
Alejandro Kaufman analiza la naturaleza del liderazgo popular: “La conducción no recurre a la autoridad”
En una entrevista profunda con Sergio Centenaro, el ensayista y crítico cultural Alejandro Kaufman desmenuzó la crisis de representatividad y el rol de la conducción en el peronismo.
Kaufman comenzó aclarando que la relación entre un líder y su pueblo no debe confundirse con una imposición jerárquica, afirmando que “la conducción no recurre a la autoridad porque no es una representación, sino que es una relación” de carácter afectivo.
Para el académico, el peronismo posee una singularidad que lo distingue de otras experiencias políticas globales, definiéndolo como una invención argentina que gestiona las tensiones internas sin recurrir a la fuerza. Según Kaufman, “el peronismo es un gran desorden que se trata de ordenar, no de imponer”, un proceso que históricamente se basó en la persuasión y no en el contrato liberal tradicional.
Kaufman también se refirió al fenómeno de la “derecha y ultraderecha” actual, señalando que líderes como Javier Milei intentan imitar las formas de comunicación de los movimientos populares, pero con fines opuestos. El ensayista explicó que el fascismo tiene la característica de “imitar a los movimientos emancipadores y populares para hacer lo contrario”, engañando a una parte de la población con promesas de progreso que ocultan una realidad regresiva.
Sobre la figura de Cristina Fernández de Kirchner, Kaufman destacó su capacidad de comunicación directa, comparándola con el histórico “avión negro” del retorno de Perón. Sostuvo que el uso de las redes sociales por parte de la exmandataria busca evitar la mediación de medios hostiles, algo que genera rechazo en el poder concentrado: “Ella usó ese recurso para no tener mediación”, señaló, recordando que la cadena nacional cumplía la misma función de vínculo directo.
En cuanto al plano económico, el entrevistado fue tajante al diferenciar el ADN del movimiento respecto al capitalismo financiero. Kaufman subrayó que, aunque el peronismo discute con el capitalismo, su núcleo es la justicia social: “el peronismo es distributivo y no endiosa el economicismo”, al que definió como esa máquina abstracta que pretende gobernar a las sociedades por encima de la política.
Finalmente, Kaufman reflexionó sobre el momento histórico de “gravedad inédita” que atraviesa el país bajo la actual gestión nacional. Advirtió que se busca despolitizar la economía para que la Argentina se parezca a modelos donde la política no tiene incidencia, y concluyó reforzando la importancia del sufragio como arma sagrada: “lo que sostiene ese esquema político es el sufragio efectivamente”.



