Locales

Reportero gráfico denunció abuso de poder por parte de guardaparques en Iguazú

Se trata del  reconocido fotógrafo misionero Sixto Fariña, quien el viernes se encontraba tomando fotografías en el área Cataratas del Parque Nacional Iguazú, fue víctima del accionar abusivo y violento de un grupo de guardaparques que le retuvo sus elementos de trabajo, con el argumento de que no poseía un permiso especial para realizar su tarea.

Según contó el damnificado, por el solo hecho de ser fotógrafo profesional lo obligaría a tener un permiso especial para sacar fotos en Cataratas, aunque éstas sean fotos privadas.

Fariña explicó que estaba realizando un trabajo privado y que una vez que pagó la entrada, accedió al área protegida sin ningún inconveniente con su equipo fotográfico.

Una vez allí, mientras paseaba junto a su hijo, Fariña tomó fotos del Parque, como cualquier visitante lo haría. Ahí comenzaron los problemas.

“Hice fotos por el pasillo (la pasarela) y la Garganta del Diablo, y allí me cruzó un fotógrafo del lugar y me dijo que estaba sacando fotos para vender. Le dije que se quedara tranquilo, que no era así, que estaba sacando fotos para una empresa y para el diario El Territorio, pero desconfiaba”, explicó Fariña.

“Aparentemente este fotógrafo avisó a la gente de Parques Nacionales; y cuando salimos hacia la zona del tren, con el grupo que había iniciado el recorrido, me paró un guardaparque y me preguntó qué fotos estaba sacando. Le expliqué lo que estaba haciendo y me preguntó si tenía un permiso escrito. Sinceramente no sabía que debía tener un permiso escrito, nunca nadie me dijo nada”, explicó Fariña.

Según relató el reportero gráfico, “el guardaparque me dijo que lo tenía que acompañar, y le dije que no, que aún me quedaban por hacer fotos en el Circuito Superior, y que estábamos por ir para ese lugar. Entonces le di mis datos. Este guardaparque me siguió en el trencito; luego me llamó el gerente de la empresa (concesionaria de atención a los turistas en el área) y me dijo que era mejor que entregara la memoria. Le respondí que no iba a entregar ni la memoria ni la cámara. Me dijo que me iban a hacer firmar un acta y que después arreglábamos”.

Pero lo peor estaba por venir, cuando en las oficinas del Parque los funcionarios le secuestraron elementos de trabajo al fotógrafo. “Me llevaron a la oficina de guardaparques, me dijeron ´tenés dos opciones: o entregás el equipo o borrás toda la memoria´. Les dije que no iba a hacer ninguna de las dos cosas. Llamaron a la Policía. Saqué una memoria que borré y la del teléfono y se las di. Al rato me llamaron y me dijeron estaba todo borrado. ´nos estas tomando el pelo´. Había dejado la cámara apoyada en el escritorio y un guardaparque la agarró y me dijo ´te la voy a secuestrar´. Me hicieron un acta que yo firme con disconformidad, pero les dije que me quedaría ahí hasta que me devolvieran la cámara”, agregó Fariña.

Siempre por el relato del profesional, luego apareció un jefe que le dijo que no le iban a entregar la cámara porque se había «portado mal» al no colaborar con ellos. «Le dije que iba a permanecer en la oficina hasta que me devolvieran la cámara y me advirtió que iba a llamar a la Policía y a la Gendarmería», indicó.

«Yo acá estoy solito, pero no me voy a ir sin mi cámara. Desde las 13 (del viernes) estoy acá, parado. Que te saquen una memoria es como que te abran una caja fuerte, yo accedí pero se pasaron. Me dijeron que en el Parque ellos son la autoridad. Yo reconocí que no tenía un permiso y en todo caso que me hagan una multa. Que le haya dicho que no le quería entregar la memoria lo tomaron como rebeldía», explicó Fariña.

«Ellos no debieron sacarme el equipo. Hoy tengo trabajo pautado en Iguazú y necesito mi equipo. Tengo mucha impotencia», cerró Fariña entre lágrimas, y esperando hasta las 21 del viernes que le devolvieran su cámara.

Lo que sucede con las fotografías en el Parque Nacional Iguazú es extraño. Hay turistas que en las últimas semanas denunciaron en redes sociales que hay puntos de la Garganta del Diablo a la que no se puede acceder porque los fotógrafos del área hicieron una especia de «corralito» a la que solo ellos pueden acceder. Es decir, un grupo de fotógrafos del Parque solo permite tomar fotos desde una posición determinada, la de mejor vista, a quienes paguen por sus servicios.

Fuente: El Territorio

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