
Darío Grandinetti: «La verdadera campaña antiargentina la está haciendo nuestro Gobierno»
Entrevista
El reconocido actor presenta el unipersonal “El escritor de todas las cosas”, con texto y dirección de Javier Daulte. Recorrerá 25 ciudades en una gira que celebra sus 50 años de trayectoria. Sus reflexiones sobre el presente de la cultura y el país.
Por Daniel Cholakian
Una obra no siempre comienza con la idea de un texto, una imagen o una historia para contar. El escritor de todas las cosas surgió del deseo de años de Darío Grandinetti de tener un material que le permitiera salir de gira, algo que, con los costos que suponen los grandes elencos y las escenografías importantes, se hace cada vez más difícil. Este viejo anhelo que mantenía vivo en charlas con Javier Daulte a través de los años finalmente se concretó el pasado 7 de agosto, coincidiendo casi exactamente con el día en que, hace 50 años, el actor se subió por primera vez a un escenario.
La gira se convierte así en una doble celebración personal, ya que festeja tanto su aniversario sobre las tablas como el placer que le produce recorrer el país. «Cuando llego a una ciudad en gira me alegra saber que voy a volver a comer en tal restaurante, o que me voy a encontrar con amigos que conocí en una visita anterior y hace rato que no veo», cuenta Grandinetti a Tiempo al explicar por qué prefiere las giras y eligió este formato para presentar el proyecto.
¿Para qué escribir? ¿A quién le sirve? ¿Qué responsabilidad implica poner palabras en circulación? Esas son las preguntas que proponen Daulte y Grandinetti al presentar este trabajo: un monólogo vertiginoso, cargado de humor y lucidez sobre el poder ambiguo de la palabra.
—¿Cómo surge la idea de hacer esta obra?
—Hace años se lo pedí a Javier. La idea fue siempre hacer una obra fácil de transportar para salir de gira. Por h o por b no llegábamos a concretar, hasta que el año pasado hablamos firmemente. Un mes después me mandó un borrador diciendo que quería corregirlo y que había pensado en no mandarlo, pero que en definitiva era lo que tenía escrito. Me encantó lo que leí. Entonces le dije que corrigiera lo que quisiera, pero que íbamos por ahí. Yo tenía dos premisas: hacer un espectáculo itinerante y estrenarlo en Rosario (N. del E.: lo concretó este viernes). Así se puso en marcha el proyecto; conseguí productores rosarinos, amigos que conozco desde hace mucho tiempo. Cuando ya estaba todo encaminado, me di cuenta de que cumplía 50 años de oficio desde que empecé a hacer teatro en Rosario. Recuerdo que fue en agosto, pero no la fecha exacta. Esto le aportó un lindo condimento al estreno.

—Gustavo Garzón contó que la obra que está haciendo surgió con una premisa similar: crear un espectáculo ágil para salir de gira. ¿Qué atractivo particular tiene la gira para los actores?
—A la mayoría de las actrices y los actores nos gusta la gira. Conozco a muchos compañeros y compañeras que la disfrutan. Sé que cada vez que salí a rodar por las provincias lo pasé muy bien. Te voy a decir algo que no elaboré previamente, pero creo que tiene que ver con la esencia de la actuación y con los primeros cómicos. Siempre hablo de Tespis, el actor griego que fue echado de su ciudad 500 años antes de Cristo. Él se la pasaba recorriendo los caminos con un carro en el que llevaba máscaras, coturnos y capas, actuando y contando historias. Esa historia, que me contó mi primer maestro de teatro, me impactó mucho y guardo una resonancia de ello. Llevar tu trabajo y recorrer tu país es conocerlo, es entender mejor a tu gente, visitar lugares de los que te hablaron y en los que nunca estuviste, o volver a sitios que ya conocés. Eso me encanta. La frase «nunca vuelvas al lugar donde fuiste feliz» me parece absurda… ¿A dónde voy a volver? ¿A donde me maltrataron?
—¿Qué tan diferentes son los públicos en la Argentina?
