Desde este lado

La estrategia de EEUU detrás del nuevo envío de armas a Ucrania

Internacionales sábado 28 de enero de 2023

Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) prevén movilizar un nuevo y gran contingente de armamento a Ucrania.

Desde la Segunda Guerra Mundial no había registro de un despliegue bélico de tal magnitud en Europa del Este. El tipo de armamento que podría entregarse al régimen de Kiev en las próximas semanas es de diversa naturaleza, tanto defensiva como ofensiva.

Este movimiento de armas y la crisis política que agudiza es promovido por Estados Unidos mediante una estrategia que puede significar una desfiguración de la seguridad internacional, no solo en el mundo eslavo y Europa; las implicaciones pueden ser de alcance global.

Esto se explica por la naturaleza del esquema, los impactos que trae a la relación de Estados Unidos y Rusia y los propósitos de los atlantistas en el desarrollo y prolongación de su guerra subsidiaria contra la Federación Rusa.

1. SOBRE EL NUEVO ARMAMENTO A UCRANIA

Según diversas fuentes, los gobiernos de Estados Unidos y algunos países OTAN, entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido y Polonia, prevén realizar una nueva entrega de armamento a Ucrania que, según los estadounidenses, servirá para repeler a Rusia.

Entre los sistemas de armas y equipamientos se puede mencionar:

  • En el ámbito defensivo, un número no revelado de misiles antiaéreos adicionales para los sistemas portátiles NASAMS. Unas ocho unidades de sistemas de defensa aérea de corto alcance AN / TWQ-1 Avenger, de fabricación estadounidense.
  • En diciembre de 2022, el secretario de Estado, Antony Blinken, reveló que el paquete de ayuda militar a Ucrania incluía la dotación del sistema Patriot.
  • En el ámbito de infantería, donde el suministro será más voluminoso, el presidente Joe Biden ha anunciado la entrega de 31 tanques M1 Abrams.
  • Se estipula la entrega de 59 vehículos de combate de infantería M2 Bradley con 590 misiles antitanque TOW. Se estima la entrega de 90 vehículos blindados de transporte de personal Stryker. Adicionalmente, y para labores de transporte de personal y logística, se prevé la entrega de 53 vehículos blindados clase MRAP y 350 vehículos blindados HMMWV (Humvee).
  • Se estima la entrega de alrededor de 600 proyectiles M982 Excalibur de alta precisión de 155 mm.
  • Se ha considerado el suministro de 95 mil proyectiles de artillería de 105 mm y 11 mil 800 minas de mortero de 120 mm, entre otros suministros, como 2 mil misiles anti-tanque tipo Javelin, los cuales ya se han usado en Ucrania desde febrero de 2022.

Este material de infantería reseñado corresponde solo a la entrega prevista por Estados Unidos, pero los demás países OTAN realizarán aportes adicionales.

  • El presidente francés Emmanuel Macron indicó que su país entregaría a Ucrania un número no específico de vehículos de combate ligeros AMX 10-RC de fabricación francesa.
  • Alemania, por su parte, decidió enviar a Ucrania 14 unidades de los tanques Leopard 2. Aunque el país se había rehusado al envío, ahora lo han aceptado bajo presiones de miembros de la OTAN. El Leopard 2, tanque insignia de la infantería alemana, está desplegado en más de 2 mil unidades. El país germano posee unos 550 en su arsenal, entre unidades operativas y almacenadas.
  • Polonia, país que posee unidades del tanque Leopard 2, espera la autorización de Alemania para entregar un número aún no revelado de estos tanques a Ucrania.
  • Reino Unido anunció la entrega de 14 unidades de tanques Challenger 2.
  • Adicionalmente se prevé un nuevo suministro de municiones adicionales para HIMARS, un sistema de misiles de alta movilidad, de mediano alcance y de fabricación estadounidense (ya entregados a Ucrania). El rango máximo de ataque de este sistema es de 300 kilómetros y es el arma que podría atacar objetivos claves en el margen occidental ruso.

