Columnas de Opinión

Acordemos no estar de acuerdo

Por Sofía Naumik

La provincia cuenta con los salarios tanto del sector docente, como de varios otros (incluyendo salud, que todavía no se resolvió, y administración pública en general) dentro de los más bajos no sólo de la región sino del país. La guerra por un reconocimiento más justo en el gremio docente escaló niveles muy altos… dentro del contexto de una población mansa y pacífica.

El viernes pasado se difundió el resultado del “acuerdo” entre referentes de diversas organizaciones del sector docente y el gobierno provincial. En algunas páginas lo titularon como “¡Importante triunfo docente!”. Lo describieron como un gran logro del sector frente a Rovira, Safrán y Passalacqua. Al leer todo esto, incluída una frase “un triunfo que se festeja como el mundial”. Me pregunto si al final de la nota voy a encontrar el remate del chiste, o si todo esto forma parte de alguna cámara escondida típica de los programas de entretenimiento clásicos de los 90`. Porque todo esto está de nuevo en pleno auge, desde la gran cantidad de noticias ligadas a la familia Menem en el gobierno actual, privatizaciones a diestra y siniestra, otra vez Correo Argentino, YPF y Aerolíneas Argentinas en el ojo de la tormenta, y hasta las medidas de Cavallo intensificadas para arrasar con todo el Estado, con toda su gente dentro.

Puedo entender que muchas veces enterrados entre tanta “malaria”, y durante tanto tiempo, cualquier resquicio de posibilidad puede parecer una gran cosa, o algo espectacular dentro de ese contexto tan siniestro, que parece no dar tregua. Entonces, una pequeña luz al final del camino parece una gota de agua para el que se perdió por horas en el desierto. Pero si reconocemos que en parte somos responsables de que la Renovación siga tan presente y omnipotente en la provincia es porque en cada elección les seguimos dando carta libre para esto. Teniendo en cuenta ESE contexto, que alguien me explique, por favor, cuál es la alegría. Cuál es el triunfo. Ganar una batalla no es sinónimo de ganar una guerra, a veces incluso puede ocurrir lo contrario. Pero ni siquiera es ese el caso. Mi abuela me decía cuando era chica: a las palabras se las lleva el viento, si no están escritas, firmadas, detalladas y con testigos, no valen más que una fragancia en un cesto (aunque ella apelaba a otros elementos menos agradables para ejemplificar).

Un “acuerdo” es una resolución entre partes. Bueno. ¿Qué se resolvió acá? En primer lugar las partes “manifiestan” (insisto en el término y lo remarco aún más: manifiestan), que a través de “gestos” encaminarán el conflicto sin lesionar intereses de ambos lados (manifestantes y gobierno). También en el término “gestos” se me figuran unos cuántos que sólo podría graficar, pero lo dejo librado a la imaginación del lector. En el mismo punto no se especifica cuál será el “gesto” por parte de lo docentes hacia el gobierno que debería ponerse en práctica como modo de encaminar el conflicto. De parte del gobierno se especifica de un modo algo difuso que “no impulsará acciones administrativas ni legales sobre los trabajadores que participaron de la medida de fuerza”. ¿Por qué resulta vaga esta afirmación? No está especificado en ese escrito cuáles son las acciones legales, porque las causas judiciales no pueden revertirse, (si las hay, ya están iniciadas y en curso). No tomarán medidas administrativas de “castigo” desde el punto de vista de antecedentes dentro del Ministerio de Educación. Por supuesto que es importante. Pero no nos engañemos, el zorro pierde el pelo pero no las mañas. No se trata de un acuerdo, sino de una tregua, el gobierno no dió respuestas reales a los problemas de sueldos que viene arrastrando la provincia desde hace tantos años ya, sólo “permite el diálogo”.

Segundo punto. Se manifiesta, insisto, no se resuelve, que los diálogos continuarán. Se dejan constar dos fechas próximas para estos encuentros. Para una dirigencia gubernamental que se escondió durante el conflicto con la policía de la provincia, que llamó a la ministra de seguridad nacional, -que dicho sea de paso espera como un perro a que le tiren el palo para ir a buscarlo- a que mande sus fuerzas de gendarmería e infantería para no perder la costumbre de reprimir, y que juntó gente de los barrios para aclamarlos frente a la legislatura como si fueran unos héroes de guerra. ¿Acaso tienen todavía la confianza suficiente como para creer en sus promesas? Alguno me dirá: no les queda otra, son el gobierno y están hace veinte años. Razón de más para no creerles más. Insisto en leer la letra: se manifiesta que se continuará en el diálogo, o en una resolución efectiva y prometedora para los afectados, en este caso los docentes. Pero siguen los puntos del supuesto acuerdo.

El tercero pareciera ser más concreto que los anteriores, con sus cinco incisos, pero “mejorar sustancialmente el piso salarial” y “reconstruir la pirámide” siguen siendo conceptos vagos, ponerse de acuerdo en el significado concreto de “sustancia” y de “reconstrucción” puede habilitar nuevos diálogos interminables.

El cuarto punto parece ser el único concreto con un arma de doble filo incluido. Los docentes se comprometen a levantar las medidas de fuerza. Claro, porque sino las causas legales y administrativas continúan su curso vigente del punto número uno. Hasta este punto se leen puros gestos, a partir de este se convierten en golpes: los docentes deberán seguir trabajando y sobreviviendo “mientras siguen los diálogos” y las especulaciones de cuánto pueden llegar a percibir en los próximos meses. La pregunta de oro acá es: ¿cuánto pueden aguantar los sueldos que hasta ahora no le llegaron ni siquiera al nivel de pobreza con la inflación de los últimos seis meses? Y esta pregunta se refiere a lo perdido hacia atrás, ni siquiera estamos hablando de lo que vamos a seguir perdiendo en los próximos días, semanas y meses.

En el quinto y último punto el gobierno hace alaraca de un “gran” aumento a los docentes jubilados, del único número que aparece en toda la hoja: ¡del 11 por ciento! Con una pérdida adquisitiva para los jubilados que supera el 70 por ciento.

Realmente no dejan de sorprenderme tanto el grado de desfachatez del gobierno provincial (porque el nacional supera con creces el asco mayoritario), el grado de fantasía en la descripción de los hechos por parte de algunos medios colegas y la vara tan baja que tenemos desde el lugar de manifestantes para aceptar el maltrato del gobierno como si fuera un triunfo cuando en realidad se trató de una burla. El logro, lamentablemente, no estuvo del lado de los docentes, estuvo del lado de Passalaqua, Rovira y Safrán, que volvieron a salirse con la suya, haciendo parecer que cedieron algo. El gobierno exigió que terminen las protestas, que se levante el acampe en la Avenida Uruguay con la promesa de “nuevas mesas de diálogo”. Ante la nada misma es “algo”… pero mínimo. No nos dejemos engañar, la promesa de “no tomar medidas legales” es una aperiencia, el famoso “carpeteo” para utilizarlos cuando le convenga al gobierno. Que no nos distraigan con estos amagues. Festejar demasiado antes de tiempo y otorgarle tanta pompa a una “apertura al diálogo” no significa que se ganó la guerra, ni siquiera la batalla, se acordó una tregua: no nos atacan más y no los castigamos… por ahora.

 

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