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​Feli Colina: «La ira es una emoción muy condenada en las mujeres, pero celebrada en los hombres» 

La cantante y compositora salteña, considerada una de las figuras más creativas de la escena actual, presenta “La otra mejilla”. Las nuevas canciones proponen un recorrido donde el conflicto y la rabia se convierten en motor de transformación.

Por Sofía Dalponte Roibás

Feli Colina es una constructora de sensaciones. Su música no parte necesariamente de una idea que después busca una forma, sino de estados que necesitan encontrar un lenguaje propio para volverse canción. En La otra mejilla, esa búsqueda se despliega sobre un territorio emocional intenso y cambiante, donde la ansiedad, la ira, la frustración y la euforia conviven sin acomodarse en una explicación tranquilizadora. El disco trabaja justamente con esa inestabilidad: en lugar de domesticar lo que siente, la artista le da espacio, volumen y distintas formas hasta convertirlo en una experiencia sonora.

La cantante y compositora salteña recibe a Tiempo en su casa. Allí recuerda cómo intentó explicarle a Nan Q, coproductor del álbum y recién llegado a su universo, lo que necesitaba para cada uno de los temas. Quería que el trabajo transmitiera la sensación de “estar subiendo una escalera mecánica al revés”. En “Numen”, por ejemplo, le dijo: “Hagamos que el coro se chupe, que el bajo aparezca y se chupe”. ¿Pero cómo traducir eso en sonidos? Para explicarlo, deja el mate, se levanta del sillón, se acerca y toma de los hombros a su interlocutora. Casi de la nada la empuja hacia atrás —tal como había hecho antes con el productor— para recrear físicamente aquello que intentaba transmitirle. Entre risas, cuenta que después tuvo que pedirle perdón.

-¿Por qué sentís que La otra mejilla es tu disco más ambicioso?

-Fue la primera vez que me tomé unos buenos meses de estudio. Pienso mucho la paleta tímbrica antes de accionar. Feroza (2019) fue grabado en una semana. Con El valle encantado (2022) fue algo similar. Con Los infernales me di un poquito más de tiempo. Pero ahora estuve todo el año pasado con Nan Q, que es el coproductor del disco. Tuve tiempo de acomodar cada partecita. Es la primera vez que puedo explayarme tanto. Es mi primer álbum independiente después de mucho tiempo. Hubo una modificación total del equipo. Ahora está el desafío de armar todo eso en vivo. Hay instrumentos que nunca usé en vivo, como cello, contrabajo y muchas cosas nuevas. Me estoy mandando como si supiera, y en el camino veremos (risas).

Feli Colina: "La ira es una emoción muy condenada en las mujeres, pero celebrada en los hombres"

-¿Cómo fue el proceso creativo?

-En general, soy de estar encerrada en mi casa. Por un estilo de vida. Paso mucho tiempo sola, todo el tiempo pensando cosas, me abstraigo. Pero en este disco me faltaban cosas. Tenía frases que no había terminado de algunos temas o partes enteras que decía: “acá le falta una parte B y no sé qué hacer”. Por eso llamé a amigos. Todo este proceso fue abierto con Nan, y la visual con Vale (Bertuccelli) también fue muy compartida. Hay varios coautores y cocompositores en las letras. Es mi disco más abierto. Acudo a colaboraciones cuando ya tengo en claro cierta sensación. Le mostré el proceso a mi suegro (Vicentico) y le pregunté: “¿y qué opinás?”. Me dijo: “subí un cachito más la voz, hay que bajar un poquito más esto”. Con él también pensé el orden de los temas. Compuse con mi pareja (Florián) y con mis amigos.

-¿Cómo surgió la idea de la filmación del disco? Se evoca mucho tu infancia.

-Mi infancia era como una casa detonada y abandonada. En algún momento sentí que esa casa tenía a todas las Feli horribles. Así que había decidido tapiarla y que no la vea nadie. Tenía la sensación de que la ira, la megalomanía y la frustración no las podía dejar salir porque son emociones inmaduras. Como enojarme. Y una vez estaba en lo de Vale (Bertuccelli) y me mostró un libro de Alessandra Sanguinetti de unas nenas jugando con lo que había. Eso me dejó pensando. También revisé muchos VHS de mi infancia y empecé a ver a mi abuela llevando la escalera con un pucho en la boca, o a mi hermano en el jardín, muy cerca de un rifle de aire comprimido. Decíamos: “¡qué bestias!”, pero nos gustaba mucho la imagen. Yo bailando temas de Bandana, las Spice Girls, todo. De hecho, hay bailes específicos que están copiados. Y bueno, sentí la necesidad de por fin sacar todo eso para afuera.

-¿De qué manera incorporaste nuevos sonidos?

-Vivía en una casa que tenía una obra en construcción al frente, muy molesta. Y bueno, algo de ese sonido estaba queriendo entrar en mi oído: busqué darle la vuelta para no ponerme de tan malhumor. Traté de vivirlo con curiosidad, por lo menos, ya que iba a estar ahí todo este chaperío. Hace años que toco con Conce Soares, la percusionista de la banda, que es bahiana y me mostró muchos patrones rítmicos e instrumentos brasileños que tienen mucho de esto: mini redoblantes, el pandeiro, que es esta mezcla de cuero y metal. Los agogós, que son las campanitas… Después extrañaba cierto rock, algún fuzz y las capas de voces que utiliza Babasónicos, por ejemplo. Nunca había escuchado música clásica. Baltazar Oliver, el pianista con el que tocaba antes, había vuelto a estudiar y tocaba algunas músicas que me intrigaron: la cuerda frotada, ese tipo de timbres.

