
Verónica Llinás: «Este Gobierno quiere generar un pensamiento monolítico, sesgado y estúpido»
Entrevista
La actriz encarna en “Canelones” a una mujer que reivindica su deseo y se rebela contra los prejuicios sobre la edad. En diálogo con Tiempo, también analiza el presente político y cultural, y advierte sobre el avance de un discurso que busca instalarse como única verdad.
La historia que evoca Canelones. La venganza es un plato que se sirve frío, la película de Christian Basilis y Ana Laura Gussoni que se estrenó este jueves inspirada en hechos reales acaecidos a la madre del escritor Hernán Casciari, se remonta a la década del ’80. Dos adolescentes se divierten haciendo bromas telefónicas sin medir que una de ellas derivará en una tragedia fatal y en una imprevista venganza, tres décadas después.
El cuento «Canelones» fue publicado por Hernán Casciari en 2005. En 2015, Chichita Casciari fue secuestrada por Daniel Olesnik como secuela de aquella publicación. Casi una década después, la película explora ambos sucesos en un thriller con importantes dosis de humor que transcurre en una sola noche. Si cada ficción es hija y absorbe algo de su época histórica, hay un mensaje más o menos soslayado en Canelones que viene bien para un tiempo en que impera la impunidad y el todo vale de manera obscena: recordar la ancestral máxima de que cada acto humano entraña una responsabilidad y tiene sus consecuencias. Y también —de ello la historia argentina puede brindar elocuentes y contundentes pruebas— que cualquier crimen que pretenda esconderse bajo la alfombra, tarde o temprano, sale a la luz.

Por eso y por muchas razones más, Verónica Llinás —que supo iluminar y resistir con su arte otros tiempos oscuros, como los del desencanto democrático alfonsinista y los neoliberales años ’90, a través de sus incursiones en el Parakultural y Cemento en el mítico grupo Gambas al Ajillo o posteriormente en la televisión con Antonio Gasalla— parece tan adecuada para encarnar a Chichita, la madre de Casciari y una de las víctimas y chivo expiatorio del relato.
Consultada sobre qué factores pondera para elegir un personaje a esta altura de su carrera, Llinás responde: «Que me desafíe de alguna manera, que me divierta mucho la historia. Otro factor pueden ser los compañeros de trabajo, y me desafiaba que en este caso fueran Darío Barassi, Agustín «Soy Rada» Aristarán y César Bordón. Con Darío ya había trabajado en Carcajada salvaje y terminamos amigos, y con Bordón nos habíamos cruzado en programas de Gasalla. Con Agustín es toda una novedad y me encanta. Otra causa primordial para que un proyecto me seduzca es que no sea más de lo mismo que ya vengo haciendo hace tanto tiempo. Me descorazona bastante que me encasillen siempre en la misma tipología de caracteres».

Foto: Pedro Pérez
En relación con el personaje de Chichita Casciari en particular, señala: «A la madre de Hernán la quise conocer por una cuestión de cercanía, para captar algo de su energía y que se imprimiera algo de ella en mi interpretación. Pero mi intención no era hacerla tal cual. Es una ficción y Chichita era la que yo inventaría y la que en esencia estaba contada en el guion. La Chichita real es más desaforada aún que la que yo compuse. En la ficción, básicamente, es una mujer que está sola y que necesita encontrar un compañero. Su hijo no le da mucha bola y su hija vive en el exterior. Algo muy importante es que siente que tiene mucha vida sexual por vivir. La sexualidad de las personas mayores está negada por el cine e incluso la sociedad. Pareciera que los viejos, como los jubilados de los miércoles, solo están para ser apaleados o para morir. En cambio, Chichita reivindica su vida sexual y por ello cree encontrarla en Daniel (interpretado por César Bordón)».
A la hora de encontrar tópicos en la película que hablan del tiempo presente, Llinás expresa: «En la película prima la soledad de los personajes y la gente hoy está muy sola. Muchas redes sociales, mucho Tinder y, a fin de cuentas, la gente está más aislada, se perdió el cara a cara, el contacto físico. Por eso, el auge también de las apuestas virtuales, los bingos y los juegos, aspecto que también aparece en mi personaje. La adolescencia hoy es más cruel que en los ’80, aunque justo los adolescentes de la película cometen un acto cruel sin intención. Hoy la crueldad y la violencia están institucionalizadas de una manera obscena».

