Desde este lado

Productos Itaparaí: La marca líder que hizo alianza con Calidad Superior

Provinciales jueves 28 de septiembre de 2023

Liliana Beatriz Pasarelli, es productora de Cebolla, ajo y zapallo, está afincada en la localidad bonaerense de Pedro Luro y junto a su esposo, Christian Rojas, crearon una empresa que encontró fieles y fuertes alianzas comerciales en todo el país. En una entrevista exclusiva a Diario Lateral, Pasarelli, cuenta su experiencia general en el rubro, su amistad con el empresario Diego Bruja Silveira y su esposa Gisela Milagro Benedech en Misiones.

Por Sergio Centenaro

En una amena y extendida conversación, Liliana Pasarelli, de visita a la provincia de Misiones y pasando unos días en la casa del titular de la firma Calidad Superior, Diego Silveira, recibió a este diario en ese domicilio para dar a conocer, en detalle, como pudieron forjar una empresa desde las bases y llevarla a su más alta expresión, colocando sus productos en el exterior y generando un ciclo comercial virtuoso, en una cadena que no debe detenerse nunca.

– ¿A qué se dedica su firma Liliana?

Somos productores comercializadores, con galpones de empaque de básicamente cebolla, ajo, zapallo y algún derivado. Producimos básicamente en localidad Pedro Luro, al sur de la provincia de Buenos Aires, pero también realizamos temporada en Santiago del Estero, Salta, Mendoza y así vamos haciendo el recorrido en el país.

-¿Qué significa hacer temporada?

Hacer temporada significa el aprovechamiento estacional de cada producto a lo largo de los climas que ofrece la Argentina. En el caso de la cebolla, tiene fecha de inicio y fecha de cosecha. Cuando termina en el sur, empieza en Santiago del Estero, Córdoba, después se sigue en Mendoza, Salta y de esa manera, recorrer las provincias. Hacemos toda la cadena del año. Con la diferencia que en Pedro Luro tenemos todos los galpones de empaque propios, con nuestro personal, que hacemos una temporada extensa de siete meses, bastante intensa porque también tratamos de generar fuentes de trabajo y que la gente tenga un trabajo más constante.

También somos exportadores e importadores, Nosotros exportamos a Paraguay, a Brasil y a Uruguay, ajo, cebolla y zapallo. Hemos importado sandía, hemos importado cebolla cuando acá no hay cebolla, importamos cebolla de Brasil.

Es un trabajo intenso, pero también nos da el privilegio de trabajar aquí en el norte, que amamos porque ya no tenemos amistades, ya tenemos como familia en cada lugar; y también conocer, conocer el norte, conocer las provincias, cruzar a Paraguay, cruzar a Brasil. Estuvimos hace 15 días en Uruguay, fuimos a Punta del Este, ampliamos nuestra cartera de clientes, entonces, tenemos la bendición y el placer de trabajar y conocer. Entonces, bueno. Es lindo.

Productos Itaparaí «Ita» es piedra, y «paraí» es brillo o preciosa entonces, yo le dije a mi marido «pongámosle un nombre en guaraní que sea fácil de pronunciar pero que tenga un buen significado». Yo considero que todas las personas somos una piedra preciosa y a veces hay que tener la oportunidad de poder brillar. Entonces, ese nombre me significó un pensamiento más propio, y como tenemos muchas amistades y familiares en Paraguay, me pareció un honor poner un nombre en guaraní. Así que la empresa se llama «Productos Itaparaí»

– ¿Cómo conociste a Diego Bruja Silveira?

¡Ah bueno! Casi mis hijitos. Nosotros cuando comenzamos con la empresa, Christian viene a vender a Posadas y conoce a Diego Silveira. Mi marido es Christian Rojas, el hacedor y muy importante de toda esta empresa. Y bueno se dan a conocer, Diego estaba vendiendo sencillamente en una mesita, como cuentan siempre, yo en ese momento no los conocía y empezaron a mostrar su calidad de personas alojando a mi marido, teniendo un trato cordial, un trato familiar y como pasa muchas veces en el norte.