Feli Colina: "La ira es una emoción muy condenada en las mujeres, pero celebrada en los hombres"
«Soy de estar encerrada en mi casa. Me paso todo el tiempo pensando cosas».
Foto: Pedro Pérez

-¿Cómo jugaste con el lenguaje en este disco? ¿Fue algo escrito o improvisado?

-No soy muy buena improvisando. Lo intento, es algo a lo que juego escondida en el baño, pero soy muy de restringirme. Siempre estoy escribiendo: hay días en los que estoy más inspirada y tengo una sensación de estornudo que me está tirando unas palabras que después leo. Estuve leyendo bastante más. Tengo un amigo que se llama Felipe Romeo, que es poeta, y con él elaboramos pensamientos hace tiempo. Empecé a leer a Oliverio Girondo, que tiene algo súper lúdico con el lenguaje y encarado desde lo sonoro: usa palabras como “cielo”, “rara”, “multiforme”, que tienen más que ver con la fonética que con el significado. Ni hablar del estribillo de “Algún día”, que tiene directamente palabras inventadas. A Fernando Pessoa también lo leí, me pareció como la poesía perfecta. Simple pero a la vez súper profunda. Estuve entre todas esas cosas y sigo conociéndome a través de escribir.

-¿Cómo te imaginás la presentación en vivo?

-Están todos muy entusiasmados en la banda, con ganas de hacerlo perfecto, compromiso total. Así que eso es para mí un lujo, la verdad. Va a ser una locura: todos con sus laboratorios tocando de todo, porque es muy maximalista la producción del disco y queremos llevarlo a que esté tocado lo más orgánico posible. Estoy pensando cómo lo voy a llevar físicamente: lo voy a ir descubriendo show a show. Pero ya estoy pensando un poco los vestuarios, la paleta de colores, la puesta.

-¿Cómo recibís los comentarios de tu público?

-Me encantan. Hay emociones mal vistas, específicamente en mujeres. La ira es una emoción muy condenada en mujeres, pero celebrada en los hombres. Si un chabón se enoja, pone un límite a los gritos. Al presidente ridículo que tenemos muchos le festejan cualquier barbaridad que diga. Y, a la vez, es un mundo que se la pasa diciendo “no a la violencia, ay, seamos buenos”. Pero vivimos en el medio de una máquina de matar, con todas las violencias posibles. Creo que encontrarle una vía a esas emociones es necesario. Si no, reprimimos y vivimos haciendo daño. Ojalá haya personas por el mundo con el disco haciendo así: “grrrrr”, que después salgan y digan “hola, buen día” (risas). Los momentos de descarga son necesarios.

Feli Colina: "La ira es una emoción muy condenada en las mujeres, pero celebrada en los hombres"
La otra mejilla llegará al vivo en pocas semanas.
Foto: Pedro Pérez

-En “Don” cantás “quiero amigarme con el mundo”. ¿Cómo se hace para amigarse con este mundo?

-Acercándonos. Porque el mundo desde lejos, que es, para mí, el que uno ve en internet, es una cosa espantosa. Pero el mundo real, cuando salimos a la calle, no es tan así. Estoy segura de que el 70% de las personas del mundo es buena. Yo voy a la calle y veo gestos de ternura entre personas. Cuando lo vivo con mi cuerpo, veo belleza, lazos, esperanza. Me pasó que me inviten a varias escuelas primarias por “Aguatera”, una canción que se cantó mucho en los colegios. Y vi a esas maestras tratando a sus alumnos con tanto amor, envalentonando a los niños a que canten. No sé, cualquier contacto con la vida de carne y hueso es, por lo general, esperanzador. De ahí, obvio que te encontrás con escenas feas también. La vida tiene de todo, pero siento más fe cuando uso el cuerpo que cuando uso el celular, en contacto con el mundo. «

¿Cuándo?

Feli Colina presentará La otra mejilla el miércoles 28 de octubre a las 21 en Niceto Club, Cnel. Niceto Vega 5510 (CABA).

Feli Colina: "La ira es una emoción muy condenada en las mujeres, pero celebrada en los hombres"
Foto: @joselinabrignone

La otra mejilla – Feli Colina

  1. «LOM».
  2. «Algún día».
  3. «Ingrata».
  4. «Demasiado nada».
  5. «Megalómana».
  6. «Destruirte y amarte».
  7. «Amituofo».
  8. «Numen».
  9. «Eterludio».
  10. «Flor».
  11. «Ninguna».
  12. «Euforia».
  13. «Vas a encontrar».
  14. «Don».
  15. «H.B.D.».

Una cajita, un mantra y una canción

Como muestra del detallismo que caracteriza su último disco, Feli Colina muestra una cajita que le regaló Valeria Bertuccelli, con la forma de un viejo grabador de voz o cámara de fotos
analógica, amarilla y con una imagen budista. Reproduce distintos mantras y los saltea, hasta que suena el que sampleó, “Amituofo”, que es lo que le da nombre a esa canción. Es una frase similar a “la dulce vida”, pero acelerada y en chino.

Feli Colina: "La ira es una emoción muy condenada en las mujeres, pero celebrada en los hombres"
«Empecé a leer a Oliverio Girondo, que trabajaba con el lenguaje de una forma lúdica y sonora».
Foto: Pedro Pérez

En ese mismo tema canta, con el mantra de fondo: “respiro hondo, siento cómo el aire entra frío, sale caliente, relajo cualquier músculo que se esté tensando”, y vuelve a su voraz despliegue de poesía. Música y letra tienen un norte muy claro que se aplica a esta canción y al disco en general: “siento la responsabilidad de entregarme a mis procesos psicológicos y emocionales a pleno para plasmarlos en mi obra”.

«Me invitaron a varias escuelas primarias por la canción ‘Aguatera’. Es emocionante el amor que ponen muchas maestras».

​Espectáculos – Tiempo Argentino

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