
João Barros: La bancada evangélica fue en algunos términos fagocitada por la extrema derecha
El Coordinador del Observatorio Evangélicos y Sociedad de la UNILA, analizó el peso de 65 millones de creyentes, la mutación de la teología de la prosperidad y el impacto de las urnas en el último balotaje.
El entramado entre fe, sociología urbana y poder político en Brasil fue el núcleo de la entrevista que Sergio Centenaro mantuvo con el doctor João Barros en el ciclo «Triple Frontera en nuestra América», transmitido en dúplex por Radio Lateral y LT4desde Posadas. Barros, doctor en Filosofía y Ciencias Sociales (UBA/CONICET), docente de la UNILA y Coordinador del Observatorio Evangélicos y Sociedad, desmenuzó la compleja estructura interna de un sector que abarca a casi un tercio de la población brasileña, precisando que “en un porcentaje del 80% de los evangélicos es pentecostal, el 20 restante es llamado histórico”.
Al dimensionar el fenómeno demográfico y territorial, el investigador explicó que “hoy por hoy, el contingente evangélico en Brasil llega a, más o menos, 65 millones de personas”. Este masivo arraigo se consolidó a partir de las intensas migraciones del campo a la periferia de las grandes urbes durante los procesos de industrialización de mediados del siglo XX. En esos cordones desatendidos por el Estado, los templos pentecostales cumplieron una función social insustituible, haciendo que “estos excluidos de la modernidad pudieran encontrar en las iglesias, y siguen encontrando todavía hoy, una red de solidaridad y soporte”.
En el terreno estrictamente político, Barros desmitificó la idea de una adhesión conservadora inmutable y recordó que la visibilidad parlamentaria del credo emergió inicialmente junto a fuerzas populares. Detalló que “fue durante los dos gobiernos de Lula en que se creó, eso dice la literatura, se creó una élite evangélica en términos políticos ¿no? lo que nosotros acá llamamos de la bancada evangélica”. No obstante, el quiebre con el progresismo se profundizó a partir de 2010 con el debate del Tercer Plan Nacional de Derechos Humanos (PNDH-3) y la falta de un diálogo estructural y continuado por parte de sectores de izquierda más allá de los turnos electorales.
Al evaluar el reciente balotaje que consagró nuevamente a Lula frente a Flavio Bolsonaro, el académico señaló un notorio cambio de temperatura militante en las congregaciones. Barros observó que muchas cúpulas eclesiásticas “jugaron parados en el apoyo a Flavio Bolsonaro, o sea, no tuvieron el mismo ánimo, el mismo ímpetu como cuando fueron elecciones con Jair”, interviniendo de forma tardía a instancias de figuras judiciales afines. Esta menor movilización de las bases debilitó la capacidad de arrastre del clan Bolsonaro en los templos.
Un dato sobresaliente que arrojaron los comicios fue la pérdida de escaños de reconocidos candidatos salidos directamente de las estructuras eclesiásticas, como los de la influyente Iglesia Internacional de la Gracia. Barros analizó que “lo que se llama la bancada evangélica, los representantes directos de estas, de muchas iglesias fue en algunos términos fagocitada por la extrema derecha”, reflejando que numerosos fieles conservadores optaron por votar a perfiles radicalizados del espectro bolsonarista antes que a sus propios pastores institucionales.
Asimismo, el sociólogo repasó la evolución doctrinal del movimiento a través de tres olas históricas, destacando la profunda mutación ocurrida entre las décadas de 1970 y 1980 con el desembarco de la teología de la prosperidad impulsada desde Estados Unidos para contrarrestar la teología de la liberación. Con este giro conceptual, “el dinero pasó a ser visto como una bendición, una señal de bendición, si vos tenés prosperidad, si vos tenés una ascendencia social, si vos podés disfrutar de los bienes de este mundo, esta es una señal que vos estás siendo bendecido por Dios”, transformando las pautas ascéticas tradicionales en lógicas de éxito individual.
Pese al perfil mayoritariamente conservador, Barros reveló que sondeos recientes en más de cien iglesias muestran coincidencias clave con demandas progresistas: “más de un 80% de las personas declararon que están a favor de la educación sexual en las escuelas para los niños, teniendo como objetivo la protección contra abuso” y “más de un 70% está en contra del comercio de armas para la población”. Finalmente, el especialista elogió el modelo de la UNILA en Foz do Iguaçu, destacando que “un 50% de los cupos está destinado para estudiantes latinoamericanos por ley”, consolidando un bastión público y gratuito de integración regional en el corazón de la Triple Frontera.




