Cultura y Espectáculosprincipales

Mariano Cabral y la génesis de la Resistencia: cuando la Juventud Peronista tomó la calle Corrientes

En su última columna del ciclo 2025 de “Pasado de Revoluciones”, el historiador Mariano Cabral puso la lupa sobre un momento fundacional de la militancia argentina: el nacimiento de la Juventud Peronista tras el golpe de 1955. Cabral explicó que, tras la proscripción, surgió un movimiento que debió operar desde las sombras, describiendo ese momento como “ese peronismo que pasa a la clandestinidad, que pasa a ser prohibido su partido disuelto”. Esta etapa, marcada por la persecución, dio lugar a una “resistencia más inorgánica, pero no del todo inorgánica”, donde comenzaron a organizarse células pequeñas articuladas con la conducción nacional.

Lo llamativo de este fenómeno, según relata el historiador, es quiénes protagonizaron esta irrupción política. Se trataba de muchachos muy jóvenes, de apenas 15 o 16 años, que compartían un rasgo común: “fueron niños en la etapa del peronismo”. Estos jóvenes eran, en palabras de Cabral, “esos privilegiados del peronismo”, aquellos que habían disfrutado de los hoteles sindicales y de una reivindicación social plena, y que ahora se preguntaban por qué no podían cantar la marcha ni expresar su identidad política en una Argentina que se autoproclamaba democrática.

Entre las figuras destacadas de este núcleo originario, el columnista resaltó a Cacho El Kadri y a Gustavo Rearte, señalando que esta primera juventud tenía una “impronta obrera muy importante”. Los puntos de encuentro se volvieron míticos, como la esquina de Corrientes y Esmeralda, citada por Scalabrini Ortiz como el lugar del “hombre que está solo y espera”. Allí, estos jóvenes se reunían para, “provocadoramente cantar la marcha peronista hasta que llegara la policía a correrlos”, marcando presencia en el centro porteño.

Cabral también sorprendió con una anécdota poco conocida sobre la conexión internacional del movimiento, involucrando a un joven Fidel Castro durante el Bogotazo en Colombia. Según archivos de inteligencia citados por el historiador, “el primer fichaje de Fidel Castro en una nota en la CIA lo identifica como joven cubano, pero joven peronista cubano”. Esto se debió a que su presencia allí respondía a la formación de un Congreso de Juventudes latinoamericanas “que estaba financiando Perón”, demostrando el largo brazo del peronismo en la región mucho antes de la Revolución Cubana.

El relato histórico avanzó hacia la radicalización de estos grupos, influenciados posteriormente por el triunfo de la Revolución en Cuba en 1959, lo que instaló la idea de que “la guerrilla podía ser el medio de realizar una revolución social”. Sin embargo, en sus inicios, la organización se nucleaba en torno a la resistencia y a órganos de prensa como el periódico “Trinchera de la Juventud Peronista”. Cabral destacó el apoyo de sindicatos como el de Farmacia, dirigido por Jorge Di Pasquale, vital para “fomentar a esos, a esos primeros, estos jóvenes peronistas”.

Para cerrar el ciclo, el historiador reflexionó sobre el programa político que estos jóvenes abrazaron, el cual reproducía los lineamientos de Huerta Grande: nacionalización de la economía y control estatal. A esto, la JP le sumó una bandera emotiva y movilizadora: “la restitución del cuerpo de Eva Perón”. Así, Cabral concluyó un año de análisis histórico reivindicando a esa generación que, ante la amenaza de muerte por pensar distinto, decidió “enfrentar ese riesgo y seguir adelante”.

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