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​Uxue Alberdi: “Siento cada libro como un proceso de aprendizaje e investigación” 

FILBA 2026

La escritora vasca vino a la Argentina para participar del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA). Aquí habla de sus procesos de escritura, del peso de la memoria, del feminismo y de su identidad como narradora en lengua euskera.

Por Patricio Féminis

La escritora Uxue Alberdi, de 42 años, une dos universos en su literatura y en la vida: el feminismo y la defensa del euskera -el idioma vasco-. Lleva una remera que dice “eztaukat potota turutetanakis” (una traducción no lineal sería “no me rompas las pelotas”); sonríe y deja brillar sus ojos azules cuando habla de su profuso recorrido. Vino a la Argentina para participar del 18º Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA): el sábado, en una lectura compartida, y el domingo, en el panel Cosmovisión y lenguaje, en el Auditorio del MALBA, a las 18. ¿De dónde vienen sus inspiraciones? ¿Qué hilos unen a todos sus libros?

En 2017 publicó la exitosa novela Jenisjoplin (Editorial Consonni), sobre Nagore Vargas, una joven sensual y cercana a la izquierda abertzale (una corriente política de carácter independentista dentro del nacionalismo vasco), que descubre que contrajo el HIV y que vive un honda transformación en su deseo, su oposición al orden establecido, la relación con sus padres y con sus amigos. Es un relato que combina el amor, la rabia, el dolor y la reconciliación. Ya en 2019 lanzó el libro Reverso, testimonios de mujeres bertsolaris, que recibió el Premio Euskadi de Ensayo 2020: el bertsolarismo, que ella misma practica, es el ancestral arte vasco de improvisar coplas cantadas. En Reverso, Alberdi expuso cómo el machismo y la violencia de género atraviesan el quehacer de las mujeres bertsolaris: el libro causó un gran impacto.

Una charla con Unxue Alberdi

Contra esas opresiones, Alberdi trabaja su literatura y su propia identidad vasca. “Para mí es importante desde pequeña -dice-. Mi padre fue profesor de euskera y literatura, es lingüista, escribe gramáticas, es parte de la Academia de la Euskera, y para mí fue muy importante conocer y respetar nuestro idioma. Mi madre fue librera y yo nací y crecí rodeada de todo esto. Entonces, esos dos ejes, el euskera y el feminismo, me vienen desde la infancia y, después, cuando yo como bertsolari y como escritora empiezo a ejercer una actividad pública, me doy cuenta de que son caminos que hay que seguir trabajando todo el tiempo, porque no es lo mismo escribir como mujer o como hombre, y tampoco es lo mismo escribir desde un idioma minorizado que desde un idioma hegemónico como el español”.

Uxue Alberdi: “Siento cada libro como un proceso de aprendizaje e investigación”

Su último libro es Hetero (2025): son ocho cuentos protagonizados por mujeres de distintas edades y trayectorias que se enfrentan a heridas cotidianas infligidas, muchas veces, por hombres cishetero: padres, parejas, jefes, profesores o amantes. Fue el punto de llegada de un largo camino: “Mi primer libro se publicó en el 2007 y era un libro de relatos situados en la nieve que escribí en Suecia -dice-. Luego, en 2009, publiqué una novela que se llamaba El juego de las sillas, bastante histórica y emocional, que nos llevaba a la época de mis abuelos y a la guerra. Después, en 2013, publiqué un libro que se llamaba Euli giro: no tiene una traducción literal, pero sería un ambiente donde hay muchas moscas, algo muy molesto. Son relatos que tocan un poco lo fantástico y ahí me maravillé con Samanta Schweblin”.

Luego llegó Jenisjoplin y, en 2022, La trastienda: una crónica literaria que explora las memorias de su madre y de su tía en una mercería y también librería. “Para mí ellas son referentes feministas, antes de que yo conociera el término feminismo. Ellas hicieron mucho trabajo para abrirse caminos, desde montar un negocio para ejercer su propia libertad, porque antes cosían y bordaban en casa y se aburrían muchísimo. Entonces montaron esta tienda donde, aparte de coser y bordar, vendían libros: en un escaparate estaban todas las labores de costura y en otro estaban las obras de Marx, Lenin y Rosa Luxemburgo”.