—Hace poco Alejandro Dolina decía, hablando de la poesía, que hay que suspender la incredulidad. Cuando vas al teatro tenés que creer que ese señor que está en el escenario, al cual generalmente conocés bien, no es tal o cual actor sino el mismísimo Hamlet. Fuera de Buenos Aires eso es más fácil. La gente se sienta con una predisposición favorable. Tal vez porque vamos menos o porque tienen menos chances de ver ciertos trabajos. Siento que el público va con más ganas de que le guste lo que hacemos. Por supuesto que en todos lados te encontrás con gente exigente, porque el nuestro es un país teatrero. Antes, cuando salíamos de gira y llegábamos a las ciudades, los compañeros y compañeras locales nos pedían reunirse para intercambiar experiencias. Había un movimiento teatral en todo el país que no se ve en muchos lugares. Acá formamos también espectadores, no solo actores y actrices: creamos teatro y público.
—El teatro rosarino es muy potente, diverso y creativo. ¿Qué valor tiene estrenar en Rosario?
—Para que tengas una idea, Les Luthiers estrenaba en Rosario. La cabecera de las giras de las obras porteñas siempre fue Rosario. Es una especie de termómetro: si te va mal en Rosario, agarrate, probablemente te vaya mal en todos lados; y si te va bien, vas mucho más confiado. Esto ha sido siempre así.

—¿Quién es «el escritor de todas las cosas»?
—Es un tipo que se gana la vida escribiendo. No escribe solo libros o guiones: la frase del sobrecito de azúcar, las etiquetas de los vinos, los carteles de tránsito… Todas esas cosas las escribe alguien. Este personaje se gana la vida escribiendo lo que le ofrezcan. Paralelamente, lo atraviesa un tema personal sobre el cual viene escribiendo desde que tiene diez años. Esa historia la cuenta primero como una redacción escolar, después como un cuento y luego como una obra de teatro. De una manera muy divertida y tierna vemos a este tipo contando su vida desde la infancia. En definitiva, la obra habla del valor de la palabra, de cómo la palabra dicha o escrita opera en el otro y de cómo también puede tener efectos indeseados. Hace poco leía —no recuerdo dónde— que cuando hay un escritor en una familia, esa familia está en peligro, porque es inevitable que haga referencia a algún aspecto de su vida familiar. En eso es inevitable que aparezca el humor, sobre todo por las consecuencias imprevistas. Javier, además, tiene mucho humor y escribe cosas muy interesantes sin subrayar: las tira y, si las agarrás, las agarrás.
—¿En la obra hablás directamente con el público?
—Exactamente, no hay cuarta pared. Días antes del estreno hicimos una pasada con la sala llena de gente. La recepción fue buenísima y muy sorprendente para mí, porque eran todos actores, actrices, estudiantes y escritores. Quedé muy conforme con lo que estamos logrando. Cuando ensayás, lo hacés siempre para el director. Hay un tempo, una dimensión que no medís si no está el público: muchas cosas no las podés comprobar sin el espectador. Esa comunicación me preocupaba porque tenía que salir de la necesidad del personaje y no de la manera en la que el actor se comunica habitualmente con la audiencia. Y creo que funciona.
—¿Se percibe cómo funciona esa comunicación mientras actuás?
—Sí, uno arriba del escenario se da cuenta. Ni siquiera hace falta oír la risa, en el caso de que la hubiera: te das cuenta de si te están prestando atención o si la historia interesa. Se percibe que hay algo pasando. Tampoco podría describirlo con palabras, pero los actores lo sentimos: vas midiendo el pulso. A veces sentís que lo que dijiste no cayó todavía y hay que dar un tiempo para que se procese. Como en la vida: a veces decís algo, alguien se te queda mirando y a los dos segundos reacciona.

—Contabas que la obra trabaja sobre el valor de la palabra. ¿Toma un sentido especial en este momento?
—No es una obra pensada como un texto político, para nada. Siempre es un buen momento para hablar del valor de la palabra, más allá de que ahora esté todo desvirtuado. Ahora, si nos ponemos a hablar de política, creo que lo que pasa es una manera de desviar la atención de las cosas importantes. Mientras nosotros discutimos y nos ofendemos por los agravios, por los insultos y por la crueldad con la que se expresan, por abajo, los que de verdad gobiernan hacen cosas de las que tendríamos que hablar muchísimo más que de las agresiones. Nos distraen con historias, con relatos de millones de personas que salen de la pobreza. Cada semana sale un millón más… ¡En cualquier momento habrán sacado a 60 millones de personas de la pobreza! Cifra que incluiría Chile, Perú, Uruguay y Paraguay. Nos ponen a discutir disparates para mientras tanto vender el país y pegarle a los jubilados, ante la pasividad de gran parte del arco político y de la sociedad. «
El escritor de todas las cosas
Dramaturgia y dirección: Javier Daulte. Intérprete: Darío Grandinetti.
