
La Revolución de Mayo: Más allá del 25, una mirada revisionista
El historiador Mariano Cabral ofreció una enriquecedora perspectiva sobre la Revolución de Mayo en una reciente entrevista radial. Desmintiendo la visión simplista de un evento protagonizado únicamente por una élite ilustrada, Cabral profundizó en las complejidades sociales y políticas que llevaron a la conformación del primer gobierno patrio argentino.
Cabral recalcó que si bien la Revolución de Mayo fue fundamentalmente un proceso político, su impacto social fue profundo y duradero. El evento no surgió de la nada, sino que fue el resultado de un largo proceso de cambios económicos y sociales. La creciente integración económica global, el desarrollo industrial de Inglaterra y la protección económica española crearon un ambiente de tensión, que se vio exacerbado por la invasión napoleónica a España en 1808. Este evento inesperado, según Cabral, actuó como catalizador de un descontento ya latente en toda América española. La caída del poder español creó la oportunidad para que líderes locales, como José Artigas en la Banda Oriental, buscaran construir un futuro diferente.
El historiador desmitifica la idea de una revolución planeada únicamente por una élite: “El pueblo no estaba en la Plaza de Mayo el 25 de mayo, pero estaba movilizado”, afirma. Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 habían generado una fuerte movilización popular, con miles de hombres de Buenos Aires enrolados en milicias, incluyendo el crucial Regimiento de Patricios, liderado por Cornelio Saavedra. Cabral destaca la importancia de Saavedra, argumentando que su nombramiento en el primer gobierno garantizó el apoyo de los sectores populares.
La participación popular se evidencia también en el “Éxodo del Pueblo Oriental” en 1811, donde 10.000 personas siguieron a Artigas hacia la frontera con la provincia de Misiones, buscando refugio y aliados.
Cabral rechaza la simplificación de la narrativa histórica oficial, que presenta a figuras como Mariano Moreno como revolucionarios puros y a Saavedra como conservadores. Señala que esta narrativa fue construida por la Argentina oligárquica a fines del siglo XIX, y que el revisionismo histórico actual debe ir más allá de esas simplificaciones, reconociendo las complejidades y contradicciones del proceso.
Finalmente, Cabral concluye que la Revolución de Mayo fue un proceso complejo con avances y retrocesos, que dio origen a un nuevo estado pero también a una revolución social que, lentamente, acabó con la esclavitud y otorgó un espacio político a sectores previamente marginados. El proceso, sin embargo, no fue pacífico, desembocando en una prolongada guerra civil.



