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Trabajó 43 años en la familia pero la echaron sin indemnización ni aportes

Ésta es la cruda historia de Rosalina Páez de 60 años. Oriunda de San Javier. Toda una vida como empleada doméstica de la familia Cucchiaroni en Posadas, pero luego de la muerte de Irma, la mujer que la contrató, su hijo decidió dejarla en la calle.

Por Sergio Centenaro

Así echan a su empleada después de 43 años sin aportes

La familia Cucchiaroni o Irma Juana, en el otoño del año 1978, viajó a San Javier a buscar a una joven llamada Rosalina. Rosalina contaba con solo 17 abriles y la idea era que se ocupara de cuidar a la hija de Irma, que era discapacitada. Así empezó esta historia y todo anduvo bien mientras Irma Juana vivió. En 2020 Irma falleció y el hijo de Irma, Carlos Cucchiaroni, pasó a tener el control decisorio de todo lo que pasara en la familia. Al parecer, en los planes de Carlos estaba deshacerse de su empleada, que le dedicó más de cuatro lustros a hacerle la vida más fácil y sufriendo la negritud de su empleo.

Pese a la perfecta vigencia de leyes de protección laboral de empleadas domésticas en todo el territorio nacional, se evidencia el atrevimiento con el que argentinos explotan a argentinos sin importar las obligaciones que le caben. En 2013, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el Boletín Oficial dio a conocer la nueva ley de empleadas domésticas, formalmente denominada Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Casas Particulares. La iniciativa había sido aprobada en el Congreso el mes anterior y Cristina, en un acto en Casa Rosada, anunciaba su promulgación. Entonces, ¿Porqué vivimos como si las leyes no existieran?

Así manifestó su desconcierto Rosalina, en una entrevista

-Rosalina ¿Cuál es tu historia y que es lo que acaba de pasar aquí en Calle General Ramírez al 2000?

Me echaron de la casa como a un perro. Él me fue a buscar a mi casa. Yo tenía 17 años un 1ro de mayo del año 78. Hace 43 años que yo estoy acá y ahora me echa como si yo fuera una ladrona y todos los días venía: –yo te voy a echar-, -yo te voy a echar- y así constantemente hasta que me echó. Entonces ¿Qué querés que yo piense? Toda la vida trabajé acá, cortaba pasto, subía al mango, podaba e mango, no había lo que yo no hiciera, porque la señora (Irma) trabajaba todo el día. Cuidaba a la hija discapacitada. Todo un año la mamá estuvo enferma, le cuidé a la madre un año enferma, más la hija discapacitada, aparte yo soy diabética y ni así yo zafé de cuidar a la mamá y la hija ¿Me entiende? Entonces, eso quisiera que pusiera: Carlos Ernesto Cucchiaroni el echador de personas después de 43 años.

Hace 43 años que yo estoy acá y ahora me echa como si yo fuera un perro

¿Vos te sentías parte de la familia ya?

Sí, porque ellos me dieron lugar. Yo no es que me sentí, ellos me dieron el lugar. Yo no me usurpé, ellos me dieron lugar. En negro constantemente, nunca una vacación, nada, nada, nada.

-¿Nunca tuviste vacaciones?

Nunca tuve vacaciones, si iba el sábado volvía el domingo

-¿Aguinaldo?

Aguinaldo sí, pero vacaciones no.

-¿Pero con recibo de sueldo?

No, nunca tuve.

-Nunca hiciste aportes entonces ¿Y obra social?

Tampoco, tampoco.

-¿Cuál usabas?

Y no tenía obra social.

-¿Y cuándo te enfermabas?

Y, nunca me enfermaba. Cuando me enfermé fue hace 6 años que me fui al hospital. Nunca me enfermé gracias a Dios. Nunca fui al médico, así que…

Y ahora me echa como si yo fuera… me dice usurpadora, como si yo hace un mes estuviera acá. ¿43 años que yo estoy en una casa es ser usurpadora? Me contesta usted.

-No…no….

Yo tenía 17 años cuando vine, ahora tengo 60 ¿Me entiende? ¿Y a usted le parece que una persona que de 43 años en la casa es usurpar una casa? Ahí está una vecina que se fue recién, ahí está la otra puede ir a preguntar.

