
Marcha del 24 de marzo de 2026
Por La Cámpora
Compartimos el testimonio de un compañero en su primera marcha del 24 hace unos años, les proponemos en la vuelta a casa compartir con las compañeras y compañeros sobre cómo vivimos esta acción política histórica y además les dejamos algunas consignas al final.
Son las 6:15 de la mañana, es lunes. Estamos por la ruta, llegando a Tucumán. Hace 18 horas que estoy sentado en un semi cama, cruzando medio país. Una semana atrás mi responsable me preguntó si tenía ganas de viajar a Buenos Aires para marchar el 24 de marzo. Dudé un poco. Por mi cabeza pasó: “la puedo hacer acá como todos los años”. Pero enseguida me acordé de algo que repetían mucho los compañeros de la provincia que ya habían viajado: esos 13 kilómetros desde la ex ESMA hasta Plaza de Mayo eran un poco el momento militante del año. Ahí nomás le pasé mis datos, nombre completo, DNI, todo. Y le dije que sí. Que iba para adelante. Esa semana se me hizo eterna. No paraba de ver videos de la columna: cuadras y cuadras decompañeros, banderas, cantos, una marea que no se terminaba nunca. Ya quería estar ahí. No veía la hora de subirme al micro. Llegó el 23. Me desperté temprano, armé la mochila siguiendo el listadito que nos habían mandado. Al mediodía ya estábamos arriba del micro rumbo a Buenos Aires.
Las primeras horas fueron pura manija. Todo entusiasmo, charlas, canciones. Después, con el paso del tiempo —y de varios temas de los Redondos—, la energía fue mermando un poco. En el viaje me puse a hablar con compañeros que ya habían hecho esto. Yo estaba lleno de dudas, preguntaba todo: ¿Arranca puntual? ¿Se camina mucho? ¿Terminás muy cansado? ¿Se canta todo el trayecto? Todos me respondían con paciencia, pero hubo una frase que me quedó dando vueltas: “El mejor momento es cuando pasamos por el túnel.” Desde ahí, el resto del viaje fue eso: pensar en el túnel. ¿Qué tendría de especial?
Las horas pasaron. Ya eran casi las 7. Acabábamos de llegar. El micro estaciona sobre una avenida —creo que Libertador—. Bajamos, y ya hay algunos compañeros esperándonos. De a poco empiezan a caer más micros, de distintos puntos del país. La columna se empieza a armar casi sin que te des cuenta: aparecen pecheras azules, se despliega una tela azul larga que va marcando el orden, y en un abrir y cerrar de ojos ya somos cuadras y cuadras de compañeros. Ahí sentís algo difícil de explicar. Una mezcla rara entre dolor y orgullo. No es una idea, no es un pensamiento: es físico, te atraviesa el cuerpo.
Se cierra la columna y empezamos a marchar. Como todo militante primerizo, lo primero que pedí fue llevar la bandera. De golpe tenía como ocho compañeros alcanzándome una. “Qué solidarios”, pensé. Cuatro cuadras después entendí todo.
A medida que avanzábamos, la energía iba cambiando. Las canciones empezaban a sonar cada vez más fuerte, cada vez más seguras. Ya no era solo cantar. Y había algo más. Algo muy fuerte. La gente que desde balcones, ventanas, salían a saludarnos. Aparecían cuadros de Néstor, de Cristina, alguna estampita de Evita, banderas colgadas. Gente emocionada, gente aplaudiendo nuestro paso. Ver eso te eriza la piel. Porque entendés que no estás marchando solo. En un momento, la columna se para. Se prenden bengalas, pirotecnia, cae un trapo. Habíamos llegado. Ese lugar del que me hablaron todo el viaje. Arranca de nuevo la columna. Y empieza a sonar más fuerte: Néstor, mi buen amigo…
Entramos al túnel, y ahí pasa algo distinto. El sonido cambia. Rebota en las paredes, se multiplica, se vuelve más grande que nosotros. No lo escuchás: lo sentís. El humo de las bengalas se mezcla con el aire pesado del túnel, y por un momento no ves del todo claro, pero tampoco importa. Porque en ese instante entendés, por qué viniste. Entendés por qué te hablaron tanto de la mística del tunel. Entendés que no es solo una marcha. De golpe se te vienen imágenes, nombres, historias que no viví pero que siento como propias. Los 30.000, las Madres, las abuelas. Todo eso está ahí. Miro para los costados y veo a mis compañeros emocionados, cantando con los ojos cerrados, abrazándose sin decir nada. Y me pasa lo mismo. Se me hace un nudo en la garganta. Y canto más fuerte. Porque ahí, en ese túnel, ya no sos vos solo. Sos parte de algo mucho más grande. De una historia, que no se apaga, que camina, que canta, que –como dijo un compañero– va a buscar a los compañeros a la EX E.S.M.A para llevarlos a plaza de mayo.
