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​Duratierra: «Nos propusimos hacer un disco que traiga aires de esperanza» 

La influyente banda lanzó “La patria viva”, un álbum vitalista que combina la tradición folklórica con la resistencia. El repertorio aborda ritmos tradicionales desde una perspectiva renovadora.

Por Claudia Regina Martínez

El disco salió y en muy pocos días se convirtió en exactamente eso que el amplio público de Duratierra necesitaba escuchar. Fue un clamor generalizado: ¡gracias! También los periodistas especializados estuvieron de acuerdo: este momento del país necesitaba este disco. Era necesario nombrar el horror, la angustia, el desánimo y, a la vez, llamar a la resistencia, a la esperanza, al renacer. La patria viva no busca refundar nada. Pero sí recurrir a la memoria, a mirarse a los ojos, a bailar, a ampliar la trinchera y a encontrar la manera de salir del espanto para defender esa patria que no se vende, como cantamos en los actos y los recitales.

La banda, que ya lleva más de 20 años de trayectoria, sorprendió con un disco potente, en el que una vez más juega con el folklore y sus formas. Hay zambas, chacareras, gatos, escondidos, milongas y huaynos, pero Duratierra parece divertirse tanto con las formas como con las etiquetas. Por eso inventa una nomenclatura propia: “gato cancionero con compás de yapa”, “milonga porteña con aires de Lali” o “huayno-taqui-marcha-manifiesto”, con la que define la canción que da nombre al disco. Son 14 temas compuestos en su mayor parte por Juan Saraco, pero también, en algunos casos, por Micaela Vita y Valen Bonetto. Con ellos charló Tiempo. “A secar las lágrimas, a limpiar los mocos. La patria con su llamarada rabiosa y encinta nos llama”, recita Susy Shock en el primer tema, resumiendo el espíritu de este trabajo. La banda, ahora en formato sexteto, está integrada además por Nicolás Arroyo, Tomás Pagano y Martín Beckerman.

—Dijeron en redes, antes de que saliera el disco, que venían pensando mucho en sentir la patria. ¿En qué momento eso empezó a convertirse en canciones?

Micaela Vita: —Fue el primer disco que hicimos que partió con una idea muy clara de hacia dónde iba la cosa. Y vino de la mano de haber girado mucho por el país. Andarlo con la música nos hizo estar muy en contacto con ese maravillarnos con la patria. Y a partir de ahí hubo algo que empezó a estar en las conversaciones. Primero nos juntamos nosotros tres para empezar a volcar lo que cada quien tenía. Y al poco tiempo de eso, Juan vino con el título del disco: “Se llama La patria viva. Lo sentí, lo pensé”. Y ese título terminó de ser un imán para las canciones. Hubo algo ahí que convocó a nivel conceptual.

Duratierra: "Nos propusimos hacer un disco que traiga aires de esperanza"
Ahora sexteto. Saraco, Vita, Nicolás Arroyo, Tomás Pagano, Bonetto y Martín Beckerman.

—Aparece en el disco la patria de los barrios, las comidas, la familia, los trabajadores. ¿Qué les interesó recuperar de esa idea que está lejos de los relatos tradicionales?

Juan Saraco: —Queríamos hacer un disco que estuviera en tiempo presente. Eso fue el motor implícito atrás del proceso creativo. En el disco anterior, A los amores, que salió en 2024, todas las canciones fueron previas. Fue más hecho en pandemia. Y ahora llevar el disco al tiempo presente nos ubicó directamente en la patria de las cosas que nos conmueven. Y en esa patria están los clubes de barrio, los barrios, la tierra, las comunidades, las comidas, el encuentro. Un poco es la ilusión de la patria que queremos construir.

—Es un disco muy vital. ¿Cómo se hace, en un momento tan jodido, un disco esperanzador?