El norte, en general, tiene la cordialidad que no tiene quizá el sur, yo creo que el clima a veces hace que la gente sea más cálida, más abierta, y nosotros donde vamos tenemos amistades. Y hemos logrado con el tiempo no solo comercializar con Diego y Gisel en su puesto Calidad Superior que todo el mundo conoce, sino que hemos entablado una relación de amistad que va más allá del comercio

En este momento, personalmente, me une una relación completamente afectuosa, ésta es mi casa también. Ellos me lo hacen sentir y yo lo siento así. Amo a su familia, amo a sus hijos y yo me siento feliz.

Y mientras estamos acá, vamos al mercado con ellos, somos parte de su circuito, y compartimos poder pasear, poder salir, poder ir a distintos lugares, entonces, es un placer que la vida pase por trabajar, compartir y conocer lugares. Así que, somos personas afortunadas y bendecidas, siempre se los digo a ellos

Pero hay algo muy importante. Yo no creo mucho en la suerte, yo creo que lo que, más o menos, va tocando en la vida es una cosecha de lo que uno va sembrando. Somos personas que tenemos muy en consideración la parte humana de cada trabajo. Tanto en Pedro Luro, que tenemos a nuestro hijo de encargado, Gastón Kunich, que gracias a que él está allá, nosotros estamos acá y recibimos la producción acá en el norte. Pero detrás de todo eso hay mucha gente trabajando, con necesidades con dificultades, yo soy una persona que se compromete mucho con la gente. Yo puedo estar en Brasil, en Paraguay y mi WhatsApp, si hay alguna necesidad allá tenemos que solucionarla dentro de nuestras posibilidades.

Entonces me parece a mí que uno en la vida cosecha parte de lo que ha sembrado, y creo que hay que continuar en esa línea.

– ¿Cómo viviste la pelea que le armaron a Diego Silveira dentro del Mercado Central de Posadas? Viste que lo presionaban para que acomode sus precios a voluntad de la Cámara de Operadores que comanda Bruno Deis.

Vos acordate de algo, la gente se alegra de que te vaya bien, pero nunca van a querer que te vaya mejor que lo que les va a ciertos personajes. Cuando yo te digo ciertos personajes que en su momento manejaron todo con cero democracia imponiéndose por sobre tu situación económica. Entonces ¿Qué pasa? La gente siempre se tuvo que someter a la situación económica. A ver, vos no tenés para comer, no tenés donde vivir, no hay mucho para pelear. Entonces, yo creo que Diego parte de lo que vivió, parte de lo que creció y todo, creo que quiso, por eso tenemos muchas cosas en común, hacer algo por su gente, y fue al frente en todas las situaciones y eso tiene un costo muy caro y muy alto porque cuando vos no tenés defensas, lo primero que haces es hablar mal del otro. Si vos tenés argumentos, no necesitas hablar mal de otro, te lo discutiré con argumentos.

De alguna manera nos pasó a nosotros, con la diferencia que a veces, yo me siento muy identificada con Diego, porque la palabra ayuda a solucionar un montón de cosas. Creo que hay veces que hay que plantarse y hay que plantarse. Sin llegar a la violencia, pero, ¿Qué pasa? Cuando se encontraron con este frente quisieron derrumbarlo «son violentos, son villeros», un montón de cosas que si vos estabas ahí te dabas cuenta que no era así y te lo digo yo como mujer, yo estuve en todos los momentos malos.

Te cuento una anécdota, estábamos en Santiago del Estero, en Termas de Río Hondo, pasando una semana gloriosa, cuando nos dicen que se está prendiendo fuego, entre comillas, el Mercado (Central de Posadas) por esa guerra que le quisieron iniciar a Diego; nos vinimos todos. Yo soy una mujer correcta. Yo no hubiera apoyado, ni hubiera estado ahí si yo no hubiese sabido que clase de persona es Diego con Gisel. Entonces, estuvimos desde el primer momento, no solo apoyando sino al frente y yo siempre diciéndole «paciencia», porque la palabra mal dicha y la palabra de menosprecio va pasando, los que van a quedar son los hechos. Entonces, si vos estás en lo correcto, si vos estás defendiendo un grupo de personas, si vos estas defendiendo otra modalidad de trabajo, vas a molestar a muchas personas, pero la perseverancia es el camino del éxito, ni más ni menos, ¿mañana te toca vender encendedores? La perseverancia es el camino del éxito, porque en el camino vos no sabes con cuánta gente te podés cruzar.