-Y encima, la mujer discapacitada que usted cuidó toda la vida, no quiere que se vaya…

¡Ella no…! Ellos le dominan a ella como si fuera un títere

-¿Qué es ese griterío que escuchábamos recién?

La nuera, con la hija, mi sobrina, bueno todo ese escándalo por boludeces, por boludeces.

-¿Que vas a hacer ahora?

Bueno, ahora yo voy a vivir en la casa de mi sobrina porque tengo que ir, porque no voy a ir debajo de un puente.

Ahora, yo le quiero hacer una pregunta, porque me estaban llamando usurpadora ¿Le parece que es ser usurpadora una mujer de 43 años en la casa? ¿Es usurpar una casa? ¿Me contesta usted?

-No, no lo es…

No, ¿no? Mirá yo vine a los 17 años acá. Me fueron a buscar de mi casa.

-¿Usted se casó?

No, no. Nunca, para cuidarle a la mamá. Nunca le quise dejar a la señora solita porque ella era sola con la hija.

-¿O sea que resignó parte de su proyecto de vida por este trabajo?

Claro, porque como ella era sola y tenía una hija discapacitada yo decía ¿Cómo me voy a ir? ¿Quién cuida a la hija? Yo ya estaba acostumbrada acá ¿Me entiende? Yo tenía mis candidatos y me decían –vamos a casarnos- y mi chiste era -a casar pajaritos- para no decir que no la quería dejar a la señora sola. Muchos candidatos perdí, pero por estar acá. Y encima ahora me llaman usurpadora como si yo fuera una que recién llego. Ellos no se dan cuenta del lugar que yo tengo en esta casa ¿Me entiende? Claro, porque yo no soy la dueña me dicen usurpadora.

-¿Y cómo fue tu relación siempre con Carlos? Que es el que te está echando ¿Fue buena la relación con él?

Aparentemente era buena porque la mamá nunca le pidió nada a él. Él nunca ayudó en nada en la casa. Entonces ahora que murió la mamá, que se adueñó de todo ahí yo vi quien era él. Aparentemente era bueno porque la mamá nunca le pedía ni siquiera un pan.

Rosalina, después de 43 años de servicio, retirando sus últimas pertenencias de la calle general Ramírez, ante la impávida mirada de Carlos Cucchiaroni.

El dolor de Mariela, la sobrina de Rosalina

Mariela tiene una historia que se inserta como una cuña en medio de la familia. Su madre biológica no quiso o no pudo quedarse con ella al nacer, por eso quedo a cargo y bajo la protección de la hermana, Rosalina. Naturalmente, Rosalina, al vivir en la casa de la familia Cucchiaroni, llevó a Mariela siendo bebé, a vivir allí. Es así que los lazos afectivos, cuando no sanguíneos, parecían ser indestructibles para Mariela, quien llamaba mamá a Irma y hermano a Carlos. Este es el contexto e historia de vida que explica el hilo en su voz al ser entrevistada.

Mariela, que permaneció durante todo el desalojo, en la vereda del domicilio que también fue su casa, ensayó no sin esfuerzo, unas palabras para explicar lo que estaba sucediendo “Yo vivía acá, mi mamá es la que falleció hace un año. No era mi mamá legal, sino que era mi mamá del corazón. Desde que ella murió, el hijo legal, por así decirlo, se hizo cargo de todo, incluso de mi hermana que es discapacitada y desde ese día que fue el 17 de noviembre, empezó a ejercer maltrato y violencia. No solo violencia psicológica y verbal sino incluso violencia física contra mi tía que hace 43 años que está acá”, sostuvo.

Recordó que “Ellos la fueron a buscar cuando tenía 17 años a San Javier y la trajeron, justamente, para que la cuide a mi hermana que tiene una discapacidad, limpiar la casa y demás cosas”.