Valen Bonetto: —En una época en la que hay una gran desorientación, es de alguna forma un trabajo de investigación buscar cómo traducir los sentimientos en respuestas. Hay una especie de sensación, al menos, de que algo se puede organizar, aunque sea un colectivo pequeño. Hay que tomar esa energía, esas conversaciones, esos pensamientos y traducirlos de una forma que tenga una función de curita, de paño frío o de agua oxigenada. O de oxígeno, incluso. Esto es nuestro regalo.

M. V.: —El arte surge como respuesta a un presente y este presente está tomado por el cipayismo y por discursos de odio hacia nuestro pueblo. Nuestra forma de ir en contra de esos discursos es hablar de que la patria es maravillosa. Hay algo de la responsabilidad de las personas que nos dedicamos al arte que tenemos que elegir qué es lo que vamos a aportar. Pienso mucho en lo que dice Lucrecia Martel: “Hago películas para que se dé la discusión”. Era importante que este disco tuviese esa vitalidad que es la que nosotros mismos necesitamos también. Decir: esto es posible, vamos a pelear por esa patria que queremos. Nos propusimos hacer un disco que traiga aires de esperanza a este presente.

—Es lo que pasó. Ni bien salió, fue recibido con esa energía.

M. V.: —Y fue lo que nos pasó a nosotros haciéndolo. Esa emoción de decir: “Oh, qué maravilla esta patria”. Y transmitir eso. Yo pienso que es uno de los roles más importantes que tiene el arte en las sociedades.

—También hablan de los pueblos originarios, los ancestros, lo marrón.

M. V.: —En un momento pisamos el palito de querer nombrar todas las patrias. Hasta que nos dimos cuenta de que no íbamos a poder y que eso era bueno. Y entonces era importante ver desde qué lugar nosotros, teniendo la vida y las raíces que tenemos, poder nombrar toda esa patria que está pisoteada, olvidada y que tiene siglos encima de genocidio.

Duratierra: "Nos propusimos hacer un disco que traiga aires de esperanza"
«Para nosotros era importante que el material tuviese esa vitalidad que nosotros mismos necesitamos hoy».
Foto: Pedro Pérez

—¿Cómo funcionaron en este disco para crear las canciones? Juan, vos sos el compositor principal, pero ustedes también estuvieron. ¿Cómo es el proceso?

J. S.: —El año pasado estábamos girando con A los amores. Lo que hicimos fue tener algunos encuentros intensivos donde se planteó un poco en general el proyecto y después nos juntamos todas las semanas un rato por fuera del espacio de producción de la banda, de los ensayos, de la gira. Y el disco siempre pareció lejano en un punto. Y en esas juntadas se fue armando un acopio de ideas, de canciones terminadas, de fragmentos melódicos, de pedacitos de poesía. Y después, cuando llegó el verano, hicimos un nuevo intensivo, grabamos todo lo que teníamos. Y después nos juntamos a terminarlas. Fue bastante complejo porque a todos nos atravesaba esta temática y te da una sensación de responsabilidad político-histórica que no dialoga tan fluidamente con la creatividad y la libertad. Hay que encontrar el punto donde esas dos cosas se retroalimentan y uno puede verdaderamente expresar algo que siente.

—¿Y cómo fue el tema de jugar con los géneros y que después le pusieran esos nombres tan graciosos?

J.S.: —Es un poco para descontracturar. Hay algo de la sonoridad nueva de la banda. A los amores tenía el piano como instrumento central y este tiene la percusión y las guitarras y las cuerdas, aparte de las voces, que están siempre. “Rústica” fue la palabra que nos ayudó a encontrar una sonoridad. En contraposición a lo que veníamos haciendo, hubo algo de que las canciones tuvieran energía de vivo. Y eso en el folklore es danza. Entonces hubo mucho de probar las canciones, que yo las tocara y Valen y Nico las bailaran. “¿Está bien la forma? Acá le sobra algo, pero es orgánico. Si lo tuvieras que bailar en una peña, ¿se entiende?”. Este disco estuvo marcado por una sonoridad de querer tocar hacia afuera y que la gente lo goce con su cuerpo. ¿Y qué pasó? Que no nos sale hacer las cosas tradicionalmente exactamente como son, porque las canciones por adentro están llenas de guiños, de otras ideas rítmicas y de otras cosas que también nos constituyen.

