
“De Rivadavia a Macri: Mariano Cabral desentraña la primera deuda argentina y sus ecos en el presente”
En Radio Lateral, el historiador Mariano Cabral desmenuzó uno de los capítulos más oscuros de la historia económica argentina: el empréstito de la Baring Brothers de 1824, gestionado durante el gobierno de Bernardino Rivadavia. Con una mirada crítica, Cabral trazó paralelos entre aquel préstamo y el endeudamiento actual, destacando patrones que se repiten “como una maldición financiera”.
La estafa del siglo XIX
El préstamo, originalmente solicitado por la provincia de Buenos Aires, ascendía a 1 millón de libras esterlinas. Sin embargo, apenas llegaron 550.000 libras al país tras descuentos, comisiones y “depósitos de garantía”. Cabral subrayó la ironía: “Se firmó por 1 millón, pero el dinero real que llegó fue casi la mitad. Y, aun así, ¡tuvimos que devolver el total con intereses!”. Peor aún, Rivadavia nacionalizó la deuda, transfiriendo la obligación a todas las provincias sin su consentimiento.
¿Quién administró el dinero?
Un banco privado controlado por comerciantes británicos, el Banco Nacional, manejó los fondos. Según Cabral, “el 90% del dinero se usó para pagar deudas previas con empresas inglesas. Fue un circuito cerrado: la plata salió de Londres y volvió a Londres, pero nos dejó atados”. La “garantía” ofrecida fue la tierra pública, un antecedente de lo que luego ocurriría con la Ley de Enfiteusis.
De 1824 a 2018: ¿Historia repetida?
El historiador vinculó el préstamo decimonónico con el acuerdo del FMI bajo el gobierno de Mauricio Macri: “Siempre hay un discurso que justifica el endeudamiento: ‘Esto nos dará progreso’. En 1824, prometían puertos y agua corriente; hoy hablan de ‘estabilidad’, pero el resultado es el mismo: más dependencia”. Cabral recordó que, sorprendentemente, “la deuda de la Baring Brothers la terminó de pagar Juan Perón en 1947, tras décadas de intereses acumulados”.
Crítica a los “negociadores”
Con ironía, Cabral comparó a los enviados de Rivadavia con figuras actuales: “Mandaron a un inglés, John Parish Robertson, a negociar con los banqueros de Londres. Hoy, ¿quién negocia nuestra deuda? Luis Caputo, un hombre con más contactos en Wall Street que en el barrio”. Y remató: “No es malo el gringo que nos vende, sino el criollo que nos entrega”.
Reflexión final
El historiador cerró con una advertencia: “Cuando un gobierno recurre a préstamos externos, siempre hay que preguntarse: ¿A quién beneficia realmente? ¿Al pueblo o a los mismos de siempre?”.



