Política y Economíaprincipales

Caída del PIB y la industria en crisis: el dibujo irrealista de los números que proyecta el Gobierno en el Presupuesto

PLAN ECONÓMICO

Por Eugenia Rodríguez

El primer año de gestión estará marcado por una profunda destrucción de la capacidad productiva y de consumo. Las presiones sobre el tipo de cambio, mayor desregulación de precios, salarios en caída libre y preocupación por reservas, hacen difícil prever el fin de recesión actual.

El gobierno nacional apuesta a lo que denominó “la fase 2” de su programa económico con eje en el equilibrio fiscal pero a costa de una economía real que sigue mostrando caídas significativas, con un consumo golpeado por el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos de la población y la crisis del mercado interno con parálisis productiva en sectores clave. En relación, frente a las turbulencias cambiarias de los últimos días, el Ministerio de Economía presentó un adelanto del Presupuesto 2025 que aparece como más “optimista” de lo que había difundido, de hecho, el reciente informe conjunto con el FMI: caída del 3,5% del PIB, con eje en la recuperación del agro pero con una industria cerrando el año con baja del 9,8%, similar a la actividad comercial, mientras que la inflación se ubicaría en torno al 130% interanual, en diciembre de 2024. En la coyuntura actual, ¿qué tan posible es llegar a los números del Presupuesto?

El interrogante es clave en un marco donde los datos de la industria y el comercio dan cuenta de la magnitud de la recesión en marcha. Solo en el primer trimestre de este año la caída del PIB fue del 5,1%, debido a que la inversión se contrajo en dos dígitos (-23,4%), el consumo privado bajó 6,7% -explicación central de la caída de la actividad- el consumo público descendió 5%, y las expectativas de las empresas siguen siendo poco favorables para lo que viene: solo el 2,2% proyecta un aumento del personal en los próximos meses (EIL-Secretaría de Trabajo).

“Durante 2025, se plantea continuar en esta senda de equilibrio fiscal para corregir definitivamente los desajustes y sostener las condiciones de estabilidad macroeconómica que permitan el despegue definitivo de las potencialidades productivas del país, generando un ambiente favorable para el incremento de la inversión privada, una mejora de la productividad, y el crecimiento de la actividad, del empleo y los ingresos”, detalla el texto enviado por el Ejecutivo, no obstante, especialistas consultados por este portal ponen en duda que aplicando las mismas políticas, pueda llegarse a resultados diferentes a los de la primera mitad de este año, y ven, en ese sentido, muy difícil poder fijar un posible cambio de la tendencia recesiva actual.

Nivel de actividad: qué se espera y qué reflejan los números

En estos días el gobierno nacional dio a conocer el “Avance sobre la Elaboración del Proyecto de Ley de Presupuesto General de la Administración Nacional para Ejercicio Fiscal 2025” que incluye las estimaciones centrales del oficialismo en torno a cómo cerrará el 2024 y lo que se espera para el próximo año, siendo un anticipo del proyecto final que deberá ingresar al Congreso en septiembre próximo.

En ese sentido, si se pone el ojo en las principales proyecciones macroeconómicas para 2024, el documento señala con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) que se espera “una caída del 3,5% para 2024”, en tanto que por sectores destaca que “el sector Agropecuario crece 34,6%, la producción de soja sube de 25,0 a 49,7 millones de toneladas (MT) (+98%) y la de maíz de 41,4 a 56,0 MT (+35%), y la Industria y el Comercio –los sectores de mayor peso– se proyectan con bajas de -9,8% y -9,1%”.

 

Dicho lo anterior, ¿qué tan posible es llegar a los números que plantea presupuesto? Especialistas consultados por este portal analizan el derrotero de los primeros meses del año y ponen en cuestión, sobre todo, el nivel de impacto que tendrá el programa económico actual en los sectores productivos del país y en cualquier recuperación que apuntale el consumo, eje de la recuperación de la actividad. “Se espera que 2024 cierre con una contracción de la actividad económica del -3,5%, duplicando en magnitud la caída del año 2023, marcado por una de las sequías más graves de la historia. Es decir, sin catástrofes naturales ni eventos extraordinarios, el primer año de gestión del gobierno iniciará con una significativa destrucción de la capacidad productiva y una reducción del consumo que duplica la del PBI, profundizando el deterioro social”, señaló al ser consultada Ana Rameri, economista e integrante del Instituto De Políticas Públicas (IPYPP). 

