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​Patricia Ratto: “El que determina qué es lo monstruoso es el que tiene el poder” 

Cuentos extraños

En “Cuidado al entrar”, su nuevo libro de cuentos, la narradora tandilense deja enrarecer lo cotidiano a partir de la aparición de animales: cuestiona la noción de lo real.

Por Patricio Féminis

“Escribo para estar encerrada sola con mis galgos, caminando por la sierra”, confía Patricia Ratto (1962) desde Tandil. Y también los animales estimulan las intrigas de su narrativa: en Cuidado al entrar, su nuevo libro de cuentos, lo cotidiano se enrarece y diversas criaturas hacen replantear preguntas acerca de lo monstruoso: ¿A dónde reside en realidad? ¿Acaso no espera en los intersticios del poder? La aparición de un ser con cabeza de perro, ballenas, mirlos, lagartos, hormigas, perros dromedarios y una mujer a la que le crecen alas desafía los límites del bien y el mal. Los animales, aquí, son vehículos para cuestionar la realidad.

Cuidado al entrar (el quinto libro de Patricia Ratto en Adriana Hidalgo editora) contiene once relatos en los que un clima establecido se vuelve extraño, exasperante e incluso seductor, a partir de la aparición de los animales. El juego entre lo normal y lo sorprendente se despliega con soltura y potencia en los cuentos de Ratto y lo supuestamente inverosímil deviene la nueva realidad. A veces sin sobresaltos, otras con violencia, siempre con fluidez en la prosa y en las escenas. Lo no humano es el catalizador para que lo monstruoso, no siempre en ellos, sí en lo social, aflore en toda su condición.

Realidad extraña en los cuentos de Ratto

¿Cómo lo ve Ratto? “La reunión de estos cuentos se detonó por dos cuestiones -dice-. Una es la presencia de los animales, que es algo que está en mi literatura, aunque hasta hace tiempo yo no había tomado conciencia. Mi anterior libro de cuentos, Faunas, de 2017, ya lo planteaba. Pero en Cuidado al entrar yo quería que los animales funcionaran de otra manera: para mí aquí operan como los reactivos en química. El reactivo es una sustancia que se agrega a otra y termina volviendo visible algo que no veíamos a simple vista”.

Entonces, “me parece que en estos once cuentos los animales están funcionando como los reactivos, para volver evidente algo de la condición humana que estaba como velado, y para, justamente, quitar el velo a eso que habíamos dejado de ver y que es parte de nosotros”. Eso le da una unidad al libro: en todos los cuentos hay animales, aunque con distinto nivel de protagonismo, para “mostrar cosas de los seres humanos”. Y, por otro lado, en estos cuentos “hay una constante, que tiene que ver con situaciones de habitualidad, de cotidianeidad o de rutinas, en las que poco a poco la atmósfera se va enrareciendo”.

Patricia Ratto

Ratto deseaba que ese enrarecimiento “pusiera en cuestión aquellas cosas que terminamos por normalizar todos los días”. En el primer cuento, que le da título al libro, una mujer en una residencia para adultos mayores recibe por la ventana a un personaje que “primero parece un animal y luego se da cuenta de que es un joven con cabeza de perro, y lo llama ‘cinocéfalo’. Con él conversa, comparte películas, y un día, mirando una reproducción de ‘La anunciación’, de Sandro Botticelli, en donde hay un ángel con un bello rostro y unas alas de pajarraco gris, ella dice: ‘¿Por qué no nos parece monstruoso un ángel y sí un cinocéfalo?’”

Allí lo vio Patricia Ratto: “Para mí eso que dice el personaje termina siendo la cifra del libro, en cuanto a quién determina qué es lo monstruoso o lo raro. Y cómo, cuando alguien lo pone en cuestión, los términos se invierten”. Cuidado al entrar pone en tensión lo habitual “y lo que llamamos raro, y hace que los animales tengan, muchas veces, esa función de reactivos para visualizar aquello que a fuerza de habitualidad dejamos de ver”, dice la escritora. ¿Cuál es su mayor desafío bajo ese eje? “Para mí siempre el gran desafío es encontrar el lenguaje para contar una historia. Por ejemplo, en el cuento ‘Quintay’, ubicado en una ballenera, yo trabajo el tono para mostrar esa crueldad que se va normalizando”.

En ese cuento “empieza a parecernos raro que la gente pierda los dientes, por ejemplo, y no todo lo que ocurre con respecto a las ballenas”, siente Ratto. Otro desafío está “en la investigación que llevo adelante para encontrarme con esa historia -explica-. Pero en general parto de cosas que tienen que ver con la realidad. Acerca del cuento ‘¿No es una belleza?’, me preguntan: ¿Cómo se te ocurrió inventar un dictador que se hace su propia estatua de oro, llama a los perros y somete a la gente a escuchar unas canciones horribles que canta?’”.

