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​El Museo Barda del Desierto de la Patagonia, entre los mejores del mundo 

Galardón

Ubicado en Río Río Negro, el Museo Barda del Desierto recibió el Premio a la Práctica Museística Destacada 2025 por su concepción sustentable y territorial, que vincula el arte contemporáneo, lo digital y lo comunitario.

Por Patricio Féminis

En el Museo Barda del Desierto, en Río Negro, en  realidad  un ecomuseo en la estepa patagónica se integra a la tecnología. En más de 20 puntos geolocalizados de sus 70 hectáreas, los visitantes escanean Códigos QR y miran en sus celulares su acervo de obras contemporáneas, mientras las voces en off de los artistas explican cómo las crearon allí: las recobra lo digital. Esta innovación ganó a fines de noviembre, en Turín, el Premio a la Práctica Museística Destacada 2025 (OMPA) en la 57ª Conferencia Anual del Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno (CIMAM). ¿Cómo es estar entre los mejores museos del mundo?

El Museo Barda del Desierto de la Patagonia, entre los mejores del mundo
Foto: Gentileza Museo Barda del Desierto

El Museo Barda del Desierto (mBDD) fue premiado junto a la Bergen Kjøtt Foundation de Bergen, Noruega, y al Museo Palestino de Birzeit. ¿Las razones comunes? Sus modelos alternativos, y sus prácticas de preservación y transmisión cultural, al acompañar procesos comunitarios. Basta verlo en el territorio: las 70 hectáreas del mBDD se emplazan al suroeste del Lago Pellegrini, entre Contraalmirante Cordero y Cinco Saltos, en Río Negro. Y la directora del mBDD, la artista y curadora María Eugenia Cordero, de 49 años, dice: “Este premio nos pone en un lugar de responsabilidad sobre lo que proponemos y lo que somos”.

El Museo Barda del Desierto de la Patagonia, entre los mejores del mundo
Foto: Gentileza Museo Barda del Desierto

El Museo Barda del Desierto también ganó, a fines de 2025, el fondo de Fundación Williams con el proyecto “Sombra como principio de refugio”, para expandir su investigación sobre la arquitectura de límites difusos: “Ésta se produce con la geolocalización de los visitantes en el territorio, el cual, a través de Google Maps y del recorrido, deviene en museo”, explica Cordero. Y proyecta: “Necesitamos reforzar mucho más el impacto del mBDD desde lo local”.

Lo dice pensando en el financiamiento público. “Éste es un trabajo independiente, pero, a la vez, una acción pública y regional. Por eso creo que podremos abrir nuevos diálogos”, dice.

El mBDD surgió “a partir de una residencia artística de 2014 a 2019, y cuando paramos para analizar todo, ya en pandemia -amplía Cordero-, buscamos poner en valor las obras trabajamos en su geolocalización. Así que el registro de las producciones, ya fueran de videoarte, de performances o del tipo ‘site-specific’, nos permitió recuperarlas en los mismos puntos del territorio en los que se habían desarrollado. Eso es lo diferente”.

Hay algo clave, y que resalta al escanear los Códigos QR y mirar las obras en los celulares: “Las obras están hechas por artistas que trabajaron sobre la geografía cultural de la región -cuenta Cordero-. Esto tiene que ver con pensar la relación histórica, social y política de Norpatagonia. Esto no es aleatorio: se hizo a partir de un trabajo de muchos años con diferentes creadores y en colaboración con la comunidad”. Y eso también “tiene que ver con repensar los formatos de hacer museos y las prácticas artísticas contemporáneas en la región, también de las escuelas de arte regionales”.

Por eso Cordero aclara que el mBDD no es un museo virtual: “El museo es físico”,  concibe. Para ir a recorrer las bardas patagónicas (las formaciones geológicas que marcan los bordes o acantilados de una meseta) “se provoca esa relación entre los visitantes y el territorio: es un encuentro entre coordenadas, obra y espacio”. Lo grafica la web “​​El circuito del museo está compuesto por tres salas de exposición” y “cada pieza se presenta en una placa instalada con las coordenadas geográficas de latitud-longitud de su emplazamiento original”.

Las placas “contienen la referencia de autoría, sinopsis y ficha técnica” junto al Código QR que “permite acceder al registro sonoro, audiovisual y/o fotográfico de cada pieza”. Así, “el museo funciona como una planta libre para relacionarse desde el arte con la estepa, su geología y biodiversidad”, dice Cordero.

Pero no es un recorrido aleatorio: “Está delimitado, pero no encerrado. Nuestra investigación es cómo se genera una arquitectura de límites difusos a partir de ese recorrido. Cuando vos estás geolocalizado estás adentro del museo. Y, cuando escaneás la obra y te reconocés en ese territorio, entrás aún más en ese lugar”.

El Museo Barda del Desierto de la Patagonia, entre los mejores del mundo
Foto: Gentileza Museo Barda del Desierto

El Museo Barda del desierto y sus desafíos

El mBDD tiene un número reducido de personas. ¿Qué esperan hacia delante? ¿Qué deseos los impulsan a avanzar? “Un museo en estado de creación permanente nos provoca a seguir pensando todo el tiempo -entiende Cordero-. De hecho, el concepto de arquitectura de límites difusos no estaba hace tres años. Lo empecé a pensar porque no quería llamarlo un ‘museo a cielo abierto’. Siempre supe que había algo más. Además, el mBDD tiene un objetivo crítico: ver cómo se está modificando la geografía cultural de ese lugar. Lo que era un valle pasó a ser una zona de plena producción petrolera”.

El Museo Barda del Desierto de la Patagonia, entre los mejores del mundo
Foto: Gentileza Museo Barda del Desierto

En esa línea, el Museo Barda del Desierto “se preocupa permanentemente por lo cultural, lo social, lo educativo y los públicos -delimita Cordero-. Lejos de la espectacularización de las obras, buscamos pensar los contenidos en su relación con el público local, regional y global”. Por eso mismo queda mucho por lograr desde el mBDD: “Especialmente, porque tiene un contenido muy complejo y porque, más allá de que en la residencia de 2014 a 2019 haya sido muy bien absorbido, nos falta muchísimo trabajo regional y con la comunidad para que se termine de entender que el museo les pertenece a todos”.

Lo dice Cordero y vuelve a la experiencia de haber estado en Turín, a fines de noviembre, para recibir el Premio a la Práctica Museística Destacada 2025 (OMPA) en la 57ª Conferencia Anual del CIMAM: “Fue algo extraordinario, sobre todo porque pude ver los proyectos de museos a los que admiro muchísimo. Además, ya en 2025 habíamos podido desacelerar un poco y concentrarnos en tener una buena narrativa sobre el Museo Barda del Desierto. Ese tiempo nos ayudó a participar de una nominación con claridad, y a poder defenderla”.

El Museo Barda del Desierto de la Patagonia, entre los mejores del mundo
Foto: Gentileza Museo Barda del Desierto

En sintonía “pudimos llegar a esa instancia con competidores de altísimo rango -cuenta Cordero-. Fue muy bueno poder generar diferentes diálogos, acuerdos y encuentros en Turín. Y haber ganado el Premio a la Práctica Museística Destacada 2025 nos sorprendió muchísimo. Somos un grupo muy chiquitito de trabajo y hacemos todo con gran esfuerzo, en Río Negro, así que esto nos tiene que poner a la altura”, siente Cordero. “Pero el premio nos brindó una proyección muy importante de cara a todos los desafíos por venir”.

​Cultura – Tiempo Argentino

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