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​Dillom y «La nueva violencia»: entre el rap, el post-punk, el rock y la electrónica 

Reseña

El flamante disco reúne bajos procesados, sintetizadores, guitarras y una sección rítmica capaz de pasar del baile al ruido extremo. En ese contexto, el músico convierte las contradicciones de la vida contemporánea en canciones ácidas y a la vez divertidas.

Por Fidel Fourcade

La violencia está al alcance de todxs: es más explícita en los mecanismos del mundo que habitamos y un poco más implícita en las relaciones sociales a las que nos fuerza el sistema. Dillom hace esta lectura y la convierte en el motor de su tercer álbum, una obra que llega después de la consagración y que, en lugar de acomodarse, decide subir una marcha más, con una voracidad que convierte sus canciones en un agujero negro dispuesto a tragarse hasta a su autor.

Dillom, el trapero, ya no existe. Lejos quedó aquella súper trash “Dillom: Bzrp Music Sessions, Vol. 9”, de hace siete años, recuerdo que el propio Dillom se encarga de desactivar con su derrotero. En su primer disco, Post mortem (2021), era un “wachín” que rapeaba sobre la muerte y el desamor con una crudeza que sorprendía. Ya en ese disco, y en su obra siguiente hasta La nueva violencia, por su torrente sanguíneo ya corrían internet, la cultura pop y el humor trastocado en meme. Una era, la trapera, que rápidamente languideció entre quienes buscaron el negocio en llenar shows para adolescentes y adultos confundidos y quienes encontraron el negocio en convertirse en artistas.

Dillom y "La nueva violencia": entre el rap, el post-punk, el rock y la electrónica
La nueva violencia reúne 14 canciones y cruza punk, electrónica, pop y rock.

En Por cesárea (2024), saltó a una pileta más honda: dejó de ser un rapero para convertirse en un artista que entendía el álbum como un formato que ya había logrado en 2021, pero que le permitió expandir su mundo con los mismos elementos y convertirlo en una declaración de principios. En este disco, además, comenzó a hacer dialogar a sus canciones directamente entre sí: “Amigos Nuevos” y “La novia de mi amigo” hasta llegar a “Amigos”. Este trabajo propuso un viaje de horror relatado en primera persona que, por ser pública la historia de vida de Dillom, hizo difícil distinguir lo real de lo ficticio. “No va a haber final feliz, puta, esto no es Heidi”.

Ahora, con La nueva violencia (2026), completa la trilogía. Dillom también es una banda. No es una metáfora: en este disco hay guitarras distorsionadas, guitarras limpias, bajos procesados, sintetizadores new wave y una sección rítmica que parece salida de un after en algún galpón cerca del Río de la Plata. No es un disco de trap, ni siquiera de rap. Es rock, pero no el rock de siempre. Es post-punk, electroclash y new wave, todo revuelto en una licuadora que alguien olvidó tapar y que salpica en todas las direcciones posibles.

Dillom y "La nueva violencia": entre el rap, el post-punk, el rock y la electrónica
Dillom abandona buena parte del trap para explorar un sonido más ruidoso y visceral.

Esa sonoridad no es casualidad. Cuenta la leyenda que la génesis de LNV se dio porque Dillom y su equipo, liderado por Fermín Ugarte y Bernardo Ferrón, se encerraron quince días en una casona del siglo XIX para grabar lo que sería el reflejo de una época hiperestimulante. El resultado es un disco que suena a encierro, pero también a fiesta. A baño de un boliche, a sauna de chetos, a cocodrilo disecado en una pared de Palermo. La nueva violencia hasta propone que el ciberpunk tiene un sonido y es ese.

“Un tecno-duque trabajó
Nuevos gemidos para el show.
Su industria de la diversión quebró”, decía Solari en 1989.

El disco arranca como lo que es: hyperpunk furioso de dos minutos que no da tregua. Pero Dillom no se queda ahí. En “Vedette” ya cambia el registro, con una línea de bajo que conecta directamente con LCD Soundsystem. “Papá se volvió loco” es post-punk con new wave, que conecta directamente con “Here We Kum”, de Molotov, sin la necesidad de ser más elocuente que Shakespeare, y con la voz de Sebastian Murphy, cantante de Viagra Boys, que irrumpe como una presencia fantasmagórica en medio de la noche. La colaboración con el sueco, que también canta en “Fashion”, es uno de los momentos más altos del disco, pero Dillom lo oculta: no figura en los créditos del tracklist.

Dillom y "La nueva violencia": entre el rap, el post-punk, el rock y la electrónica
Dillom presentó La nueva violencia con tres shows sorpresa el sábado 15 de agosto en El Teatrito, Niceto Club y Deseo.

