
El legado revolucionario de Bernardo Monteagudo, el patriota trascendental
En una emisión imperdible de Radio Lateral, el historiador Mariano Cabral desentrañó la vida de Bernardo Monteagudo, figura clave de la independencia americana, en su columna “Pasado de Revoluciones”. Monteagudo, ministro de San Martín en Perú y estratega de la unidad continental, emergió como un “hombre de actividad febril” que, según Cabral, “no paraba de generar ideas, combatir y hacer cosas”. Su trayectoria refleja la lucha por un proyecto político audaz: la federación de las naciones hispanoamericanas.
Cabral destacó el giro ideológico de Monteagudo: de republicano radical a defensor de una monarquía constitucional. ¿La razón? Tras su exilio en Europa (1817), comprendió que solo un poder unificador contrarrestaría a las “burguesías mercantiles de las ciudades-puerto” (Buenos Aires, Lima, Valparaíso), fracturadoras de la unidad. San Martín compartía esta visión: ambos veían en la monarquía un freno a la “disgregación”, no un retroceso. “Lo importante era lo que tenía por debajo: sistemas con participación democrática”, aclaró Cabral.
En Perú, Monteagudo impulsó reformas revolucionarias: abolió la servidumbre indígena (1821) y fundó la Biblioteca Pública de Lima y la primera Escuela Normal. “No bastaba con fundar escuelas; había que formar maestros que las multiplicaran por todo el país”, explicó Cabral. Estas medidas, aunque populares, le granjearon enemigos poderosos. Tras la partida de San Martín a Guayaquil (1822), un golpe conservador lo derrocó y exilió.
Su alianza con Simón Bolívar marcó su resurgencia. En una carta, Bolívar lo describió: “Sabe, tiene una actividad sin límites en el gabinete […] y tiene además un tono europeo […] Es muy firme, constante y fiel a sus compromisos”. Bajo su protección, Monteagudo redactó el “Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispanoamericanos”, base del proyecto unionista.
Su muerte, en enero de 1825, fue tan enigmática como su vida: asesinado en Lima a los 36 años, mientras escribía el ensayo. Cabral reveló un dato intrigante: su fama de “rompecorazones” fue usada políticamente en Argentina. En 1833, rumores de un “diario íntimo” suyo amenazaban a mujeres porteñas cercanas a Rosas, cuyo movimiento, según Cabral, se apoyaba en “enormes mujeres lideresas”.
Monteagudo, concluyó Cabral, es símbolo de la patria grande inconclusa. “Su legado obliga a mirar más allá de las fronteras. El programa de la unidad americana sigue siendo un faro”. Su historia, rescatada por Radio Lateral, invita a repensar el presente: “Él dio las peleas en su tiempo; hoy necesitamos nutrirnos de ese coraje”.



