
El palmarés de la derecha: entre el relato macroeconómico y la devastación social
Un análisis profundo sobre las falacias del modelo liberal y la verdadera conquista popular en la voz de Sergio Centenaro.
En el ámbito deportivo suele utilizarse la palabra “palmarés” para referirse a la acumulación de trofeos, conquistas y logros acumulados por un atleta o una institución a lo largo del tiempo. Sin embargo, en el debate político actual, este concepto ha sido apropiado por los sectores conservadores para ostentar un supuesto catálogo de éxitos económicos. La derecha continental y nacional blande permanentemente este historial como si se tratara de una credencial intachable de idoneidad técnica. Frente a esta narrativa, resulta indispensable interrogar qué hay detrás de esa jactancia y cuáles son las verdaderas consecuencias humanas que se ocultan tras la escenografía de las métricas financieras.
Los defensores de los proyectos liberales celebran de manera sistemática lo que definen como la consecución de la estabilidad macroeconómica y la contención inflacionaria. Para justificar estos resultados, apelan históricamente a la aplicación de “disciplinas fiscales rigurosas” que redujeron los procesos de hiperinflación. Asimismo, cantan loas a la apertura comercial irrestricta, la atracción volátil de inversiones extranjeras y la privatización encarnizada de los servicios públicos esenciales, postulando que la desregulación estatal en minería, energía y telecomunicaciones representa la única vía para dinamizar la matriz productiva.
No obstante, la contrastación empírica y periodística de estas banderas revela un saldo diametralmente opuesto para las grandes mayorías. La contrapartida de la desregulación no ha sido el bienestar general, sino una profundización dramática de la desigualdad social y una concentración exorbitante de la riqueza. La apertura importadora desmantela el entramado industrial, precariza el empleo formal y mercantiliza derechos básicos como la salud y la educación pública. A ello se suma la colocación de grilletes financieros mediante el endeudamiento externo sistemático con el Fondo Monetario Internacional, subordinando la soberanía de la nación a recetas uniformes de ajuste.
El repaso de la historia democrática argentina reciente permite desmontar este relato en cada uno de sus ciclos. Durante la década de 1980 y 1990, bajo la premisa de la convertibilidad donde se prometía que “un peso es igual a un dólar”, el régimen de Carlos Menem fue presentado como el modelo definitivo de modernización. La realidad posterior demostró que el precio pagado fue la destrucción de la industria nacional, niveles récords de desocupación y una crisis estructural que empujó a millones de familias a la indigencia antes del colapso institucional del modelo.
De manera análoga, el ciclo iniciado en 2015 por Mauricio Macri publicitó como victorias la eliminación del cepo cambiario y el reingreso a los mercados internacionales, lo que derivó en la devaluación sostenida de la moneda y la toma de un endeudamiento histórico de 57.000 millones de dólares. En la actualidad, bajo el gobierno de Javier Milei iniciado en diciembre de 2023, sus voceros destacan el logro de un superávit fiscal mensual y la desaceleración inflacionaria. Sin embargo, estas cifras descontextualizadas encubren una severa recesión interna, la pérdida aplastante del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, y un incremento alarmante de los índices oficiales de pobreza.
Esta discrepancia entre las estadísticas oficiales y la experiencia cotidiana de los ciudadanos es alimentada por lo que se denomina una “guerra cognitiva”. A través de este dispositivo de disputa cultural, los factores de poder moldean la comprensión pública de lo tangible, procurando que las propias víctimas del ajuste justifiquen el deterioro de su calidad de vida. Se naturaliza así la pérdida del salario indirecto, el desmantelamiento de las paritarias y la privación de horizontes de progreso para los jóvenes y los adultos mayores, vendiendo la ilusión óptica de un liderazgo redentor surgido de la nada.
En contraposición a este catálogo de certezas simuladas, existe un verdadero palmarés popular basado en la distribución equitativa de la riqueza y el acceso irrenunciable a la dignidad humana. Ese legado se encarna en la figura de Cristina Fernández de Kirchner, quien habiendo garantizado derechos de inclusión histórica se encuentra hoy perseguida y proscripta por los mismos grupos de poder que se beneficiaron de las privatizaciones. Frente a la venta de humo y la recesión planificada, la reconstrucción de la justicia social y la soberanía económica se impone como la única alternativa genuina para el futuro del pueblo argentino.



