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«Ensenada 55»: La historia oculta del aviador naval que defendió a Perón y la memoria del bombardeo masivo

Entrevista al director de cine Hugo Crexell

El cineasta y guionista Hugo Crexell presentó en Radio Lateral su largometraje documental «Ensenada 55», una obra audiovisual que rescata del olvido los sucesos del bombardeo militar perpetrado en septiembre de 1955.

Crexell relató a Sergio Centenaro los orígenes del film a partir de los recuerdos orales compartidos por su padre, el capitán de fragata Hugo Crexell, señalando que “la película nace casi como un proyecto de esos que decís ‘No sé qué hacer con esto’” y resaltando la convicción democrática de su progenitor: “mi viejo era peronista pero ante todo era legalista, era un defensor de la Constitución Nacional”.

Durante los acontecimientos del 16 de septiembre de 1955, el capitán Crexell, aviador leal de la Marina, recibió la indicación directa del propio presidente Juan Domingo Perón en el Edificio Libertador. El director reprodujo la orden exacta encomendada a su padre: “Crexell por favor límpieme el Río de la Plata”, con el propósito de neutralizar el avance de las fuerzas golpistas comandadas por Isaac Rojas que buscaban tomar la ciudad de La Plata.

El relato documenta la pericia táctica empleada por la escuadrilla leal para atenuar el daño sobre vidas humanas y evitar una tragedia en el Liceo Naval militar. Crexell detalló que su padre sostuvo la directiva de “pedir tirar en unos canales intermedios que hay donde hay como unas chapas donde había unos barcos viejos porque cuando soltaba las bombas se escuchaba muy fuerte entonces como que amedrentaba a los adversarios sin causar destrucciones totales ni pérdidas fatales”.

Tras la consumación del golpe de Estado de la Revolución Fusiladora, la dictadura sumarió y encarceló al capitán Crexell bajo falsas acusaciones administrativas. El cineasta trazó un paralelismo directo con los dispositivos judiciales contemporáneos al denunciar que a su padre “se le inventan un montón de cosas… por ejemplo que era un oficial corrupto que había aceptado dádivas… hoy en día está tan de moda hablar del Fair… pero le inventan toda serie de mentiras para ensuciarlo” y proscribirlo de la Fuerza.

Un eje humano de la película aborda el emotivo encuentro entre el director y Rodolfo Ortiz, hijo de un trabajador ferroviario asesinado durante los ataques en el barrio Campamento de Ensenada. Crexell rememoró cómo mostró a Ortiz el objeto familiar que atestigua la militancia histórica de su padre: “tenía un llaverito que aparece en la película… con el escudo peronista de un lado y del otro en dorado decía club del 45 socio”. Asimismo, reconstruyó la dolorosa pregunta planteada por Ortiz: “¿tu padre no habrá sido el que tiró la bomba que mató a mi padre?”, dilema investigado en el film que sugiere un error de cálculo con las chimeneas de los frigoríficos Armour y Swift o el accionar de aviones rebeldes.

En cuanto a la realización técnica, ante la escasez de archivo fílmico —del cual solo subsistían 12 segundos de metraje—, el equipo desarrolló un procedimiento artesanal denominado “animación documental”. Crexell remarcó la autenticidad del proceso gráfico aclarando que “no es inteligencia artificial, es todo a mano”, realizado cuadro por cuadro sobre fotografías históricas por el animador Joaquín Celaya.

El cineasta criticó abiertamente la historiografía oficial que intentó invisibilizar los combates cruentos de 1955 en Ensenada, Mar del Plata, Rosario, Bahía Blanca y Córdoba para encubrir la violencia del golpe. Afirmó que la película busca “contar la historia de otro bombardeo mucho más oscurecido y mucho más oculto que el de Plaza de Mayo”, desmontando el mito oficial dado que “querían hacer pasar como que el gobierno de Perón ya estaba caído de antes y que básicamente fue el clamor popular lo que hizo que ese gobierno cayera por su propio peso… y todo eso es una falacia”, sentenciando que el derrocamiento “no tuvo nada de incruento, fue muy cruento”.

Hacia el cierre de la entrevista, Hugo Crexell reivindicó el valor del título de la obra al sostener que “el 55 para nosotros tiene una significación tremenda… es también como un tributo a los héroes del 55 y a los caídos en el 55”. Defendió la soberanía audiovisual frente al desmantelamiento del INCAA y las plataformas transnacionales afirmando que “somos nosotros los que tenemos que contar nuestras historias, no tiene que venir Disney a contarlas”. Finalmente, reveló la filiación de un alto funcionario del actual Poder Ejecutivo con la represión del ’55: “Guillermo Francos el de Milei es hijo de uno de los marinos que dio la orden el 19 de septiembre del 55 para que bombardeen los depósitos de combustible en Mar del Plata”.

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