
De los creadores de “Cristina presa”, “Error de cálculo”
Por Pablo Tigani
A 24 años del colapso de 2001, Argentina vuelve a caminar al borde del abismo bajo una nueva versión de tecnocracia sin anclaje político. Con un liderazgo confrontativo y recetas económicas de alto impacto social, el experimento libertario de Milei enfrenta el riesgo de repetir -y profundizar- los errores del pasado.
Si el fetichismo tecnocrático condujo al colapso en 2001, su versión recargada de 2025 podría llevar a Argentina a un punto sin retorno
Argentina se apresura hacia otro precipicio. El peso está artificialmente sobrevaluado debido a un tipo de cambio móvil impuesto por el BCRA, lo que provoca escasez de dólares, deficit en la cuenta corriente y pérdida de reservas. Mientras tanto, los vencimientos de deuda se acumulan tanto en pesos como en dólares, sin capacidad inequívoca de refinanciación sin suficiente capital político. La economía se ve asfixiada por una combinación peligrosa: vulnerabilidad externa, derrumbe del consumo y un clima político y social hostil.
La soberbia y la venganza
Hay personas soberbias que pueden percibir una ofensa o un insulto como una gran humillación, lo que la impulsa a buscar venganza para recuperar su orgullo (“En una nueva embestida contra la prensa, el presidente Javier Milei atacó a tres periodistas de Clarín” (Clarín, 9 de mayo 2025). El presidente llamó al líder del PRO “ladrón”, “mediocre” y “carente de ideas” (Pagina 12, 14 de mayo, 2025).
La venganza, en este contexto, se convierte en una forma de demostrar poder y superioridad, compensando la herida infligida a la propia imagen; puede desencadenar un ciclo de violencia y represalias.
Las señales de alerta ya están en la calle. El 18 de junio de 2025, una marea humana de manifestantes colmó la Plaza de Mayo exigiendo el fin de la retórica autoritaria y los ataques institucionales de Milei. El detonante inmediato fue el polémico encarcelamiento de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, llevado a cabo mediante opacas maniobras judiciales orquestadas por el expresidente y el CEO del multimedio, acusado de ejercer influencia indebida sobre la Corte Suprema a través de magistrados afines a las corporaciones. Lo que pretendía ser un golpe al peronismo terminó galvanizándolo; en un día, la oposición pasó de fragmentada a movilizada. Este terremoto político altera el mapa del poder. Durante 18 meses, Milei gobernó con escasa resistencia; la oposición estaba dispersa, el Congreso fracturado y los movimientos sociales desmoralizados. Esa era ha terminado. De ahora en adelante, el presidente de Argentina debe gobernar con la oposición, y eso implica negociación, no agresión.
Si el gobierno quiere evitar un colapso más profundo que el de 2001, debe dar un giro. En términos macroeconómicos, eso significa corregir el tipo de cambio sobrevaluado, reestructurar la deuda a corto plazo para evitar crisis de financiamiento y detener la continua erosión de salarios y pensiones. Una reactivación del consumo interno no solo es socialmente necesaria, sino también económicamente racional. Ninguna estabilización puede sostenerse en un vacío de demanda.
Políticamente, el presidente debe abandonar la confrontación y convocar a un acuerdo nacional con la oposición peronista. El consenso, no el combate, es el único camino hacia la gobernabilidad. El problema de Argentina no es la falta de ideología, sino la falta de arte de gobernar. La alternativa es el caos.
La leyenda no se repite, pero concuerda demasiado. Si el fetichismo tecnocrático condujo al colapso en 2001, su versión recargada de 2025 -desprovista de rigor académico, legitimidad democrática o institucionalidad- podría llevar a Argentina a un punto sin retorno. Lo que está en juego ya no es solo la estabilidad macroeconómica. Es la idea misma de una república.
Doctor en Ciencias Políticas, Máster en Política Económica Internacional. Profesor de posgrado (UBA) y maestrías en universidades privadas. Director Ejecutivo de hacer.com.ar, Director General de fundacionesperanza.com.ar
Fúente: Ámbito