Cuando se desplegó el sistema HIMARS a mediados de 2022 se suponía que habría un viraje significativo del conflicto de manera favorable a Ucrania. Pese a algunos impactos de este sistema en la primera línea del ejército ruso, no ha habido un cambio relevante en la correlación de resultados de la guerra.

Ahora, el mismo argumento ha aparecido con la nueva dotación de armas de infantería a beneficio de Ucrania.

Roderich Kiesewetter, un actor político experto en defensa del Partido Democristiano Alemán (CDU), comentó en una entrevista con DW:

“Los modelos occidentales protegen mucho mejor a los soldados y aumentan así la moral de combate. Además, son técnicamente muy superiores a los modelos soviéticos. Así, las operaciones ofensivas pueden volver a ser realistas, se podrán liberar de la ocupación rusa zonas más extensas y evitar crímenes de guerra”.

Sin embargo, en 2018, mucho antes del actual conflicto, expertos estadounidenses admitieron la superioridad de los tanques rusos, comparados con el M1 Abrams norteamericano en operaciones de combate en Irak.

Por las características de la infantería mecanizada y la pesada a entregar a Ucrania, podría estimarse una ralentización de las tropas rusas pero no garantiza un cambio absoluto de la correlación, dado que Rusia sigue preservando grandes capacidades en infantería y sigue destruyendo armas de artillería pesada mediante ataques con drones artillados de muy bajo costo.

Vladímir Zelenski ha pedido a los países occidentales al menos unos 300 tanques de guerra y unos 500 vehículos blindados. La cifra definitiva de la nueva dotación de los equipos que recibirá Ucrania aún no se ha confirmado a falta de decisión de los países. En algunos casos, las entregas y adiestramiento de tropas para su uso puede tardar meses.

Rusia, por otro lado, cuenta aún con una cantidad estimada de 4 mil tanques de guerra activos y unos 7 mil tanques en reserva, de los cuales una importante parte de ellos pueden volver al servicio con mínima inversión.

2. LA RUPTURA DE LOS EQUILIBRIOS ESTRATÉGICOS Y LA AMENAZA NUCLEAR REAL

En el año 2019, el gobierno estadounidense a cargo de Donald Trump formalizó su retiro del Tratado de Armas Intermedias (Intermediate-Range Nuclear Forces, identificado con el acrónimo “INF”). Este acuerdo fue rubricado en 1987 entre Estados Unidos y la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) e implicaba el fin de la colocación (en las cercanías de las fronteras de la URSS, la OTAN y Estados Unidos) de armas nucleares “de corto y mediano alcance”, cuyo radio operativo estuviera entre 500 y 5 mil 500 kilómetros.

El factor de disposición de armas en las áreas de influencia de estas potencias fue la clave de la llamada “crisis de los misiles” en octubre de 1962, cuando Estados Unidos colocó misiles de corto alcance en Turquía (Turkiye) y luego la URSS hizo lo propio en Cuba.

En su momento, el INF fue un acuerdo que ayudó a componer los equilibrios y distancias estratégicas necesarias entre las potencias para sostener la disuasión y la paz nuclear. La ruptura unilateral de Estados Unidos del INF en 2018 implicó un nuevo punto de inflexión en la rivalidad entre la OTAN y Rusia que ha incrementado las tensiones desde entonces.

La incorporación activa de la OTAN, mediante el apoyo a Kiev desde el comienzo de la Operación Militar Especial (OME) en 2022, incrementó las hostilidades entre los norteamericanos y la Federación, al punto de que se congelaron las conversaciones para el avance del tratado START III, un acuerdo basado en la reducción de la cantidad de armas estratégicas nucleares entre ambas potencias.

El START III fue firmado por los entonces mandatarios de Estados Unidos, Barack Obama, y de Rusia, Dmitri Medvédev, en el año 2010. Este acuerdo, que en teoría implicaba el verdadero “fin de la Guerra Fría”, suponía una reducción de las ojivas nucleares por parte de cada país en razón de dos tercios.

