Desde este lado

Hacia la entraña América y total

martes 13 de octubre de 2020

Por Sergio Centenaro

Apelar al arte, a la música y a los mensajes que desde la cultura fortalecen lazos fraternales entre naciones hermanas, es buena manera de iniciar un texto que pretende poner en el centro de la escena a Venezuela. A poco más de una semana de la votación en el seno de la ONU, en su Consejo de DDHH donde se resolvió que por dos años más existan controles e inmunidad total para los mismos dentro del país y que permite que el Grupo de Washington (cariñosamente llamado “Lima”) meta sus narices dentro del territorio que el mismo Washington asedia, no hará más que garantizar más violaciones al derecho internacional que debiera velar por la no injerencia en ningún estado soberano. En otras palabras, lo que Estados Unidos no logró con Capriles, ni con Guaidó, ni con Almagro, ni con bloqueos, lo logra con ONGs y cartas votadas a mano alzada en un “Organismo de Derechos Humanos” que, como la justicia, tiene los ojos vendados.

La obra “Canción con todos” de Armando Tejada Gómez y César Isella, aseguran muchos, es considerada la canción de Latinoamérica. Pero más allá de esa eventualidad, la creación de estos artistas surgida en 1969, resume lo que millones de americanos queremos sentir cuando hablamos de América; la unidad y la unión de los pueblos. Y si bien la pieza no nombra explícitamente a Venezuela, luego de iniciar la segunda estrofa y en seguidilla, perfila a Perú, a Bolivia, a Brasil y a Chile. Y no detiene allí la descripción, “subo desde el sur, hacia la entraña América y total”….y ahí está Venezuela, en las mismas entrañas de América, junto a Colombia y decenas de países del Caribe hasta llegar a México. O hasta llegar al límite con el Río Bravo que separa a los Estados Unidos de la tierra de Emiliano Zapata y Andrés Manuel López Obrador. ¿Y por qué una canción de estas características tiene la virtud de encaramarse como un himno de la Patria Grande? Porque puede. Porque tiene en su interior el espíritu de hermandad, a pesar de haber sido creada en el siglo donde Norteamérica invadió y doblegó a todos los países del continente y el mundo. Y por esa razón de peso, la retórica de la misma es profunda y abstracta; lo necesario para escapar de los controles de la censura. Una estrofa que quedó abandonada reza “continente azul (…) para que luche el hombre de país en país por la paz” y eso fue lo que hicieron los pueblos del “continente azul” luchar por la paz. Pero no la paz de un esclavo, sino la paz verdadera, la auténtica paz que viene de la mano de la dignidad. La dignidad de los pueblos solo es posible cuando son enteramente libres de decidir su destino. Esa fue la lucha desde las guerras de la independencia, en todo el continente.

Esto quiere decir que no solamente es válido, urgente, necesario e importante luchar y velar por la independencia permanente dentro de nuestras fronteras, sino que es necesario hacerlo también bajo la influencia de un radar amplificado, que abarque además la Patria que nos escondieron desde niños, cuando estábamos en edad escolar, como durante nuestra juventud y más allá también.

No por casualidad a Julio Argentino Roca se le ocurrió el 30 de marzo de 1900, amputar parte de la letra del Himno Nacional Argentino, dejando afuera este y otros pasajes  “¡No lo véis sobre el triste Caracas, Luto y llantos y muerte esparcir!, ¡No lo véis devorando cual fieras, Todo pueblo que logran rendir!”. La letra buscaba poner de manifiesto contra quién se buscaba ganar la independencia; contra España, que mantenía por entonces sometidas a América del Sur y Central. Entonces, surge la pregunta: ¿Cuántos himnos de América dedicaron una oración ilustrando la incansable lucha contra el imperio dominante de la época por parte de los venezolanos? Nuestro Himno Nacional lo hizo, y hablaba ya en 1812  de la “triste Caracas” y hablaba también de luto, muerte y llanto esparcido por el imperio (español) en la ciudad capital de Venezuela.

Argentina puede tener una orgullosa e histórica posición sobre los Derechos Humanos dentro y fuera del país, bregando siempre y siendo vanguardia en la lucha por el esclarecimiento de decenas de miles de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar (1976-1983), antes y después también, pero ostenta a su vez, y con el mismo orgullo, no haber votado jamás contra una nación hermana de nuestro continente. Tradición que se rompió hace pocos días en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, centro mundial de la diplomacia y las cuentas bancarias. Ni contra Cuba tras 60 años de bloqueo criminal norteamericano; ni contra la Chile de Salvador Allende previo al golpe militar durante la primavera del 73 que terminó con su vida; ni contra las cuerdas (en términos boxísticos) Argentina abandonó a ninguno de sus hermanos latinoamericanos.

Pero las páginas de la historia de los pueblos se escriben con la tinta de sus representantes, en el mejor de los casos, es por eso que ésta página amarga que nos toca vivir no es producto de una acción directa del pueblo argentino o de los representados por el Gobierno Nacional, sino que tiene las huellas de Cancillería, y de Felipe Solá, y del gobierno todo. El gobierno que logró constituirse en mayorías en octubre de 2019 y que barrió de la escena a Mauricio Macri. Ni más ni menos. El Frente de Todos cargó con esa responsabilidad y venció en las urnas, accediendo a la conducción política del país en medio de una crisis furibunda originada por los desmanejos del gobierno saliente. La pandemia coronó un escenario tétrico. Los números de la economía en rojo, acreedores intratables y una oposición bestial. Y en ese cuadro de situación, la política internacional con sus urgencias, con sus lógicas, con su dinámica, mayoritariamente entendida por expertos, pero que a su vez, interesa a los de a pie.