En ese sentido, el texto presentado prevé caídas de 6,6% en el consumo privado y del 7,8% en el consumo público, en tanto que la inversión tendría una contracción del 17,2%, y en materia comercial las cantidades exportadas subirían 20,9% y las importadas caerían 17,7%. Sobre esto, Rameri analizó que “para que este año cierre con esas cifras, luego de una caída interanual del PBI del 5,1% en el primer trimestre y anticipando la continuidad de la recesión en el segundo trimestre, debería producirse una lenta recuperación de apenas más del 1% en la segunda mitad del año”, y si bien “el oficialismo espera que la desaceleración de la inflación aumente el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, las presiones sobre el tipo de cambio, el impacto de los aumentos de tarifas de servicios públicos en las economías domésticas y el mayor desempleo generan dudas sobre la factibilidad de la recuperación esperada”.

Por su parte, Iñaki Fernández, coordinador del grupo de trabajo Desarrollo Económico Justo y Sostenible de OCIPEx remarcó inconsistencias entre los números del gobierno y las estimaciones publicadas junto al FMI en la 8va revisión. “En todos los casos, aún en los que hacen a indicadores en los que se observan desempeño negativo, en el gobierno publican en el Informe de Presupuesto estimaciones un poco más optimistas que las de la revisión. Por más que en ambos casos coincidan en estimar una caída del PIB de 3,5, después en inversión, consumo público y privado e inflación el gobierno presenta un escenario que, aunque negativo, es un poco mejor al que muestra el FMI, y ahí juega esta esperanza de que la situación mejore un poco en el segundo semestre”. Sobre esto último, el economista evaluó que “si vemos lo que estuvo pasando en estos meses, me parece que se está lejos de eso. En abril, que el gobierno suponía un buen desempeño, con cierta reactivación, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) vino -0,1%, por más que no es una caída significativa en términos porcentuales, es un desempeño negativo, un piso al nivel de actividad que pensaban que había terminado en marzo y no es seguro que en mayo vaya a dar mejor, o si vuelve a perforar el piso nuevamente”. Recién el próximo 18 de julio se conocerán los datos del indicador para mayo.

 

Vale aclarar que, si bien el avance del proyecto de presupuesto muestra datos macroeconómicos para el cierre de este año, no hay mayor detalle de lo que se espera en términos de Producto y actividades sectoriales para el 2025, ya que el eje está solamente en la situación de los ingresos fiscales, aunque éstos dependen en gran medida de los números que se manejen en torno del PIB. A diferencia, en la parte fiscal de 2024, no hay precisiones sobre el resultado esperado a fin del año, más allá de lo ocurrido en la primera parte de la gestión.

“Con el mismo optimismo, el gobierno proyecta una recuperación continua en 2025, aunque sin arriesgar cifras concretas. La confianza se basa en la expectativa de mayor inversión privada en sectores como la producción de gas natural y petróleo no convencional en Vaca Muerta, minería, energía y el sector agropecuario. Estos sectores, pilares de un modelo extractivo que no es novedoso en la historia reciente, no necesariamente prometerán más exportaciones, sino menor captura pública de la renta generada luego de la aprobación de la Ley Bases”, planteó Rameri del IPYPP y agregó que “estos sectores suelen constituirse como enclaves dentro del territorio nacional, con escasas o nulas vinculaciones con el resto del entramado productivo, lo que limita su derrame en el mercado interno. A pesar de la renuncia pública de recursos proveniente de estas actividades, el gobierno decide concentrar el gasto de capital en un plan de Inversiones Públicas 2025-2027 destinado a proporcionar la infraestructura necesaria para las grandes inversiones que ‘promuevan la actividad exportadora y contribuyan a mejorar la balanza energética’”.

