
Zafar es de ricos: cómo los multimillonarios le escapan al fisco
EL LIBRO DEL QUE TODOS HABLAN
En Por qué los multimillonarios no pagan impuestos a la renta y cómo vamos a ponerle fin (Anagrama), el economista francés Gabriel Zucman desarma la mayor paradoja del capitalismo tardío: los ultrarricos tributan en proporción mucho menos que cualquier laburante. Una propuesta didáctica, afilada y urgente para evitar que la oligarquía financiera barra con las democracias.
A veces, la estafa más colosal ocurre a plena luz del día, frente a nuestros ojos. Es una certeza cotidiana y escandalosa: los multimillonarios del planeta pagan, en proporción a su patrimonio real, muchísimos menos impuestos que un obrero, un docente o un pibe del delivery. No es una distorsión azarosa del mercado ni un mero accidente del sistema; es un diseño premeditado.
En Por qué los multimillonarios no pagan impuestos sobre la renta y cómo vamos a ponerle fin, publicado por Anagrama en su coleción Cuadernos, el economista francés Gabriel Zucman (París, 1986) pasa el bisturí sobre esta injusticia con pulso de cirujano y claridad de un gran divulgador. Discípulo de Thomas Piketty, profesor en Berkeley y la Escuela de Economía de París, y director del Observatorio Internacional de Fiscalidad, Zucman ya había dejado su huella en La riqueza oculta de las naciones y El triunfo de la injusticia. Ahora, en un texto delgado pero explosivo que se convirtió en fenómeno editorial en Europa, condensa su tesis más audaz: someter a las fortunas superiores a los 100 millones de euros a un impuesto mínimo del 2% sobre su patrimonio.
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El diagnóstico es impiadoso. Mediante sociedades de cartera, fideicomisos y resquicios legales, la gran burguesía global blinda sus ingresos del impuesto a la renta. Jeff Bezos llegó a declarar ingresos tan irrisorios que cobró prestaciones familiares en Estados Unidos.; Elon Musk mutó de magnate tecnológico a cruzado político armando desguaces estatales con la motosierra deregulatoria a discreción. Zucman explica que la riqueza desmedida, aun fluctuante, es sobre todo concentración de poder político e ideológico. Una amenaza directa a la convivencia democrática.
Frente al podrido dogma liberal que promete un «derrame» jamás visto y asusta con la «fuga de capitales», el economista francés desmonta las mentiras con solidez técnica: gravar el patrimonio en acciones no destruye a las empresas. Rendimientos medios del 6% anual hacen que un 2% sea perfectamente absorbible. Si fingen falta de liquidez, es mero artificio contable.
En estas pampas argentinas, donde se consagra el ajuste mileísta salvaje sobre jubilados y la educación pública mientras se celebran blanqueos y exenciones para los dueños del país, la lección de Zucman resulta profética. Contra los nuevos «monárquicos económicos», el francés no ofrece resignación, sino voluntad política y pedagogía combativa.

Un adelanto: El retoceso de la monarquía económica
En la década de 1930, Franklin Delano Roosevelt criticó duramente a esos «monárquicos económicos» que pensaban que solo un puñado de personas –ya fueran los fundadores de empresas o sus herederos– tenían derecho a poseer capital, y que creían que cualquier cambio en la propiedad de las acciones iría en perjuicio del resto de la sociedad. Estos monárquicos económicos siguen entre nosotros, tanto en Estados Unidos como en otros países, pero su punto de vista está hoy aún más desfasado que hace un siglo. Del mismo modo que abandonamos la monarquía en la esfera política, ya es hora de abandonarla también en la esfera económica.
No hay ningún obstáculo técnico que impida gravar a los ultrarricos; es una cuestión de voluntad política. Evidentemente, los contribuyentes afectados tienen un interés particular en mantener el statu quo. Al menos en Francia, no han dudado en utilizar su poder para blindar sus intereses. Es fácil sentirse abrumado por el poder de las fuerzas oligárquicas y dudar de la posibilidad de cualquier cambio en un futuro previsible. Pero si alguna lección nos ha enseñado la historia es que no hay que subestimar el poder de las ideas y de las fuerzas democráticas. Tarde o temprano, y quizás antes de lo que pensamos, el alcance de la democracia se ampliará para incluir a los multimillonarios y hacer que vuelvan al redil.
Cultura – Tiempo Argentino