El foco en esa mercería y librería le sirvió a Uxue Alberdi “para contar cuatro décadas del País Vasco y sus cambios culturales y sociales”. ¿Qué ve ahora? “Yo siento cada libro como un proceso de aprendizaje y de investigación. A veces un libro, por reacción, te lleva a otro, porque me pasó que terminé la novela Jenisjoplin y la historia de Nagore Vargas y se me quedaron las ganas de contar el mismo paisaje, el mismo territorio, la misma geografía, pero desde otra perspectiva: desde dos voces nada heroicas, que con su humildad y sencillez pueden llegar a otras profundidades o a otras perspectivas de esa realidad”.

Entonces, “la literatura muchas veces me da la opción de poder ir buscando diferentes miradas hacia una misma realidad, hacia una misma memoria, hacia una vivencia que nunca es única: cada vez que vuelves a mirar al pasado desde otra perspectiva construyes otro pasado. Creo que los escritores volvemos a la infancia, a lo que nos afectó, a lo que nos envuelve, para resignificar las voces que nos rodean”, dice. Y entonces piensa en el éxito que tuvo Jenisjoplin. ¿Qué cambió en su escritura? “Ese libro para mí fue un reto, porque fue una novela de personaje que me requería manejar dos tiempos muy diferentes: el tiempo de la infancia y la adolescencia de Nagore Vargas y su edad adulta, a partir de 2014”.

Y salta en el tiempo a Hetero, del año pasado. “Allí hay un relato que se llama ‘El agua que nos toca’, que se retrotrae a las memorias de mi adolescencia y allí tomé otra decisión, que fue emplear el lenguaje híbrido y sucio que utilizábamos. Por ejemplo, así como existe el portuñol, allí también existe el euskañol y muchas veces mezclamos los dos idiomas. Y en este otro relato algunos personajes hablan ese euskañol y no es tanto el euskera correcto y oficial. Creo que escribir en un idioma minorizado también hace que, aparte de ser cocinera de tu lengua, te vuelvas una cuidadora, porque no tienes el poder de las lenguas hegemónicas para transmitir esos registros del idioma y esa norma”.

Ahí está el riesgo: “Convertirse en policía de la lengua. Eso como escritora es fatal, porque te quita esa libertad de jugar. Con Jenisjoplin fui más conservadora y en otros relatos usé más el euskañol. Yo me preguntaba: ¿Cómo hacemos una novela en parte lumpen en euskera? Jugué un poco más a meter la musicalidad que tenía esa mezcla de idiomas y de identidades en mi infancia. Yo hago muchos ejercicios de escucha para la escritura, quizá por mis estudios periodísticos, y en Jenisjoplin hay como cincuenta horas de grabación junto a una amiga, en las que vamos pensando nuestra infancia y nuestra adolescencia. También hubo consultas que hice a compañeras y compañeros para escribir ciertos fragmentos”.

También para Jenisjoplin “empecé a hacer ejercicios de memoria y esto lo mantengo siempre -confía-. Es como agarrar un territorio, una época o una relación con alguna persona, y ponerlo en palabras. Yo iba anotando todo lo que me llamaba la atención durante la pubertad y la adolescencia cuando iba a casas ajenas: objetos, materiales, olores, lo que había en la heladera, los pósters o la manera de hablarse que tenían los hermanos o los padres. En Jenisjoplin hay ejercicios de memoria personales y otros un poco más amplios. Empecé a hacer un seguimiento de una memoria un poco más colectiva”.

Uxue Alberdi: “Siento cada libro como un proceso de aprendizaje e investigación”

En Jenisjoplin se abren discusiones cruciales sobre el miedo al contagio del HIV y también sobre los discursos disidentes en torno al SIDA. ¿Qué quedó de esos temas en el presente? “Hoy en día el miedo a contagiarse el HIV no es un miedo que yo reconozca en ningún joven -dice Alberdi-. Y, aunque se diagnostiquen casos, no es una discusión que hoy en día exista. Y al mismo tiempo, a nosotros nos daban clases sobre el HIV cuando éramos niñas, en nuestro pueblo, en donde más gente murió por SIDA en proporción en toda Europa. Hubo mucha droga en los 80, mucho contagio, cuando aún no se sabía qué era la heroína y qué era el SIDA. Para la novela recabé muchos testimonios de madres que habían perdido a un hijo”.