La economista remarcó de cara al derrotero posible de los próximos años que “sin un enfoque inclusivo y redistributivo, se profundizan las desigualdades sin generar un impacto significativo en la creación de empleo, pero sí con graves consecuencias ambientales”.

Números poco prometedores para la industria

De acuerdo con el texto presentado por La Libertad Avanza, para la actividad industrial se proyecta una contracción del 9,8% en 2024. Al respecto los datos recientes del índice de Producción Industrial (IPI) mostraron para mayo de este año una caída mensual en la serie desestacionalizada del 0,2% (tercera consecutiva), a la vez que comparado con igual mes de un año atrás la baja fue de 14,8% (cinco bajas de dos dígitos en los últimos seis meses), acumulando en el año un descenso del 15,2%.  Asimismo, diferentes indicadores de la producción reflejan caídas significativas en el primer semestre del año que ponen en tela de juicio la recuperación en “V” -de forma acelerada- tras los primeros meses de fuerte recesión: producción de autos (-40,2% i.a.-siete bajas consecutivas); despachos de cementos (-32,8%, ocho mermas ininterrumpidas); índice Construya/ventas construcción (-32,0%, octava caída seguida) y venta de autos y motos (-25,5% y -3,715, respectivamente)

Sobre las proyecciones del oficialismo, desde la representación industrial aseguran que la recesión será más pronunciada y continuada en el tiempo de lo señalado. “Vemos realmente que en lo que resta del 2024 vamos a tener un año con una recesión que se va a sostener en el tiempo porque no hay ningún indicio de reactivación. Es decir, el panorama actual tiene que ver con la falta de dólares, con los problemas para exportar en el sector industrial manufacturero, que tiene problemas de competitividad, sumado a las dificultades en el mercado interno con importaciones sin controles técnicos porque fueron derogados. Todo esto nos genera incertidumbre y preocupación”, valoró en diálogo con este medio Daniel Rosato presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA).

En la misma línea señaló que “las industrias pymes fuera de lo que tiene que ver el sector energético, están sin  poder producir o sufriendo las consecuencias de la crisis del mercado interno por la caída de la demanda, por lo que algunos sectores -como el sector de fabricantes de bienes de capital, sector metalúrgico, sector textil – donde la falta de ventas llega a más del 50%, tienen que parar temporariamente las fábricas, suspendiendo al personal con un porcentaje de salario, en algunos casos del 90%, lo que genera lógicamente mucho temor y no se sabe realmente qué es lo que va a pasar de acá a fin de año”.

A partir de esa dura realidad cotidiana, el sector presentó de hecho un proyecto de Ley pyme que busca mejorar la competitividad pyme industrial así como lograr modificaciones en la reglamentación del RIGI para “fijar compromisos concretos y serios por parte de los inversores de que un porcentaje lo inviertan en las pymes industriales, con compras en Argentina, de lo contrario se va a agravar la situación de la industria nacional y va a ser más crítica que la que ya hoy tenemos, por lo que no vemos todavía nada nos pueda decir de que la situación va a mejorar este año”.

El documento de Presupuesto da cuenta en el apartado por finalidad y función y grado de ejecución del gasto público que al 31 de mayo de este año se ejecutó solamente el 1% de lo presupuestado para la industria en 2024.

Considerando todo lo anterior, Rosato alertó que “si las condiciones no cambian y no se generan las herramientas necesarias para la reactivación del mercado interno, que implica mejorar las condiciones salariales de los trabajadores porque son los activan la economía interna, estamos frente a una crisis que para fin de año va a ser muy grande, con cierre de una cantidad importante de pymes industriales y la pérdida de unos 300.000 puestos de trabajo”. En relación, la caída del poder de compra de los ingresos durante el gobierno de Milei implicó una pérdida, en promedio, de casi $500.000 por trabajador en solo cinco meses (con Macri en igual lapso de tiempo había sido de $342.000 por trabajador), según informó el último relevamiento del Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) que mencionó además que, en contrapartida, esto implicó una transferencia de ingresos de los trabajadores por un total de 12,4 billones, de los que 8,8 billones salieron del bolsillo directo de las y los laburantes, 2,7 billones fueron por menores aportes y contribuciones, en tanto que las obras sociales perdieron $757.000 millones y los sindicatos cerca de $170.000 millones.