Vos imaginate, mi marido maneja el guaraní de primera, yo creo que nunca se imaginó que íbamos a estar en el mercado de abasto de Asunción, vendiéndole a, no sé cuántos clientes tenemos, hablando en guaraní. O sea, a veces uno no sabe la pequeñez de capital que uno tiene, en qué se puede convertir. Entonces, a veces hay que tener paciencia, a veces hay que poner firmeza, siempre con la palabra, que me parece fundamental, y el que no esté de acuerdo que lo discuta con argumentos.

Yo creo que ha llegado a una instancia donde Diego demostró no solo la calidad de persona con Gisel, sino lo que quiere, lo que pretende para su gente. Es una persona que se lo quiere, pero se lo respeta. Lo más difícil de esta vida es que la gente te respete. Porque miedo y necesidad todos de alguna manera lo hemos pasado, pero ¿Qué te respeten y te quieran? Es muy difícil. Entonces, yo creo que él está preparado para algo muy, muy grande y muy importante. Así que, si Dios quiere lo veremos. Vos también.

– ¿Cómo es tu historia para llegar a ser una productora de alimentos tan importante? ¿Siempre te dedicaste al mismo rubro o fuiste cambiando?

Bueno, yo trabajé toda la vida en otros rubros totalmente distintos. Yo vengo de una vida totalmente distinta. Siempre vendí ropa y siempre tuve Boutique. Siempre en ventas, pero distinto. Lo que no cambia es la modalidad de la venta, pero después es otro tipo de público. Yo, por mis relaciones conocía a los dueños de la cebolla, no conocía la parte obrera de la cebolla. Porque no me tocó, no me tocó. Y a partir de Christian es donde conozco la parte interna que es muy apasionante, a veces dolorosa, a veces linda y a veces triste, porque nosotros vinimos a un lugar donde el frío es muy, muy intenso. Donde te toca, a veces, cargar doce de la noche con cinco grados bajo cero, en el medio del campo donde los camiones, por el mismo suelo y la humedad se encajan, donde el cargador y el obrero tienen que estar al aire libre o en los galpones mismos.

Nosotros, la mayoría de nuestro personal de galpón son mujeres; será también porque yo soy mujer y creo que también en darles trabajo dentro de lo que se pueda, o sea que, yo vengo de un mundo totalmente distinto, con una mentalidad muy firme en mis valores. Hay algo que me gusta a mí personalmente, que puedo andar en una bicicleta o en una RAM y la gente me saluda de la misma forma, y que nos vaya bien, la gente se alegra porque nos han visto todo el proceso. No vinimos, en este caso, de heredar un galpón de cebolla, ni porque nuestra familia, no; lo construimos de abajo. Yo confío mucho en la parte privada, porque si una parte privada pudo construir una empresa y generar tantas fuentes de trabajo, como el caso de Diego, de Gisel, son gente para tener en cuenta, quiere decir que las cosas no están tan perdidas, que hay gente que puede hacer cosas buenas, cosas grandiosas, generar fuentes de trabajo, generar un bienestar económico, no es fácil. En nuestro país no tenemos reglas a largo plazo, entonces, los que exportamos, los que importamos, todos los días novedades nuevas.

Es una pena, porque la gente del campo es la que realmente apuesta, es la gente que vuelve a resembrar. Mirá, nosotros sembramos antes de venirnos; vino un viento terrible, nos llovió, se llevó toda la producción. Volvimos a resembrar, con la pérdida que eso ocasiona, pero así es la vida del campo también, que para que eso llegue, como dice Diego, a la mesa en este caso de los misioneros, de los mendocinos o de la provincia que sea, detrás de eso hay mucha gente trabajando.