En noviembre de 2022, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, advirtió que la congelación del diálogo con Estados Unidos en esta materia multiplica los riesgos.

“Constatamos con pesar que en estos momentos el diálogo estratégico entre Rusia y Estados Unidos, poseedores de los mayores arsenales nucleares (…) se mantiene congelado por Washington”, dijo Lavrov en un videomensaje a los participantes en la Conferencia de Moscú sobre la No Proliferación Nuclear.

El jefe de la diplomacia rusa recordó que el último resultado palpable de los esfuerzos conjuntos de Rusia y Estados Unidos ha sido el acuerdo de prolongar por cinco años el Tratado START III o Nuevo START, de reducción de armas nucleares, hasta el 5 de febrero de 2026:

“Está claro que, debido a la ausencia de un trabajo negociador para mantener la estabilidad estratégica, los problemas existentes se irán acumulando. Eso puede entrañar una multiplicación de los riesgos”.

“Es evidente que esto puede llevar a un conflicto directo entre potencias nucleares de consecuencias catastróficas”, subrayó. El ministro aseguró que Moscú se ve obligado a enviar periódicamente “señales de advertencia” sobre esta situación.

“Pero en lugar de prestarles atención a estas, Occidente las desvirtúa maliciosamente y nos acusa de usar una retórica de amenazas”, dijo.

Estados Unidos suspendió el diálogo sobre el control de armas. Seguidamente, Moscú informó en agosto de 2022 a Washington de su decisión de prohibir las inspecciones estadounidenses in situ de su arsenal de armas nucleares, al alegar dificultades para hacer lo propio en Estados Unidos debido a las sanciones relativas a los permisos de sobrevuelo y concesión de visados a funcionarios rusos por parte de la Casa Blanca.

Luego, Rusia aplazó unilateralmente las reuniones de la comisión consultiva bilateral sobre el tratado. En ese momento, el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, explicó esta decisión mediante la “falta de disposición” de Estados Unidos a tener en cuenta las prioridades rusas y por centrarse únicamente en su deseo de retomar la inspección del arsenal ruso. No había reciprocidad, según el funcionario.

El alto de la discusión de estos acuerdos políticos entre la Federación de Rusia y Estados Unidos es resultado de las grandes entregas cada vez más recurrentes de armas a Ucrania, especialmente de las armas antiaéreas sofisticadas.

Esto obedece a que este tipo de armamento constituye la construcción de un escudo en el flanco ucraniano de la Federación, con la intención de inhabilitar las capacidades de alcance y maniobra de sus sistemas de ataque estratégico convencionales.

Seguidamente, la presencia del sistema HIMARS estadounidense en suelo ucraniano supone la proyección de armamento OTAN de mayor alcance en las cercanías de Rusia, lo cual impone nuevas tensiones.

Antes del inicio de la OME en febrero de 2022, Vladímir Zelenski asomó la posibilidad de que su país abandonara el Memorándum de Budapest, el cual es un tratado entre Ucrania, Estados Unidos y Rusia, en el que Kiev renunciaba al arsenal nuclear heredado desde el fin de la URSS.

Este factor fue determinante en la decisión de Vladímir Putin para desplegar la OME y sus propósitos de desmilitarización. Ucrania podría hacerse con armamento nuclear al contar con capacidades para el enriquecimiento de uranio y personal técnico capaz de desarrollar ese tipo de armamento.

De ahí que la suspensión de los acuerdos entre las potencias, aunada a la belicosidad de la OTAN mediante la entrega peligrosa, descontrolada y desproporcionada de armas a Ucrania, implica una seria amenaza a la paz nuclear, una vez consumada una ruptura al marco legal que la ha permitido.

Además existe una amenaza real de que los sistemas de artillería de largo alcance y sistemas de lanzamiento de misiles balísticos estadounidenses puedan ser usados por Kiev para atacar la central nuclear de Zaporozhie, lo que pudiera provocar una catástrofe de mayores consecuencias que la de Chernobyl.