¿Cuándo?
Paraná: Teatro 3 de Febrero (9 de agosto). Rafaela: Teatro Lasserre (10 de agosto). Córdoba: Teatro Real (15 y 16 de agosto). Río Cuarto: Teatro Municipal (17 de agosto). Villa María: Teatro Verdi (18 de agosto). Mendoza: Teatro Independencia (22 y 23 de agosto). San Juan: Teatro Sarmiento (24 de agosto). San Luis: Cine Teatro San Luis (25 de agosto). Neuquén: Casino Magic (29 de agosto). General Roca: Cine Teatro Rex (30 de agosto). Bariloche: Teatracci (31 de agosto). Bahía Blanca: Teatro Municipal (5 de septiembre). Mar del Plata: Teatro Roxy (6 y 7 de septiembre). Tandil: Teatro del Fuerte (8 de septiembre). La Plata: Teatro Coliseo Podestá (12 y 13 de septiembre). San Isidro: Teatro del Viejo Concejo (14 de septiembre). Quilmes: Teatro Municipal (15 de septiembre). Tucumán: Teatro San Martín (19 de septiembre). Salta: Teatro Provincial (20 de septiembre). Jujuy: Teatro Mitre (21 de septiembre). Corrientes: Teatro Vera (26 de septiembre). Resistencia: Domo del Centenario (27 de septiembre). Posadas: Teatro de la Biblioteca (28 de septiembre).
Campaña antiargentina
Grandinetti conoce muy bien España y a los españoles. Aunque no vivió allí de manera permanente, trabaja con frecuencia tanto en cine como en teatro en ese país. Además, es un apasionado del fútbol, deporte que dejó para dedicarse a la actuación. Por eso tiene una mirada clara sobre la supuesta campaña antiargentina que surgió a partir del Mundial: «No fue verdad, todo eso es algo montado a partir de la situación geopolítica. Como dijo Jorge Alemán: la verdadera campaña antiargentina la está haciendo nuestro propio gobierno. La alineación con Estados Unidos y con Israel por supuesto que influye. El origen supuestamente futbolístico está manejado por seudoperiodistas deportivos que son hinchas del Real Madrid, que dicen odiar a Messi, pero en realidad les duele. Cuando hablás con ellos, te admiten que es buenísimo. Les duele porque lo sufrieron durante muchos años. En España son ídolos Di Stéfano, Kempes, Messi, Simeone… No nos pueden odiar. De campaña antiargentina, nada. Además, y yo he jugado con algunos a los que escucho opinar, te cuento que les tirás la pelota con la mano y tardan tres tiempos en bajarla. Les pega en medio cuerpo hasta que pueden controlarla».

Cine nacional, crisis y mentiras
La situación que atraviesa el cine en la Argentina es crítica: caída vertiginosa de la producción, escasez de proyectos de presupuesto mediano, reducción dramática en la cantidad de estrenos y menor presencia en los festivales internacionales. Para Grandinetti, la política cultural implementada por el gobierno de Javier Milei no es novedosa, sino que responde a lo que ocurre en todo el mundo con las gestiones de derecha: «Hablan de los privilegios de los actores y las actrices, como si el cine se hiciera solo con nosotros. El 90% de los trabajadores de una película no son actores ni actrices: en una producción trabajan cientos de personas de manera directa o indirecta. De eso no hablan. Siguen mintiendo con que el dinero del cine sale del presupuesto nacional y que está bien que no se produzca porque hay prioridades más importantes. Pero esas cosas tampoco las hacen ahora que no se hace cine. ¿Por qué? Porque el presupuesto del cine no sale de las arcas del Estado, y lo saben. Pero machacan con eso y hay mucha gente que cree que el gobierno nos da dinero para contar las historias que a nosotros nos gustan. Lamentablemente, hay gente que de verdad se lo cree».
-Esta nota fue publicada originalmente en la versión impresa de Tiempo del 9 de agosto de 2026.
Espectáculos – Tiempo Argentino