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​Un mundo de Busqued 

Literatura argentina

Frente a la estampita del autor “maldito” y el ruido blanco de X, “Carlos Busqued, un mundo de dolor” (Mansalva) propone un policial sobre la escritura. Sebastián Maturano lee la obra del escritor como un mapa secreto sobre la violencia, la memoria y la decadencia argentina.

Por Nicolás G. Recoaro

¿Cuál era la verdadera voz de Carlos Busqued? ¿Alcanza con el eco de sus tuits o la estampita de oráculo que el mito le pegó tras su muerte? En Carlos Busqued, un mundo de dolor (Mansalva), Sebastián Maturano gambetea la trampa del conventillo virtual para encarar un “policial sobre la escritura”: una investigación hecha a partir de textos por un detective salvaje a sueldo de sí mismo, que reúne pistas sobre el autor fallecido en marzo de 2021. La portada del libro marca el territorio: una foto de Busqued plantado con la remera de Anal Vomit —zarpada banda peruana de metal extremo y grindcore— frente a una puerta con cartel de “NO PASAR”.

Un mundo de Busqued

En siete apartados —delgados pero potentes—, el volumen desarma el rótulo de “maldito” para ir al rescate del muchacho huraño que pasó sus días entre la pampa chaqueña, la capital cordobesa y la furia porteña del Once. Aquel que encontró refugio en Kafka, Bukowski, Cronenberg, los documentales de la Segunda Guerra, la Cerdos y Peces y el porno barato. Maturano lee Bajo este sol tremendo (2008) y Magnetizado (2018) como ficheros policiales, desentierra el blog Borderline Carlito y revela que la prosa seca de Busqued se incubó en la masa marcial de su matriz familiar. Asumido como hijo de militar que sentía “haber estado del lado de los malos”, Busqued usó sus obsesiones para narrar la maquinaria represiva desde las entrañas del monstruo.

Maturano disecciona la labor del escritor como un cirujano de la edición. En esa gema llamada Magnetizado, Busqued se borra para ejercer un trabajo minucioso de montaje sobre las conversaciones con el asesino de taxistas Ricardo Melogno, quien pasó toda su vida enjaulado y dopado entre penales y psiquiátricos. Un artefacto hipnótico donde la voz del criminal actúa como espejo del delirio y la decadencia social de la posdictadura. Un texto de no ficción raro, notable, quizá (por suerte) inclasificable.

Un mundo de Busqued
Foto: Diego Martinez

Frente al carnaval derechoso del presente, la voz de Busqued no resuena como mito délfico, sino como la de un profeta de lo que ya ocurrió. Maturano pinta la topografía política de su obra y los lazos entre Familia y Estado como instituciones rotas. «Yo creo, ahora viene el mensaje jipi, creo que con un poco de amor se podría evitar el fascismo», decía Busqued, y recupera Maturano. Su ensayo devuelve al escritor al lugar donde mejor funciona: el del orfebre de materiales no literarios que usó el dolor para cartografiar una época.

“La música linda siempre parece hablar o venir de un mundo que no es este”, tecleó Busqued en su último tuit antes de dejar este sitio inmundo. El libro de Maturano desmantela el ruido blanco de las redes y el mito para dejar sonar, por fin, esa misma música.

​Cultura – Tiempo Argentino

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