LNV se abre paso con “Gente Común”, uno de los puntos altos del disco, que disecciona la nueva escena vernácula del jet set y en la que cantan Julieta Gattas y Ale Sergi. El guiño de que el track siguiente sea “Souvenir”, una canción súper Miranda!, es una idea a la altura de la producción de un disco que aspira a más.

Otro gran acierto del disco: la banda. No se puede desconocer ni a palos la injerencia del grupo que armó. Suena como una máquina de hacer ruido, pero también como una banda que sabe cuándo frenar. “Superdiversión” y “Nadie coge gratis” son dos temas que coquetean con electrónica bailable que te agarra desprevenido. Frenética, voraz, sintética y peligrosa: ¿adónde vas a ir y qué más vas a hacer cuando ya lo hiciste todo?

Dillom y "La nueva violencia": entre el rap, el post-punk, el rock y la electrónica
El disco retrata la sobreestimulación, el consumo y los vínculos de una época acelerada.

El disco cuenta con Juana Aguirre en voz y St. Vincent —un lujo y otra obscenidad del disco— en guitarra. “Solo Dios sabe qué va a pasar conmigo, pero este cuerpo se lo entrego destruido”, canta Dillom en “Cocodrilo”, y suena a confesión, a promesa rota. “Fashion” es la aventura sintética que la IA jamás podrá recrear. Probablemente, la mejor canción de LNV. Poco glam, pero muy fashion: “Son simples hijos de puta vestidos con ropa trucha”.

La nueva violencia se convierte sin querer en el cronista de una generación que ya no cree en nada, pero sigue bailando. El disco está lleno de referencias: al post-punk (movimiento que disecciona muy bien el autor Simon Reynolds), a los Happy Mondays, a The Clash, a The B-52’s, incluso a Charli XCX. Pero también a lo local: a Babasónicos, con quienes dialoga constantemente desde el zeitgeist de su último disco, Cuerpos, Vol. 1 (“Babasónicos disecciona el presente”), o a Marilina Bertoldi (las guitarras de “Minas” no podrían ser mejor elemento probatorio de esto), y a ese Pity que aparece en la dedicatoria final. Dillom hizo un trabajo de campo, una antropología social de la escena vernácula, y la plasmó en canciones. La nueva violencia es un disco sobre la noche, sobre los baños de los boliches, sobre la gente que se junta en saunas fríos con prendas de cocodrilo, sobre la incomodidad de ser parte de algo que no te representa. También nos obliga a hacernos una pregunta: ¿hasta dónde es bueno que estemos hablando tanto de las referencias musicales y de a qué “nos hace acordar” este disco de otros artistas?

Dillom y "La nueva violencia": entre el rap, el post-punk, el rock y la electrónica
Dillom convierte las contradicciones de la vida contemporánea en canciones ácidas y bailables.

Hay un momento en el disco, en “Maniquí”, donde Dillom vuelve a cantar a su manera, como en Vélez en aquel recital de fines de 2024, pero en una canción de su autoría. Es un guiño, un reconocimiento, una forma de decir que está ahí, que no se fue. Una canción que hace recordar, extrañamente, a El último Elvis (2012), de Armando Bó. Cuando parece que el disco va a terminar en un pozo de oscuridad, aparece “Amigos”, un cierre que emparenta a Pity Álvarez y a The Cure en algo más de tres minutos. Incluso rodeados de alta suciedad, los vínculos reales siguen siendo el único refugio posible.

Hay una discusión que atraviesa la crítica contemporánea: ¿hasta qué punto un disco se valora por lo que cita y no por lo que genera? Dillom, con su tercer álbum, pone esa pregunta sobre la mesa. Por un lado, La nueva violencia es un ejercicio de erudición pop: en cada canción hay un guiño, una referencia, una capa que invita a la arqueología musical. Pero también es un disco que funciona si uno se olvida de todo eso. El contexto enriquece, pero la emoción es lo que queda cuando el análisis se apaga.

El terror es el rey del cine; en Argentina gobierna Milei y la nueva violencia es todo lo que le entró a Dillom en la mochila. Ni más ni menos. Un disco que se permite meter la mano en ese bolsillo y revolver sin mucho criterio, confiando en que el ruido de fondo, las referencias y la velocidad van a sostener el peso de la obra. A veces funciona. A veces no. Pero en un presente donde todo se consume rápido y se olvida más rápido, Dillom al menos tuvo la lucidez de no pedir permiso. El resto, como siempre, es cuestión de cada uno.

Dillom – La nueva violencia

1 – «La nueva violencia»
2 – «Vedette»
3 – «Papá se volvió loco»
4 – «Gente común»
5 – «Souvenir»
6 – «Superdiversión»
7 – «Cocodrilo»
8 – «Minas»
9 – «Nadie coge gratis»
10 – «Fashion»
11 – «Maniquí»
12 – «Palermo Hollywood»
13 – «Elvis interludio»
14 – «Amigos»

​Espectáculos – Tiempo Argentino

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