Por su lado, desde el OCIPEx, Iñaki Fernández, remarcó que “las políticas productivas brillan por su ausencia. La economía real sufre mientras el gobierno se aferra a bajar el ritmo de la inflación -lo que se puede complicar con las correcciones del TC, con los aumentos de tarifas y el reacomodamiento de precios relativos- y a limpiar el balance del BCRA (aunque sea pasando todo al Tesoro)”. 

A su vez, sumó con respecto al ancla fiscal que, a su entender, “va mostrando sus límites en todos los aspectos: político, fiscales y económicos”. En detalle, en lo político “porque el gobierno tiene que ver qué sucede con la moratoria y con las jubilaciones y como eso puede afectar su relación con la “oposición” colaboracionista, y porque el FMI le pidió que saque el Dólar Blend y el Impuesto PAIS”, en lo fiscal propiamente dicho “porque el segundo semestre es de mayor gasto históricamente, y si la recaudación no mejora porque el nivel de actividad no repunta, va a ser un círculo vicioso recesivo” y en lo económico “porque si no se corta la tendencia recesiva el impacto sobre la economía real solo va a agudizarse, como paso en 2001 o en 2018”. Sobre esto último el especialista coincidió en advertir que “se van a caer un montón de empresas y comercios, y con ellos, va a haber una mayor pérdida de puestos de trabajo y de poder adquisitivo del salario. Ya con las propias cifras del informe se puede prever ese escenario y me parece que en 2025 esperar una mejora inmediata es irrealista”.

Tipo de cambios, reservas e inflación

“El tipo de cambio nominal (TCN) con el dólar se eleva a $ 1016,1 (+58,3% interanual) y la inflación proyectada al inicio del proceso de elaboración del presupuesto se ubicaba en un 139,7% interanual para diciembre de 2024, resultando en una baja promedio del tipo de cambio real (TCR) bilateral de -2,3% en el año. Sin embargo, los datos oficiales sobre inflación publicados con posterioridad al cierre de esta etapa de elaboración del presupuesto sugieren que la inflación estará situada por debajo del 130% interanual a diciembre 2024”, detalla el documento presentado por el ministro Caputo.

Al respecto, analistas estiman que, para llegar a ese porcentaje de inflación a fin de año, el alza promedio de los próximos meses -incluido junio- debería rondar sí o sí el 4%. Sobre ello, las estimaciones privadas expresadas en el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del BCRA anticiparon para el sexto mes del año una inflación mensual de 5,2% para junio, en tanto que para julio proyectaron una inflación mensual de 4,8% y para el año de 138,1% interanual. A su vez, la mediana del denominado Top 10 (los 10 que más aciertan) fijó un valor para el tipo de cambio nominal a diciembre de 2024 de $1.205.

“Luego del salto de precios por la devaluación inicial del gobierno la inflación amainó, que es lo esperado en un contexto de recesión, aumento del desempleo, caída de los salarios, y control de la nominalidad del tipo de cambio”, señalaron desde MATE aunque alertaron que “el éxito es tan frágil como la situación del sector externo que presiona sobre el dólar”. En tal sentido, en materia de reservas consideraron que “hasta mayo no caen porque no se pagan las importaciones. Crecieron mas de 7 mil millones de USD desde el inicio del gobierno de Milei, pero si no se hubiera postergado el pago de importaciones el resultado habría sido parecido, pero de signo opuesto”.

De hecho, considerando al mes de junio, el economista Federico Machado del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional, analizó en sus redes que “la proyección de servas preocupa” debido a que “aunque el gobierno tuvo compra mega-récord de reservas en el primer semestre, el panorama no luce alentador ya que junio fue muy malo y se vienen cuatro meses muy duros en el mercado cambiario, de agosto a noviembre”. 

Fuente: El Destape

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