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El famoso actor de Hollywood que quebró su equipo de fútbol

Ryan Reynolds y el subibaja financiero con el Wrexham galés.

Por José Luis Lanao

Hubo un tiempo en que la derecha tenía tres vacas sagradas: el director del banco, el cura párroco y el sargento de la policía. Entonces las cosas estaban en su sitio, Dios en las alturas y las escrituras de propiedad bajo llave en el cajón de la cómoda. A la derecha ni siquiera se la llamaba derecha sino gente de orden, conservadora, familiar. Una derecha que no tenía que meter mano en el caudal. Para eso ya estaba el Código Civil, el Código Mercantil, las notarías y los registros de la propiedad. Por eso, es inexplicable que una derecha que venía de una educación tan refinada, que sabía tan bien manejar los cubiertos del pescado, se comporte en la política de hoy con un estilo tan tabernario, tan soez.

Desde siempre la derecha económica ha dominado la banca, las empresas, los medios, la publicidad, los jueces, los militares, la comida, la ropa, el petróleo, las armas, y ahora, internet y el fútbol. Sí, el fútbol también. A calor de la pasión se fueron arrimando, sin verlos venir, oligarcas, políticos, millonarios, famosos, delincuentes, magnates, gestoras de fondos, fondos de inversión, fondos soberanos, fondos “buitres” y fondos “palomas”, que son lo mismo: los dos se te cagan encima.

Sabemos que todo lo que te dice el mercado al oído es para acostarse contigo. La esperanza consiste en creer que es posible hacer realidad horizontes difíciles. El actor de Hollywood Ryan Reynolds (“Blade”, “X-Men”), se compró, en 2021, un equipo de fútbol como quien se compra un cepillo de dientes. Una forma de enseñar a los medios los dientes blancos, muy blancos. La atención fue mayúscula. Junto a su amigo y también actor, Rob McElhenney (“Colgados en Filadelfia”), adquiría el equipo galés Wrexham, por 2 millones de libras esterlinas. Desde entonces la popularidad del club aumentó considerablemente, en especial tras el documental “Welcome to Wrexham”, que narraba la propiedad de los actores y la conquista de tres ascensos consecutivos en la liga, hasta la segunda división del fútbol inglés.

No satisfechos con el éxito deportivo, buscaron recoger beneficios vendiendo una parte minoritaria de la entidad a la empresa Apollo Global, con sede en Nueva York. El dinero fue a parar a la empresa Argentex, con sede en Londres, que anunció suspensión de pagos en julio de 2025, como resultado de operaciones especulativas de cambio de divisas fallidas, según los documentos presentados en el Reino Unido, y publicados por la agencia Bloomberg. Argentex gestionaba, además, lo que los administradores describieron como “servicios bancarios alternativos”, que incluían cuentas de dinero electrónico multidivisa y “ciertos servicios de pago conectados”, según muestran los documentos presentados.

Desde finales de enero, el Wrexham y sus aficionados se encuentran en quiebra técnica. Así actúan los intereses privados -especulando en una realidad de casino- sobre intereses que deberían ser públicos. El verdadero “sueño americano” se edifica sobre la premisa de que todo puede ser susceptible de ser privatizado, hasta las pasiones.

Uno se pregunta en qué momento el fútbol pasó a ser el “cortijo” de oligarcas ultraliberales obsesivos por los sistemas desregulados. Creadores de sociedades pantallas, trasladando sus beneficios a territorios de baja o nula tributación a través de complejos entramados societarios que han proliferado al calor de la globalización y la digitalización de la economía.

El fútbol es uno de los grandes negocios de nuestro tiempo. Menos para los invisibles que llenan los estadios y los construyen, que compran camisetas a plazos, y que toda su historia se reduce a sacar un jornal para seguir tirando con esa sensación de vulnerabilidad en el rostro y en los bolsillos.

Nuestro verdadero equipaje son las emociones, las ideas, lo que sabemos, lo que hemos leído, soñado, deseado, nuestros sentimientos, nuestras pasiones y también los placeres que nos hemos otorgado. Lugares apacibles donde refugiarse de este temporal ultraliberal que nos devora.

(*) Periodista, ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79

Fuente: Página 12

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