Las escaramuzas alrededor de esta planta desembocaron en ataques efectuados por las fuerzas ucranianas a las instalaciones. Estos ataques fueron constatados en agosto de 2022 por inspectores de la agencia de verificación atómica de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Adicionalmente, la entrega de armamento a Ucrania a gran escala ha significado un deterioro de las condiciones de seguridad en Europa del Este y otros países, mediante la proliferación de armas occidentales que se han desviado hacia el mercado negro.

En noviembre de 2022 se anunció que inspectores militares estadounidenses estaban investigando el destino del armamento y los equipos enviados a las fuerzas ucranianas, tras los señalamientos de que parte de ese material podría haber acabado en el mercado negro.

El portavoz del Pentágono, el general Pat Ryder, dijo en una rueda de prensa que Estados Unidos tiene “equipos pequeños compuestos por personal de la embajada”, entre ellos soldados que están llevando a cabo “algunas inspecciones sobre la entrega de asistencia de seguridad en una serie de localizaciones”.

Jordan Cohen, un analista de defensa y política exterior del Instituto CATO que se centra en la venta de armas, dijo a CNN que el mayor peligro que rodea a la avalancha de armas que se canalizan en Ucrania es lo que sucede cuando la guerra termina, o cuando ocurren transiciones en algún tipo de estancamiento prolongado.

3. LA RECONFIGURACIÓN DEL SISTEMA ARMAMENTÍSTICO INTERNACIONAL

A casi un año de la OME, varios países OTAN que poseían armamento heredado de la era soviética, como Polonia, los han despachado hacia Ucrania vaciando sus arsenales o menguando sus propias capacidades defensivas.

Pero también países como Alemania y Polonia han enviado armamento occidental de diversa naturaleza al teatro de operaciones ucraniano, comprometiendo sus capacidades defensivas y ofensivas.

De esa manera, el gobierno estadounidense ha ofrecido el reemplazo de esos equipos por sus equivalentes estadounidenses.

En diciembre de 2022, Josep Borrell, alto representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), señaló que las reservas militares europeas están “agotadas” debido a los envíos armamentísticos en Ucrania.

La UE “carece de las capacidades de defensa necesarias” para hacer frente a futuras amenazas, indicó el propio Borrell, quien destacó que el conflicto bélico en territorio ucraniano ha puesto de manifiesto “la insuficiencia de nuestras existencias militares” y “la fragilidad de nuestras cadenas de suministro”. Algo que es muy alarmante, de acuerdo a Borrell, por si aparecen otros peligros en un futuro que supuestamente amenacen la seguridad comunitaria.

En enero de 2023, la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, pidió a los países latinoamericanos ceder su equipamiento militar ruso a Ucrania, resaltando la influencia creciente de potencias como Rusia y China en una región que reviste particular importancia para Washington.

La generala adelantó que ofrecen reemplazar las armas despachadas desde Moscú por equipamiento estadounidense. Aludió concretamente a Cuba, Venezuela y Nicaragua, pero sin mencionarlos, y a otros países que hoy poseen armamento ruso.

De acuerdo con información del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés), que fueron revelados en una publicación de Sputnik, del año 2000 a 2021, ocho países de América Latina han adquirido armamento de origen ruso.

  • Según la misma fuente, Venezuela es el país latinoamericano que más armamento ruso ha adquirido. Tiene desde Sistemas de Defensa Aérea hasta helicópteros de combate y bombas guiadas.
  • En segundo lugar está Nicaragua, país que, según datos del SIPRI, compró al menos un helicóptero y 50 tanques T-72B, entre otras armas.
  • Del año 2000 a 2021, Perú adquirió más de 32 helicópteros, de los cuales un par son de combate. Además, el país andino compró más de dos centenares de misiles de factoría rusa.
  • México adquirió al menos 30 Sistemas de Defensa Aérea y nueve helicópteros, mientras que Cuba compró un caza MiG-29.
  • Por su parte, Uruguay adquirió 48 Vodnik, un vehículo militar multipropósito de alta movilidad.
  • Argentina, según el SIPRI, compró también un par de helicópteros modelo Mi-8MT/Mi-17.
  • Colombia adquirió seis helicópteros modelo Mi-8MT/Mi-17. Cabe acotar que el presidente colombiano Gustavo Petro declaró que su país no entregaría esas armas a Ucrania.
  • Bolivia también cuenta con helicópteros y otras armas de manufactura rusa.