Cuando uno va a comprar un kilo o dos cebollas, también, porque tiene que llegar al mercado, del mercado venderlo, es una cadena interesante, una cadena de mucha gente trabajando, desde un changarín que carga, que lo descarga el camión, el camionero que tiene que llegar en tiempo y forma, el vendedor que tiene que vender y que a veces no vende entonces ¿Qué hace? Habla mal del otro vendedor

– ¿Pasa eso?

Claro, a Diego le ha pasado mil veces «¡No, porque grita mucho!», «¡No, porque no sé qué!»; no querido, vendé vos y preocupate por vos porque si no vendes el problema puede ser tuyo, no sé, no tenés buen precio, no tenés buena calidad

Yo creo que nosotros marcamos una diferencia, por eso tenemos esta relación que tenemos, porque tenemos muy en claro el valor de la gente que trabaja con nosotros. Nosotros ahora estamos acá, pero yo no dejo de tener contacto con muchos de nuestros empleados. Sabemos que en Pedro Luro ahora estamos en temporada baja, donde las necesidades empiezan a aparecer. Pedro Luro es un pueblo pequeño donde se genera esta fuente de trabajo de cebolla, pero de acá a diciembre no hay trabajo. Entonces empiezan a surgir necesidades y uno no está al margen de todo eso, nosotros estamos muy presentes.

– ¿Y los trabajadores se dedican a otras ocupaciones en ese período?

Lo que surja. No está desarrollado, por llamarlo de alguna manera, alguna otra actividad fuera de temporada de cebolla. Yo lo hablo mucho con los delegados, con la intendencia, porque hay que generar otra fuente de trabajo hasta que vuelva la temporada. Hay mucha gente que queda varada, hombres y mujeres ¿eh?, mucha, pero en plena temporada están muy buen. Y también, algo interesante, es que mucha gente del norte va a hacer la temporada alta allá (Pedro Luro), muchos misioneros, santiagueños, salteños, paraguayos, hombres y mujeres, mucha gente del interior.

Nos ha tocado que cuando vamos a Santiago del Estero nos encontramos de nuevo con la misma cuadrilla de gente que trabajó para nosotros. Entonces, es como que el país es muy grande, pero a la hora de trabajar te volves a encontrar con el mismo círculo de gente

-¿Hay clientes en otros puntos del mundo por fuera del mercado convencional de exportación? ¿Hay mucha competencia para la exportación? ¿Existen empresas inclusive más grandes, o encontraron la veta para la venta de sus productos a países ajenos a lo común?

Sí, claro, hay otras empresas, pero no son más grandes que la nuestra. Lo que puede suceder es que encuentren la veta, vos tenés un cliente en Estados Unidos y exportas a Estados Unidos, va todo en barco.

-O sea que esa búsqueda siempre está

Siempre. Y también a veces depende de las reglas de tu país. Argentina no es tan dócil. Pareciera, pero no es tan dócil, entonces, a veces es como que se trunca una exportación y ¡es una entrada de dólares y de divisas al país! Porque las fronteras no están con la agilidad de productos perecederos.

Por ejemplo, a nosotros nos pasó, vamos a suponer, un camión estuvo diez días en Clorinda, 40 grados de calor, la lona y la entidad fronteriza piensa, te mira, «porque mira», «porque vamos», «porque sí», «porque no», perdes la producción. Nosotros mandamos una producción de tomates y se pudrió todo.

Escucha, nadie se hace cargo, la pérdida total es nuestra. Es a la hora que llegas a la frontera. A la hora que llegas a la frontera, si tenés suerte, pasa tu camión. Obviamente todo en regla ¿no? Nosotros somos exportadores que tenemos todo en regla, donde se paga el último peso todo, porque es muy, muy costoso ser exportador, pero bueno, por eso tenemos una empresa en orden en todo sentido. Pero llegas a la frontera y es suerte. O pasa rápido o no. Nosotros hace unos meses atrás nos fuimos directamente a Clorinda, fuimos, cruzamos en la balsa, nos acompañaron Diego y Gisel, llegamos allá y le dijimos al administrador «Mire señor, tenemos todo en orden, nuestra producción se puede echar a perder ¿quién se va a hacer cargo de todo esto? Porque si no yo los voy a demandar»; en dos minutos, no me preguntes como, apareció la orden de que salga el camión. Pero, si vos te pones a pensar, eso lo podés hacer una vez. No podés venir de tres mil kilómetros cada vez que vos mandas un camión. Antes se mandaba mucho a Europa, cada país tiene su modalidad, no es que la misma cebolla que vos mandas acá es la que va a Chile o la que va a Brasil o la que va a Uruguay. Cada cual tiene su sistema, se trabaja de otra manera; sino, eso tampoco es aprobado por el SENASA en el galpón. Ahí no te lo aprueban si no está en las condiciones que exige cada país.