“El SIDA te deja sin defensas”. Esta frase marcó a fuego a Uxue Alberdi. “Yo visité hospitales para ver también las secciones de infecciosos que todavía siguen manteniendo los barrotes de aquellos años 80 que evitaban que los enfermos se tiraran. Y esa frase me daba muchísimo miedo, de niña, porque cuando te decían que te quedabas sin defensas cualquier bicho, cualquier patógeno, cualquier virus podía entrar y te podía matar un simple catarro o una gripe. Y luego nosotras veíamos jeringas por la calle: por esos ejercicios de memoria recordé que desde nuestra casa había una cuesta, que pasaba por debajo de la autopista, donde solían estar los drogadictos. Y también nos decían: ‘No juguéis con las jeringas’”.

Cuando les hablaban de los “yonquis”, ¿qué pensaba de niña? “Imaginábamos zombies, como monstruos. Gente que está en los huesos, que no tiene defensas, que es contagiosa. Entonces, ¿cómo afecta eso a la imaginación de una niña y de toda una generación? En Jenisjoplin, Nagore Vargas entra al gaztetxe (un centro social autogestionado por jóvenes), pide un vaso de agua y de repente la tratan bien: ve que son personas, no zombies. Así que creces con unos miedos, con unas imágenes, que quedan obsoletas. El diagnóstico del HIV parece algo del pasado, aunque siga sucediendo. Claro, no son las mismas consecuencias que en los años 80. Yo quise poder poner todos esos temas de conversación en mi novela”.

Uxue Alberdi: “Siento cada libro como un proceso de aprendizaje e investigación”

El ejercicio de memoria

Más de una vez, Uxue Alberdi dijo que se siente una “escritora recolectora”. ¿A qué se refería? “A que necesito ese proceso de acercamiento -aclara-. Que no me llama tanto la escritura que se basa en la inventiva, en la ocurrencia. No es mi mayor virtud. Yo creo que soy mucho más hábil recogiendo ambientes. Me siento un poco una escritora que une lo etnográfico con lo literario. Me gusta mucho como lectora ese tipo de literatura que retrata paisajes, épocas, y relaciones dinámicas, a través de objetos, de textos, de gestos, de sonidos”.

Y da un ejemplo: “Al pensar en los años 80 investigo qué pintadas leíamos, cómo se sentaba la gente, cómo se movían los punkis, qué día aprendí yo a diferenciar un porro de un cigarro, qué sentía cuando iba a casas de amigas. Creo que eso es recolectar: tienes que ir con tu cestita e ir llenándola cada día. Hay un relato en Hetero que se llama ‘Paso de palomas’, en el que hago un ejercicio de memoria de la que fue mi primera relación heterosexual: mi primer novio. Y rescato qué frases, qué emociones, qué gestos, qué tempo rodeaba a ese primer amor”.

El canto improvisado y la opresión

Cuando en 2019 Uxue Alberdi publicó el libro Reverso, testimonios de mujeres bertsolaris abrió una honda discusión acerca del machismo inherente a una de las prácticas más antiguas de la cultura vasca: el bertsolarismo -el cantar coplas improvisadas-. “Yo creo que fue un libro muy importante para mí y también impactó en nuestra comunidad. Personalmente, hubo momentos que a mí se me hicieron duros por el silencio, sobre todo, de los hombres de nuestra pequeña comunidad de bertsolaris. Yo siento el libro como una herramienta para barrer la propia casa o para pensar la propia casa”.

Pero “no estamos hablando de hombres que son unos machistas y que no tienen nada que ver con nosotras, sino de hombres con los que creamos juntos; hombres de izquierdas que queremos, con los que nos reímos, pero con los que a veces también nos sentimos oprimidas, desplazadas, menospreciadas, sexualizadas o desexualizadas. Yo desgrano 22 mecanismos que operan para esta opresión de la voz pública de las mujeres que puede llevarse a cualquier otro ámbito, no sólo en el de los bertsolaris”.

​Cultura – Tiempo Argentino

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