A la luz de estos datos y anuncios, es evidente que la guerra proxy de la OTAN contra Rusia ha adquirido una modalidad de proyección al largo plazo. En simultáneo al suministro de armas, concurre el bloqueo a Ucrania de toda facultad de diálogo y negociación para crear distensiones o poner fin a la guerra, lo cual solo facilita el alargue.

Dicho país eslavo ha entregado su soberanía de manera evidente y se ha convertido en un protectorado de la OTAN, dando forma a una guerra prolongada pese a sus catastróficas pérdidas de efectivos militares, armas e infraestructura.

Ucrania pide a los países occidentales la reposición de su ejército, demandan mercenarios y nuevos sistemas de armas en todos los ramos, a causa de la degradación de sus capacidades militares que alcanzaron proporciones mínimas desde mediados de 2022. Esta situación reafirma su posición subsidiaria y carente de autodeterminación.

La proyección del conflicto y su prolongación en el tiempo, no de manera casual, está cambiando la configuración de los parques de armas en los ejércitos de varios países, primeramente en Europa, y pretenden que ello sea extensivo a la región latinoamericana. En ambos continentes, considerados parte del “área de influencia” estadounidense, Washington pretende expulsar a Rusia y consolidarse como único proveedor de armamento.

Este podría ser el proceso de reemplazo de armas más grande del cual se tenga memoria. Un sumario que está claramente diseñado a favor de Estados Unidos y su complejo industrial-militar, principalmente, al ofrecer el cambio de armamento europeo ya entregado a Ucrania por armamento de fabricación estadounidense.

La admisión de Josep Borrell sobre el agotamiento del arsenal europeo implica un llamado al aumento de los procesos de procura de armamento OTAN de los países europeos, bien sea por fabricación propia, pero también por la adquisición del más grande proveedor: Estados Unidos. Se debe considerar la declaración de Borrell como un acto de relaciones públicas a favor de los fabricantes de armas. El negocio de la guerra como fin.

Los procesos de sustitución de los sistemas de armas son un asunto complejo para los ejércitos de cualquier país. Implica el desarrollo de contratos, no solo para el suministro de armamento; también la prestación de servicios adicionales, como la formación de las tropas para la operación de las armas, el intercambio de información sobre el uso de armas, la solicitud de autorización para entregarlas a un tercer país y además los servicios de mantenimiento y refacción de los equipos.

De esta manera, la industria militar estadounidense obtendría una clara ventaja al hacerse de contratos que, por defecto, controlarán las capacidades de respuesta y arsenal de los países que participen en este proceso de cambio de su parque de armas.

El reacomodo de los sistemas de armas a gran escala y a favor de Estados Unidos es mucho más que económico, pues conlleva otros elementos propios de la seguridad estratégica. En el caso de que algún país entregue armas de la era soviética o la Federación Rusa a Ucrania y dependa de Estados Unidos como único proveedor de armamento, podría crear una vulnerabilidad a sus sistemas de defensa.

En el escenario de un cambio en sus políticas de gobierno o desafiliación a Estados Unidos, un país puede ser objeto de un embargo de armas por vía formal o no declarado. Las empresas estadounidenses podrían prescindir del suministro de servicios y refacciones.

