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Eduardo Basualdo, Hasta siempre compañero, honraremos tu legado

Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Oscar Braun, Horacio González, Norberto Galasso, son algunos de los compañeros que hicieron de la militancia y la producción del conocimiento una única e indisoluble tarea. Eduardo Basualdo fue el eslabón más contemporáneo de esa virtuosa saga.

Intransigencia de clase y comprensión de lo nacional fueron los pilares con los que elaboró una completa guía que todo militante del campo popular puede utilizar para saber bien contra qué estamos peleando. Su obra es una fuente de inspiración doctrinaria que confirma que la batalla debe darse en todos los ámbitos de la sociedad: los frentes de acción política, gremial y estudiantil están mutuamente imbricados con la formación y la producción de conocimiento.

Insistió siempre en que la energía que hace la historia es la que ponen en cuestión las fuerzas populares cuando se organizan y se movilizan. Nuestro momento cero de la lucha por el poder es la movilización popular, y nuestra tarea es la lucha por el poder.

Es el intelectual orgánico más importante de nuestra época, y su obra, que probablemente no lleguemos a completar, se reescribe vivazmente cada vez que un trabajador emprende una disputa contra la patronal, un desocupado se organiza, o un estudiante abraza las ideas nacionales y populares.

Se dedicó a la tarea de que incorporemos siempre al diseño y ejecución de la acción política la comprensión sobre la naturaleza de los conflictos centrales del desarrollo argentino. El veto de las clases dominantes al bienestar de las grandes mayorías, los cambios en su constitución orgánica y la lógica de valorización financiera que les es propia desde la última dictadura militar, encontraron en Eduardo Basualdo un sesudo estudioso que los elaboró y reelaboró conceptualmente.

La concepción integral de la historia, aquella que comprende que la realidad no se divide en factores aislables, lo llevó a transmitir el conocimiento con un exigente despliegue disciplinario que fue capaz de juntar a compañeros de distintas extracciones a producir juntos.

Su tarea es de orden colectivo: tiene continuidad en los compañeros que trabajan con él y en los ámbitos de acción que orientó y abasteció de ideas y análisis. Desde ahora, nos obliga a leerlo, estudiarlo, reescribirlo, formarnos, organizarnos, a emancipar nuestra conciencia para ponerla al servicio de la liberación nacional.

Fuente: lacampora.org

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