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Evita eterna, Cristina libre

Lealtad y amor por la Patria

Mientras existan dos argentinos dispuestos a defender al pueblo antes que venderse al oro extranjero, el ejemplo y el mensaje de Evita seguirán despertando conciencias e inflamando corazones, seguirán movilizando el patriotismo y manteniendo encendida la llama de la lealtad.

Por La Cámpora
Si recorremos los discursos de Evita, encontraremos que nada era más importante para ella que la lealtad. Que hay que aprender a dar la vida por Perón es una de sus prédicas más famosas y ardientes. Este culto de la lealtad, sin embargo, es mucho más que una devoción personal. Se trata, directamente, de una condición de existencia, que tiene sus raíces en el amor a la Patria. La razón es sencilla: no es posible darse la vida a uno mismo. El amor que sentimos por nuestro suelo es, al igual que la lealtad política, la mejor manera de recordarlo y agradecerlo.

No se ama, ni se es leal, por cálculo o interés. Se ama a quien nos da vida. Antes de conocer a Perón, Evita no era Evita sino Eva Duarte. Antes del 17 de octubre de 1945, había trabajadores y trabajadoras explotados, sumergidos en la tristeza y la frustración; solo después de aquel memorable acontecimiento aparecerán los descamisados y el pueblo entrará en la historia como sujeto político. El pueblo rescató a Perón porque, en cierto sentido, Perón había rescatado al pueblo. Y en paralelo, Perón se convierte en Perón gracias a ese mismo rescate. La reciprocidad es el corazón de la lealtad, que es siempre a dos puntas.

Pero lo que también permite la lealtad es politizar el amor a la Patria. La Patria son nuestras tierras, nuestras montañas y nuestros ríos; los muertos que añoramos y las posibilidades que anhelamos; la bandera y el himno, la lengua y la historia; la comunidad que nos abre las puertas y nos hace un lugar; el trabajo cotidiano y el descanso merecido; el amigo que sufre y el extraño que nos viene a socorrer. En definitiva, como nos enseñó Cristina, la Patria es el otro. No es una posesión sino una pertenencia compartida. No somos dueños de la Patria sino sus hijos y, por lo tanto, hermanos en ella. La Patria la recibimos en herencia y, como toda herencia, engendra una responsabilidad.

La reciprocidad es el corazón de la lealtad, que es siempre a dos puntas.

Cuando Evita explica que el capital no tiene Patria ni bandera se está refiriendo a que carece de toda preocupación por el cuidado de lo que nos es común y que, si no es humanizado, tiende a saquear y dejar tierra arrasada ahí donde se instale. Esa Argentina en la que el problema más serio “era la explotación del hombre por el hombre y, por otra parte, la entrega constante de la Patria a la potencia extranjera que pagara más”, fue la Argentina que vivió Eva Duarte antes de conocer a Perón. Y por eso la misión de Evita consistió básicamente en mitigar dolores y restañar heridas, en hacer una obra de reparación y justicia, en transformar a los desamparados y desamparadas en una organización política,  porque sólo un pueblo empoderado es capaz de defender aquello que ama. Así, para construir la felicidad del pueblo el peronismo tuvo que empezar por devolverle la dignidad al pueblo. Y es el pueblo dignificado el que por sobre todas las cosas es leal, como expresó Evita el 17 de octubre de 1950:

“Por eso todo el pueblo está de pie y se solidariza con los descamisados del 17 de Octubre de 1945. Observa, vigila y hace de la lealtad su culto, su ley y su bandera. Lealtad que hace temblar la plaza histórica en la noche del rescate; lealtad que se hará justicia con su propia mano el día de la traición; lealtad que sólo pueden sentir los que quieren a la Patria y no se venden al oro extranjero; lealtad de los amigos que juntos forjaron el destino de la Patria y el fervor del pueblo que los sigue; lealtad de todo un pueblo que siente que en su alma no cabe la traición, y cuando la sospecha pasa como una sombra hay un solo grito:¡La vida por Perón!”.

Hoy nuestro pueblo padece las mismas humillaciones y los mismos atropellos que en los años de la Década Infame en los que Eva creció. Años de entregas desvergonzadas, de fraude sistemático, de familias rotas. Eva, no lo olvidemos, era una bastarda, como miles y miles de argentinos y argentinas que sólo fueron reconocidos una vez que sublevaron el subsuelo de la Patria y se hicieron ver y escuchar. En contraposición, el gobierno de Javier Milei, vasallo de Donald Trump y el FMI, quiere convertir el subsuelo de la Patria en enclaves neocoloniales, para que el gran capital venga a extraer y apropiarse nuestras riquezas y nuestras potencialidades, a cambio del maldito oro extranjero que seduce y corrompe a los vendepatria, mientras devastan nuestros bienes naturales comunes y nos endeudan cada día más. Por eso el RIGI y el Súper RIGI, por eso quieren derogar las restricciones de la Ley de Tierras y la Ley de Manejo del Fuego, por eso esta semana visitará el país -y Vaca Muerta- Kristalina Georgieva, por eso tienen a Cristina presa y proscripta. La campaña antiArgentina se opera y ejecuta desde afuera y desde adentro.

…lealtad de todo un pueblo que siente que en su alma no cabe la traición, y cuando la sospecha pasa como una sombra hay un solo grito:¡La vida por Perón!”.

Evita

Como militantes peronistas, tenemos muy claro que defender a la Patria es una obligación innegociable. Una Patria que cobija y abraza a hombres y mujeres de todas partes del mundo, sin preguntarles de dónde vienen, cuál es su color de piel ni cuánto dinero traen, siempre que colaboren a su engrandecimiento. Una Patria cuyos hijos liberaron medio continente y labraron una doctrina de amor e igualdad, destinada a todos los pueblos que quieren vivir con dignidad. Una Patria que nos regaló y encomendó el infinito orgullo de ser argentinos. Una Patria que dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas. Por ella juramos con gloria morir. Como Evita el 26 de julio, que volvió para ser millones continuando su legado:

No nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras y entregan al Pueblo de su Patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias; porque nosotros vamos a cuidar a Perón más que si fuera nuestra propia vida; porque nosotros cuidamos una causa que es la causa del Pueblo, que es la causa de la Patria, que es la causa de los ideales que hemos tenido en nuestros corazones, durante tantos años”.

La lealtad, finalmente, es hacernos dignos de la herencia recibida. Evita fue una mujer que transformó el agradecimiento en compromiso, el amor a la Patria en justicia social y la lealtad en la más alta de las virtudes políticas. Mientras existan dos argentinos dispuestos a defender al pueblo antes que venderse al oro extranjero, el ejemplo y el mensaje de Evita seguirán despertando conciencias e inflamando corazones, seguirán movilizando el patriotismo y manteniendo encendida la llama de la lealtad. Evita eterna, Cristina libre.

Fuente: lacampora.org

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