El ejemplo más emblemático de esto en la región latinoamericana tuvo lugar en Venezuela, concretamente en el año 2006 cuando el presidente Hugo Chávez reiteró públicamente que el gobierno estadounidense, sin ninguna justificación, se negaba a prestar servicios y repuestos a los caza F-16 de la Fuerza Aérea de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), vulnerando sus capacidades militares de manera significativa. Chávez hizo la denuncia del embargo no declarado durante años. El F-16 estadounidense era entonces el avión elite de Venezuela y por ello el gobierno decidió desde entonces adquirir 24 unidades de los cazas estratégicos polivalentes Sukhoi-30 de fabricación rusa.

4. NEGOCIOS Y UNA NUEVA CARRERA ARMAMENTÍSTICA

Ucrania es justo ahora el epicentro de una gran operación financiero-armamentística. La prolongación de la guerra es el contrato a gran escala más grande a favor del suministro de armas al país eslavo, pero el gran beneficiario será Estados Unidos.

En noviembre de 2022, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, anunció el vigésimoquinto paquete de apoyo militar norteamericano a Ucrania para “ayudar a sus valientes defensores a proteger su país de la agresión rusa”.

“Esta entrega elevará el total de la asistencia militar estadounidense a Ucrania a un nivel sin precedentes de cerca de 19 mil 300 millones de dólares desde el inicio de esta administración”, dijo Blinken.

El paquete vigésimosexto por entregarse a Ucrania a inicios de 2023 superará esta cifra llevándola a un nivel sin comparación.

Pero la naturaleza de este tipo de acuerdos, lejos de “ayudar” a Ucrania, implica la convergencia de múltiples intereses económicos, los cuales fueron abiertamente manifestados por el presidente ucraniano Zelenski.

En una presentación vía online frente a la Asociación Nacional de Cámaras de Comercio e Industria de Estados Unidos, que agrupa a los complejos financieros, industriales y militares estadounidenses, el mandatario ucraniano indicó:

“Ya hemos logrado atraer la atención y cooperar con gigantes del mundo financiero y de inversión internacional como BlackRock, J.P. Morgan y Goldman Sachs. Marcas como Starlink o Westinghouse ya se han convertido en parte de nuestra vía ucraniana.

“Sus brillantes sistemas de defensa como el HIMARS o el Bradley [vehículo blindado de transporte] ya vinculan nuestra historia de libertad con sus empresas. Estamos esperando a los [sistemas] Patriot. Miramos de cerca a los Abrams [tanques]. ¡Miles de tales ejemplos son posibles! Cualquiera puede realizar un gran negocio trabajando con Ucrania”, enfatizó Zelenski.

En su declaración el mandatario propone el lucro como incentivo para las firmas financieras y empresas del complejo industrial-militar a favor de la continuidad de la guerra, independientemente del costo humano y económico que ello supone.

La posibilidad de incremento de los beneficios para el complejo financiero y militar comprende la formación de condiciones para dar un nuevo aliento a la ya mermada hegemonía estadounidense como principal potencia militar del mundo, fortaleciéndola frente a enemigos estratégicos como Rusia y la República Popular China, considerada por Estados Unidos como su principal rival.

La reconfiguración de la estructura de distribución y uso de armas que está imponiendo Estados Unidos apunta a la creación de una nueva matriz de carrera armamentística. Aunque Moscú sigue aventajando a Washington en áreas de desarrollo militar, tal como ocurre en el ramo de las tecnologías hipersónicas, la intención de los atlantistas es ralentizar esas capacidades de avance, inversión e innovación.

Se debe considerar que la pretensión de sacar totalmente a la industria militar rusa de Europa (y ahora de Latinoamérica), tanto como alargar la guerra contra Ucrania, apunta directamente al corazón de la industria militar de la Federación para intentar mermar sus capacidades al largo plazo.

Pretenden el debilitamiento (por desgaste) de las capacidades de Rusia, el incremento de los beneficios de la industria estadounidense y toma forma una carrera por la superioridad militar absoluta entre Estados Unidos y China, países que podrían verse enfrentados de manera directa en posibles hostilidades en el estrecho de Taiwán.

Fuente; Misión Verdad