Ratto sonríe y responde: “A mí no se me ocurrió. Eso es el dictador de Turkmenistán. Vas y googleás Turkmenistán y está pasando todo eso”, determina. “También está el desafío de encontrar en este mundo en el que vivimos todas esas cosas que parece que son absurdas o extrañas, pero que no lo son porque existen. Hay que hallarlas y mirarlas, y lo que persigue el libro es volver evidente eso que dejamos de ver”. Ratto piensa en los distintos tonos de Cuidado al entrar y, entonces, halla satisfacción: “En algunos cuentos voy hacia el realismo, en otros juego con lo fantástico, o con el terror, o con el humor, e incluso con el amor. Busco sintonizar con una escritura que dé cuenta del tono que quiero lograr”.

Ese procedimiento “tensa el límite de mi propia escritura: yo necesito sentirme incómoda con lo que estoy escribiendo -siente Ratto-. Cuando me veo demasiado cómoda, digo ‘no, seguro que me estoy repitiendo, no quiero hacer esto’”. Y hay más: “Una de las cosas que fui persiguiendo a lo largo de todos estos años de escritura es cómo desarrollar el tema de la simultaneidad. Emplear los recursos del lenguaje para decir ‘mientras estaba ocurriendo esto, ocurría tal otra cosa’. Yo trato de ver de qué manera -cortando, editando, haciendo un montaje de fragmentos- logro dar esa idea de la simultaneidad”.

Esa es una búsqueda “en una novela que estoy escribiendo ahora: me gusta desafiarme”. Pero Ratto se queda pensando en varios temas en relación con los animales como reactivos para “poner algo en evidencia”: cuando aparecen aquéllos, “para algunos personajes puede ser un alivio y, para otros, una forma de verse en un espejo. En este libro, a diferencia de Faunas, hay algunos híbridos: hay perros que se comportan como dromedarios y tienen aspectos de dromedarios. Hay un médico que en algún momento, en un brazo, tiene plumas de mirlo. Hay una mujer a la que le salen unas alitas. Hay un joven con cabeza de perro”.

Patricia Ratto
Foto: Gentileza Marina Petersen

¿Qué sintió al desplegarlos? “Me gustó tensar el límite de lo animal hacia ese lugar de híbrido, de mestizaje -dice Ratto-. Tendemos a pensar que los híbridos son monstruosos ya que se corren de las clasificaciones. Pero los seres humanos nos sentimos aparte de los animales y a raíz de ese corrimiento ‘padecemos la soledad de la especie’, como dice John Berger. Entonces, en ese híbrido siento que reconectamos con esas otras especies de las que quisimos separarnos o distanciarnos. Allí también se cuestiona lo monstruoso”.

Los cuentos respiran, toman su forma ominosa a medida que se los lee y conectan mundos desiguales: “A mí me gusta poner en cuestión lo monstruoso, porque pienso que el que determina qué es lo monstruoso es el que tiene el poder”. ¿A dónde lo ve? “Estamos viviendo en una época en la que nos vamos acostumbrando a que nos maltraten, a que nos hagan a un lado, a que nos discriminen. Es una época bastante violenta y, a fuerza de repetición, empezamos a aceptarlo. ¿Quién determina qué es lo monstruoso, lo señalable, lo descalificable, lo que merece ser insultado? El que tiene el poder”.

Y el que tiene el poder también tiene la palabra. “Y la tiene para descalificarte, someterte y quitarte la voz”. Ratto da un ejemplo: “Pensemos en el cuento del dictador: la visitante, que es a una periodista, no habla nunca, porque el que tiene el poder la silencia. El poder te silencia no dejándote hablar, hablando por encima de vos o gritándote”. Pero también lo monstruoso puede estar del lado del propio poder. Aquí, Ratto piensa en otro de los relatos de Cuidado al entrar dice: “¿Dónde está lo monstruoso? ¿En esa piba que es tildada de hippie y pensada como una subversiva y viene con un perro gigantesco? ¿O en esa mujer que no tiene vida y vive de mirar la vida de los demás y está dispuesta a delatar?”.

Esa mujer “tiene el poder que le da la dictadura: el poder de ser un engranaje de una maquinaria que no hubiera funcionado sin esos cómplices silenciosos”. Y Ratto busca inquietudes en otro cuento: “¿Dónde está lo monstruoso? ¿En que el Petiso Orejudo haya sido un asesino serial porque fue maltratado cuando niño? ¿O en que en el penal de Ushuaia le cortaran las orejas porque -según Lombroso- así se iba a hacer bueno? ¿Está lo monstruoso en que dos mujeres se pelearan por papel higiénico en pandemia? ¿O en ese virus mortal? Yo quiero poner en cuestión que es lo monstruoso y quién lo determina”.

​Cultura – Tiempo Argentino

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