¿Qué debió hacer Argentina con ese voto? ¿Abstenerse? probablemente hubiera sido el voto más ajustado a su tradición histórica. Pero no ocurrió. Por eso, conviene repasar una semana caliente sobre el asunto: Dicen las malas lenguas que este voto puede dividir al Frente de Todos. Pero eso no es posible, atendiendo la coyuntura violenta que viene gestando la oposición pro golpe en nuestro país. El caso Venezuela es no un error, sino un frasco de tinta volcado sobre la página entera, pero que decir; las urgencias y el espanto nos unen acá frente al terraplanismo político.

El Canciller argentino, ensayó las justificaciones propias del pragmatismo sugerido desde más arriba, para luego restarle importancia al hecho y tildó el voto contra de Venezuela de secundario.

Por su parte, Alicia Castro, ex embajadora en Venezuela y Reino Unido y promovida al mismo cargo en la Federación Rusa por Alberto Fernández, presentó su renuncia por considerar que la decisión de votar junto con el Grupo de Lima, “no difiere de lo que hubiera votado Mauricio Macri”.

Hebe de Bonafini, Titular de Madres de Plaza de Mayo, hizo una aparición corta, lacónica y contundente. Le pidió “perdón al pueblo venezolano, a Maduro, a Néstor y a Chávez”.

Luis D’Elia, Dirigente de Miles, preso político durante el gobierno de Mauricio Macri y víctima de la red conservadora Comodoro Py, desde la prisión domiciliaria, compartió una reflexión sobre el voto de Argentina y buscó poner paños fríos al impacto político que generó esa decisión.

Atilio Borón, periodista, escritor y analista internacional, conversó con Roberto Navarro y apuntó un detalle revelador. El voto argentino colaboró con el empate en 22 entre votos a favor y abstenciones. Es decir, Argentina con la abstención impedía la aprobación por dos años “el mandato de una Misión de Determinación de Hechos que investiga los crímenes de lesa humanidad en el país caribeño”, en búsqueda de violaciones a los DDHH y hubiera evitado también el llamamiento “a celebrar elecciones libres” en un país que celebra elecciones libres. Es decir, Argentina absteniéndose hubiera logrado no participar del injerencismo en asuntos internos de Venezuela. Ese injerencismo que la Misión Bachelet y el Grupo de Lima jamás practicarían en Colombia por ejemplo.

Otro importante escritor y periodista argentino, Hernán Brienza, en conversación con periodistas de radio se preguntó: ¿Tan mal estamos, que no pudimos ni siquiera abstenernos?

Roberto Caballero, el periodista de radio que suma editoriales en pos de una necesaria participación en lo que muchos llamamos “Batalla cultural”, expresó su descontento por la noticia y se animó a pedir disculpas en nombre del pueblo argentino.

La nota que salió de armonía, al menos en la consecución de testimonios recogidos aquí (salvo Felipe Solá), es la del editorial de Eduardo Aliverti. Uno de los periodistas más finos para el análisis político. Un cirujano de la palabra exacta y precisa. Sorprendió a propios con la defensa que esgrimió en su alocución sobre el voto argentino. Le bajó el precio al asunto y zamarreó a quienes llamó “los politizados del tronco K”, aseguró que “la cuestión le atrae mayormente a nadie” y sentenció que todo se trató de una votación arreglada de antemano con la propia Venezuela “Un voto que, para los desinformados que trabajan en los foros, fue “trabajado” con el propio gobierno de Venezuela. ¿O acaso alguien cree seriamente que Argentina votó como votó (en una resolución que a la par rechaza toda intervención extranjera y el bloqueo de Washington contra Caracas) sin previo aviso articulado? ¿Me están jodiendo? ¿En serio creen eso?”

Carola Chávez, periodista y escritora venezolana, compartió sus sensaciones sobre el voto argentino en el programa del compañero ex presidente de Télam, Martín García. “Sentimos mucho dolor” confesó.

Todas las voces todas, hermano americano. Todas son canción en el viento. Hasta la palabra del Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, que se permite asegurar, desde hace tiempo atrás, que en Venezuela hay una Dictadura, pero es a su vez parte necesaria del Frente de Todos, Y lo dice con naturalidad, explicando que en el Frente existe un amplio abanico disonante de ideas…

Lo cierto es que el hecho no debe permanecer ni tapado ni escondido, pero tampoco debe oficiar como una granada activada dentro de un bolsillo. No puede explotarnos este evento en nuestras manos, ni en nuestro cuerpo, y para eso existe un mandato superior y es el de la unidad del espacio que gobierna el país. El Frente de Todos debe cerrar filas detrás de los liderazgos ya establecidos por la coalición. Si estamos en una situación dramática en lo económico, si tenemos niños pobres contados por millones, si los estragos en la economía que produjo el macrismo no los pudimos dejar atrás, entonces hay un llamado urgente a la unidad para poder enfrentar cada una de esas situaciones. Toda guerra deja heridos propios y ajenos, y la guerra que se libra por estas horas es política, estratégica y social. Venezuela es un herido propio y Argentina deberá resolver como cura sus heridas. Venezuela siempre nos hizo bien, siempre fue una República Hermana y hay un capítulo abierto para resolver con nuestro cuero, lo que le hicimos a nuestro hermano.

La unidad de concepción para la unidad de acción es la máxima peronista por excelencia. En conducción política, todos saben que es prioritario concebirlo así, y desde el llano estamos los que nos preguntamos qué tan heterogéneo es el Frente de Todos y que tan secundario puede ser votar contra Venezuela.

Demos vuelta la página, sí. Volvamos la mirada a lo urgente e importante. Pero al herido que dejamos en el camino es nuestro, y de alguna manera hay que volver para rescatarlo.