La hija del corazón de Irma y sobrina de Rosalina, relató con dolor, la debacle en la relación que cambió vertiginosamente luego del fallecimiento de quién ella llamaba mamá “A partir de ese momento, hace un año, es como que todo se transformó. Ellos cambiaron al cien por cien. Se hicieron como que nunca pasó, incluso conmigo que, creí que era de la familia, también me hicieron de lado, sin toma de decisiones, sin nada. Y bueno, yo lo único que había pedido a Carlos Cucchiaroni es que le tramite la jubilación a ella porque ya tiene 60 años, padece aparte diabetes porque había perdido parte del páncreas hace un par de años. Él se negó, mandó un abogado, como intimándola a ella que, si no aceptaba un determinado monto, no le iba a hacer el trámite de jubilación”, expresó con tristeza.

Mariela, aportó el dato más urgente y justo que debiera caberle a su tía “Nuestro objetivo nunca fue hacerle ni juicio ni nada, sino que solamente le haga la jubilación que es lo que ella se merece después de 43 años de haber estado acá”, lamentó.

La sobrina de Rosalina, explicó de qué manera, la espiral descendente en la relación, se manifestó “La cuestión empezó a empeorar cada vez más. Directamente no le compraba las comidas ni nada para la casa, ella tenía que comprarse todas las cosas, hasta que hace 15 días le dijo que se tenía que ir y que no le iba a pagar tampoco los 43 que hace que está acá”, dijo.

La sensación de incredulidad y desasosiego de estar viviendo esta experiencia amarga, fue definida con estas palabras “La ingratitud, la desprotección de todos los ámbitos porque ¿Qué quiere decir que vos te pasas 43 años en negro trabajando y que mereces realmente un sueldo digno después de tantos años de trabajo y que te larguen a la calle así de un día para el otro? Ni hablar de lo humano”, reclamó.

Por último, Mariela lanzó un mensaje a toda la sociedad para advertir que no pueden repetirse hechos de esta naturaleza y “Que la gente sea más solidaria. Por suerte tenemos re buenos vecinos, muchos vecinos que están acompañándola a ella en estos momentos y que van a salir a decir la verdad de lo que está pasando. Todos nos merecemos después de tantos años de trabajo, tener un sueldo digno y poder pasar bien los últimos tiempos que nos quedan de vida”, cerró.

Testimonios vecinos

Los vecinos de toda la vida, se mostraron visiblemente molestos, indignados e impotentes ante los hechos. La palabra de Dora y Alberto son mas que suficientes para dar cuerpo a los tristes acontecimientos del 24 de noviembre de 2021.

Dora

“Y mire es un desastre, desde que falleció la señora. Le maltratan, insultan. Pusieron cámaras no sé para qué porque ella no es ninguna delincuente para que hagan eso. Trabajó 43 años ¿a usted le parece? Y largarla así a la calle. No le hicieron aportes jubilatorios, por eso yo digo, por lo menos le hubiera sacado dos millones para salir de acá y después que le haga problema. Porque esa mujer se merece una casa. Y tienen casas, lo hacen de maldad. Tienen a la chica enferma que ella le cuidó toda la vida. Desde los 16 años trabaja esa chica acá y ahora tiene 60 ¿A vos te parece? La fueron a buscar del interior. Yo no entiendo, te juro que no entiendo. Nosotros estamos todos sorprendidos los vecinos, porque no podemos creer la maldad que tienen, porque nada llevas a la tumba, vas a ir desnudo como cualquiera”.

Alberto

“Llevo 70 años viviendo en el barrio. La vi llegar jovencita a Rosalina, con tan solo 17 años y la vi vivir en esa residencia hasta ahora. Esta situación es una injusticia. 43 años de entrega total, porque cuidó de la chica discapacitada y ahora que le hagan esto. Y aparte de eso, nos enteramos que no le hicieron los aportes y está en edad de jubilarse, es una injusticia total. Como vecinos pedimos justicia, porque una chica que no tiene ningún ingreso por lo menos para la subsistencia, que el hombre este (Carlos) se haga cargo hasta que pueda cobrar su jubilación. Y que también, de forma paralela, vaya haciendo los aportes de los 43 años que no se hizo. Era la mamá de él, pero él ahora como propietario se tiene que hacer cargo”.

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