura ejercida por las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley, ejemplificada en el cierre intempestivo de las cuentas oficiales de dirigentes populares como Lula da Silva o el bloqueo sistemático de páginas periodísticas independientes, demostrando que las redes sociales distan de ser plataformas neutrales.

Finalmente, Pedro Brieger lamentó el desmantelamiento sistemático de los espacios de integración soberana como la UNASUR a manos de los gobiernos de derecha de la región, los cuales rechazan la cooperación Sur-Sur para alinearse incondicionalmente con la Casa Blanca e Israel. Concluyó ratificando que la construcción de un mundo multipolar exige que América del Sur recupere la iniciativa política de bloque, priorizando las necesidades concretas de sus pueblos por encima de la subordinación automática a los mandatos de las grandes potencias.

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