Entonces, bueno, yo creo que si las cosas fueran más ágiles nosotros seríamos un país potencia mundial como éramos antes. A mí me gustaría trabajar en aportar, hace rato que lo vengo diciendo, lo sabe Diego, mi marido, a mí me gustaría trabajar más en las fronteras, en agilizar el paso en las fronteras del producto. Siempre que esté todo en orden

-Sobre todo categorizando el tipo de productos en la frontera. Estamos hablando de productos altamente perecederos, como la cebolla.

Un día le digo «Pero escuchame, esto no es una lata de tornillos; es cebolla o es tomate», imaginate lo que son estas temperaturas en un camión que ya viene viajando tres mil kilómetros, no hay consideración en eso, y es como que no les importa. No les importa que detrás de eso un grupo de personas que vos le tenés que pagar porque el trabajo lo hicieron. Vos no podés tener tantas pérdidas porque si no tu empresa deja de funcionar. Entonces, a mí me encantaría estar aportando mi poco o mucho conocimiento en las fronteras.

– ¿Con que fronteras te está tocando lidiar?

Clorinda, San Javier, y en Uruguay….

– ¿Y en Iguazú no?

No, no pasamos por ahí. En Uruguay paso muy pero muy rápido

– ¿Posadas-Encarnación?

Sí, pero acá es ágil, es ágil. Clorinda un desastre. No te olvides que las fronteras también son una puja de poder. Entonces, el productor o el exportador es castigado en esa puja de poder, nosotros no tenemos nada que ver con esa puja. Pero bueno, queremos nosotros y ellos también quieren, así que «ah bueno, estos camiones van a quedar parados».

El año pasado, 18 camiones de un productor amigo nuestro, transportaba cebolla que quedó hecho chocolate, tenemos el video que da pena. Estuvo 18 días y no hubo una explicación. Vos como productor, como dueño del camión llamas y no te atienden el teléfono «¡Espere!», gracias a que vos tenés tu despachante, te dice tu despachante «Hay que esperar, hay que esperar» y uno se desespera ¿Cómo que hay que esperar, y la producción?, «Hay que esperar». No contestan, lamentablemente esa es una contra terrible

-Urgente hay que revisar eso

Vamos a ver si piensan activar esa parte.

-Cerrá esta conversación como te guste

No…yo agradecida, feliz de que cada vez que venimos, un placer conocerte el día del cumpleaños de Diego. Diego siempre te nombra y siempre valora que en un momento muy difícil fuiste a hacerle una nota y a mí me parece que lo interesante, y más de un periodista, es no solamente estar en una parte sino estar en otra y mostrar algunas realidades que puede gustarle a algunos y a otros no. Nosotros somos un pequeño eslabón en lo que es esta comercialización del país, somos muchas personas que hacemos este trabajo, tenemos una relación muy buena y muy linda por donde andamos, así que nada, felices de estar.

– ¿Cuántas personas trabajan en la empresa?

Más de trescientas. Allá en Luro más de trescientas personas. Blanqueadas, con seguro de vida, con obra social, porque a nosotros nos gusta que por cualquier cosa tengan resguardo. Y básicamente muchas mujeres. Así que, ya te digo, estamos felices de trabajar, de generar fuentes de trabajo, de poder conocer dónde vamos, de relacionarnos con personas hermosas y siempre con proyección de crecimiento a pleno.

– ¿Si te llama hoy el embajador de la India y te dice «mándame ya 15 conteiner»?

Vamos a estar preparados, siempre con los pies sobre la tierra