La actriz también remarca: «La maternidad frustrada. La mía es una madre que no se conforma con las migajas que le da el hijo. Y, por supuesto, la venganza: la que emprende Daniel por la muerte de su madre. A su vez, el anonimato de los jóvenes que hacen la obra puede leerse hoy con la impunidad del anonimato en las redes sociales, con la invención de identidades falsas para hablar de política o para Tinder. Aunque, pensándolo bien, ya no hace falta el anonimato para decir cualquier cosa, para proferir cualquier tipo de ofensa. Milei dice cualquier cosa contra un niño, contra las personas con discapacidad, contra los jubilados, y lo dice en nombre propio. Como tantos de sus funcionarios».
Canelones fue financiada por el singular modelo de producción comunitaria de Orsai Audiovisuales junto a cinco mil socios productores. «Es interesante esa manera de seguir haciendo cine de manera colectiva. Sin embargo, eso no va a contrapelo de un Estado que tiene que promover y subsidiar un cine nacional. Es una industria que genera un montón de trabajo directo e indirecto, que se exporta. El cine genera identidad y cultura nacionales. Desde hace décadas nosotros exportamos cine, teatro. Es parte del orgullo argentino. No se entiende la política de destrucción de la cultura porque además la cultura genera ganancias al Estado. Lo único que se me ocurre es que la intención que hay al desfinanciar el INCAA y el cine nacional es acabar con el pensamiento crítico. Porque una de las virtudes del cine y de la cultura es generar y habilitar pensamiento crítico. No puedo creer que el ajuste de la motosierra sea simplemente porque la cultura sea pensada como gasto, cuando ocupa un escaso porcentaje del PBI y cuando la cultura genera ganancias. Insisto, evidentemente —y eso se ve en el recorte al presupuesto educativo, en la larga marcha de las universidades para que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario—, la intención de este gobierno es que la gente no razone, generar un pseudo pensamiento monolítico, sesgado y bastante estúpido».

Respecto de la mentada batalla cultural emprendida por el actual gobierno, la actriz admite: «Sincera y lamentablemente, creo que la están ganando. Hay tanta gente repitiendo como loros: ‘Yo no te voy a pagar a vos tu obra con el IVA de mis fideos’, que no entienden nada del IVA de los fideos. ¿Qué están diciendo? Porque además parece que nunca se preguntan nada respecto de los gastos tributarios, de las exenciones impositivas para empresas multimillonarias o para los autos de alta gama promovidas y ejecutadas por este gobierno. Los derechos sociales de los trabajadores que costaron tantas luchas hoy son vistos como privilegios para algunos. ¿Acaso los trabajadores con vacaciones pagas y sueldo fijo son la casta porque la mayoría está con trabajo en negro y desempleada por culpa de este gobierno? La cultura y la educación ocupan un 0,8% del PBI y la gente repite muchas imbecilidades, difundidas por el periodismo pago y ensobrado por el gobierno, de que una película o a los artistas los pagan ‘con la tuya’. Me encantaría aclarar que lo que se paga ‘con la tuya’ es la faja de billetes de los periodistas que defienden lo indefendible de este gobierno».
Pero Llinás también afirma con contundencia: «Seguimos haciendo, a diferencia de lo que creen o de lo que quieren hacer creer. No dependemos de nadie para hacer cine o teatro. Hay teatro independiente, hay cine independiente, hay pensamiento crítico. No sé si hay tanta movida cultural y tanta resistencia al neoliberalismo como en los años ’90. Aún no se puede saber porque es necesario más tiempo, más distancia para mensurarlo. Estamos demasiado inmersos en este tiempo, muy metidos en el acá y ahora y con poca capacidad para comparar. Pero tengo una convicción: no nos van a hacer desaparecer como quieren, no lo van a lograr. Como dijo un compañero, Alejo García Pintos: hace 2500 años que hacemos teatro y vamos a seguir haciendo teatro al menos por 2500 más. Quizás con más dificultad, pero lo vamos a seguir haciendo». «

Canelones
La venganza es un plato que se sirve frío. Dirección: Christian Basilis y Ana Laura Gussoni. Guion: Christian Basilis, Josefina Licitra y Hernán Casciari. Elenco: Verónica Llinás, Darío Barassi, Agustín Aristarán, César Bordón. En salas.
Llinás y la vida de Azucena Villaflor
Entre los proyectos más esperados de Llinás está el próximo estreno de la película de Santiago Mitre sobre Azucena Villaflor, la fundadora de Madres de Plaza de Mayo desaparecida por la dictadura militar.
Villaflor acogió al represor Astiz, infiltrado entre las Madres, como si fuera su hijo y preguntó por él incluso estando en cautiverio sin saber que era quien le había dado el beso de Judas que culminó en su muerte.

Triste y paradójicamente, años después, otra icónica Madre de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, confió en Sergio Schoklender como en un hijo y también fue traicionada: «Es importante que la historia de Azucena sea contada y más en estos tiempos. Es necesario este homenaje».
«Fue una mina que luchó contra la crueldad, otro tipo de crueldad diferente a la de hoy –destaca la actriz–. Y que, ante la desaparición de su hijo, legó un mensaje que tiene muchísima actualidad: ‘Organicémonos colectivamente y hagamos visible la represión y las injusticias’».
-Esta nota fue publicada originalmente en la versión impresa de Tiempo del 9 de agosto de 2026.
Espectáculos – Tiempo Argentino



