
En Volver al futuro (Omnívora), el historiador Fabio Wasserman analiza la trinchera digital y las maniobras ideológicas del mileísmo para edificar un relato histórico a su medida.
“No se puede hacer mayor abuso de los grandes nombres de la Revolución de Mayo, Belgrano, libertad, civilización, que el compararlos y asimilarlos con los miserables hechos y hombres del día”. La cita de Juan Bautista Alberdi —uno de los fetiches preferidos de la narrativa libertaria— funciona como la puerta de entrada perfecta para Volver al futuro (Omnívora), el nuevo trabajo del historiador Fabio Wasserman sobre los usos y abusos del pasado en las nuevas derechas radicales.
¿Qué diría Alberdi de este presente en el que se lo invoca para justificar la teoría del “topo” que viene a destruir el Estado desde adentro? ¿O el propio Julio Argentino Roca, convocado por un régimen que busca desguazar con motosierra la misma arquitectura estatal que él ayudó a consolidar? Wasserman se sumerge en el fango de las redes sociales y el ecosistema de la batalla cultural para descifrar cómo la experiencia mileísta instrumentaliza la historia nacional entre fake news, omisiones deliberadas y una inocultable falta de rigor académico.
Como muestra la polémica reconfiguración del Salón de los Próceres —donde no hay lugar para Alfonsín, Perón, las mujeres ni los pueblos originarios—, el mito de origen libertario propone una nostalgia decimonónica que idealiza una Argentina “potencia mundial” de finales del siglo XIX. Sin embargo, como bien señala el autor, la apropiación del liberalismo clásico deja afuera un dato elemental: el papel central que tuvieron aquellos hombres en el proceso de construcción del Estado.

Aunque el mileísmo carezca aún de un texto canónico, el libro reconstruye los ejes de su discurso: del relato sobre la llegada de Colón y la Conquista del Desierto a la revisión de la violencia política de los setenta. Para Wasserman, las referencias al pasado en la narrativa oficial “están plagadas de errores fácticos que no parecen ser necesarios para sostener las interpretaciones y valores que defiende”, demostrando que la manipulación histórica opera como una herramienta puramente identitaria para disputar el sentido común.
En esta historia del presente, Volver al futuro desarticula la paradoja de un colectivo que busca legitimación en héroes que jamás habrían firmado su programa. Como recordaba Baruch Spinoza al pensar las servidumbres de la política, cuántas veces los hombres y las mujeres terminan luchando por su propia esclavitud como si se tratara de su libertad.
Cultura – Tiempo Argentino