—¿Cómo fueron convocando a los invitados?

M. V.: —Algunas cosas estaban misteriosamente desde siempre, como la certeza de que queríamos que el disco empezara con Susy Shock y terminara con Liliana Herrero. Con Susy fue muy especial: le contamos de qué hablaba “Tesoro”, le pasamos la letra y, en 40 minutos, nos mandó un texto que acababa de escribir. Y con Lili pasó algo parecido. Desde que Juan hizo “La Patria Viva”, todo el tiempo escuchábamos su voz dentro de esa canción. Sentíamos que nadie más podía cantarla. Después aparecieron otras voces y músicos que también forman parte de nuestra historia: Cucuza Castiello, Noe Recalde, Diego Cortez, Fede Nicolao, Fede Siksnys, Pablo Farath, Clara Presta y Emiliano Greco. Nos interesaba que el disco tuviera muchas voces, porque eso también expresa lo que queremos decir: que esta patria necesita ser cantada desde la pluralidad y no solamente desde nuestras voces. «

¿Cuándo?

Duratierra presenta La patria viva. 20 de noviembre en el Teatro Xirgu, Chacabuco 875 (CABA).

La patria viva – Duratierra

  1. «Tesoro».
  2. «Como el color a las flores» (el escondido).
  3. «Gato para toda la vida».
  4. «Si digo noche estrellada».
  5. «¿Qué le pasa a mi patria?».
  6. «Las manos de mi familia».
  7. «Las sartenes».
  8. «A los hombres rotos de la patria».
  9. «Cara e’ perro».
  10. «La giradera».
  11. «Cielo bonaerense».
  12. «Regreso cantando».
  13. «Flores de mayo».
  14. «La patria viva».

Una patria cultural hecha de cruces y herencias

En La patria viva, Duratierra no solo presenta nuevas canciones: también deja explícita la trama cultural de la que forman parte. La lista de agradecimientos funciona como un mapa de influencias, afectos y aprendizajes que atraviesan distintas generaciones y tradiciones de la música popular argentina. Allí conviven Armando Tejada Gómez, Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, el Cuchi Leguizamón, Hilda Herrera, Chango Farías Gómez, Atahualpa Yupanqui, Raly Barrionuevo, Raúl Carnota, Rodolfo Sánchez, los Hermanos Ábalos, Domingo Cura y Alfredo Ábalos, junto con artistas y espacios de procedencias y lenguajes diversos.
También aparecen referencias que desbordan los límites más reconocibles del folklore: el Indio Solari y Los Redondos, Los Gardelitos, Ale del Prado y Marlene Wayar. La enumeración dice, en ese sentido, tanto de lo que Duratierra escucha como de la manera en que entiende la música popular: como un territorio en movimiento, construido por cruces, herencias, búsquedas y comunidades.
“Nos reconocemos dentro de un movimiento que viene desde hace muchos, muchos años, de gente que nos ha inspirado un montón”, explica Micaela Vita. Para la cantante, el camino de la banda también tiene que ver con reconocer que están haciendo algo “a partir de lo que otra gente ha dejado en el camino”. Por eso la lista no es un gesto protocolar. “Nos parecía importante nombrarlos porque es gente que ha construido esta patria cultural que somos también”, señala.
Valen Bonetto cuenta que durante el proceso de composición el intercambio de referencias fue permanente: “Che, escuchá este disco”, “mirá cómo resolvieron”, “me gusta cómo suena”. También leyeron y buscaron materiales vinculados con esa tradición. Fue, dice, un ejercicio de investigar, desarmar y “bucear adentro” de músicas y palabras. Por eso aparecen Tejada Gómez, el Nuevo Cancionero, Castilla, Antonio Esteban Agüero. “Te ponés a leer eso y decís: mirá todo lo que pensaron estas personas, lo que construyeron alrededor de este mundo”, resume Juan Saraco.

​Espectáculos – Tiempo Argentino

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