Salimos del túnel. La columna sigue avanzando, pero ya no es la misma. Es como si todos estuviéramos un poco más conectados, más conscientes de dónde estamos parados. Las canciones siguen, los bombos también, pero ahora todo tiene otro peso. Las cuadras empiezan a pasar casi sin que te des cuenta. El cansancio aparece, las piernas pesan, pero no importa, nadie afloja. En parte porque sabemos que estamos llegando. Y de a poco empieza a sentirse, cuando doblas en Diagonal. Primero en los cantos, que se hacen más intensos. Después en la gente, que se multiplica en las veredas, empezas a sentir humos de parrillas: hay algo en el ambiente que te avisa que estás cerca. Hasta que en un momento, empezas a entrar a la plaza. Y ahí sí, es imposible no frenar a pensar un segundo. Es como si todo lo que venías viviendo explotara junto en ese instante. Esa plaza explotada que te trae los recuerdos del 17 de octubre, de las abuelas, del 9 de diciembre del 2015, el bicentenario. El punto de encuentro del pueblo argentino bicentenario. El punto de encuentro del pueblo argentino Una vez que salimos de la plaza y se había desconcentrado la columna. Ya no hay filas, no hay orden: hay emoción. Miro alrededor y es imposible dimensionar. Miles y miles de compañeros, banderas que no entran en la vista.
Y en medio de todo eso, me encuentro pensando algo simple: valió la pena cada kilómetro, valió la pena el viaje eterno, valió la pena el cansancio. Porque no era una marcha más. Era esto. Era estar ahí, en ese momento, siendo parte de algo que te trasciende. Y entiendo, por primera vez de verdad, eso que tantas veces escuché decir: que la memoria no es solo recordar. Es marchar. Es cantar. Es estar. La vuelta es distinta. El micro arranca y, por primera vez en muchas horas, hay silencio. No el silencio incómodo, sino ese silencio lleno, como si todos estuviéramos todavía procesando lo que acabamos de vivir. Algunos duermen. Otros miran por la ventana. Otros siguen tarareando bajito alguna canción, casi sin darse cuenta. Yo no puedo dormir.
Apoyo la cabeza contra el vidrio y vuelvo a pasar el día en mi cabeza: la llegada, la columna, la gente en los balcones, el túnel, la plaza. Todo mezclado, como si todavía estuviera ahí. Y entiendo algo: que no me vuelvo igual. Que hay experiencias militantes que te marcan un antes y un después, y esta es una de esas. Porque ya no es algo que te contaron, ni algo que viste en un video. Lo viviste, lo caminaste, lo gritaste. Y ahora te lo llevás con vos. En algún momento el pensamiento que queda es: El año que viene volvemos.” Abrazo peronista.
La Movilización
La movilización colectiva es una herramienta política de nuestro pueblo, es una forma profundamente argentina de expresión política popular. Nosotros nos movilizamos de manera organizada, la organización de la columna es un elemento ilustrativo del nivel de organización de La Cámpora.
El testimonio de nuestro compañero en su primera marcha del 24 marzo, muestra el sentimiento profundo de nuestra organización.
Desde la Secretarías de Encuadramiento les proponemos incluir en las conversaciones de cómo vivimos la marcha en la vuelta a casa, algunos ejes sobre las tareas militantes necesarias para movilizar:
- El hecho político de saludar a Cristina al grito de ¡CRISTINA LIBRE!
- ¿Cómo vivimos el recorrido de la marcha por la Capital?
- ¿Por qué somos miles y miles de compañeros y compañeras?
- ¿Quiénes pintaron tantas banderas argentinas? que es la bandera de nuestra
organización. y ¿quiénes las juntan y cuidan luego de la marcha? - ¿Qué acciones o tareas se imaginan que hicieron compañeras y compañeros para
garantizar la marcha? Y que quizás no llegamos a ver con nuestros ojos. - ¿Quiénes pensaron nuestras canciones y su contenido?
- ¿Cómo se va armando la columna?
- ¿De qué forma se organiza la columna? y ¿Cómo son esos nodos?
Conversar sobre la tarea de ser cordón y su importancia. - ¿Nos sentimos acompañados y cuidados en la movilización?
No fue magia, como nos dijo Cristina: no fue magia que haya compañeros y compañeras organizadas, no fue magia que haya una unidad básica y una columna inmensa, no lo es que estén nuestras banderas, nuestra historia y nuestra lucha.
El objetivo de estos últimos ejes es dimensionar la tarea militante de todos y todas las compañeras, reforzar nuestro corazón militante, volver con más ganas de dar las peleas, querer y respetar nuestra organización.



