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El programa de reindustrialización de la Patria: Guillermo Moreno delinea la salida económica frente al “mamarracho” libertario

En el cuarto bloque de “Con Fundamento Kriollo”, Sergio Centenaro retoma el diálogo con Guillermo Moreno, presidente del partido Principios y Valores y exsecretario de Comercio Interior de la Nación.

En una entrevista marcada por la habitual picardía, la lucidez doctrinaria y el análisis descarnado del escenario nacional, Moreno anunció su participación en una clase pública junto a Santiago Fraschina en San José 1111 el viernes 21 de agosto. Durante la charla, el dirigente peronista expuso las que considera encrucijadas históricas de la Argentina actual y delineó los pilares fundamentales para lograr la independencia económica del país.

Moreno no ahorró críticas severas hacia la gestión económica de Javier Milei, a la que caracterizó de forma lapidaria. “Son un mamarracho, empezando por el presidente, que está chapita, y después el Ministro de Economía que es un banquero, el Ministro de Economía no sabe nada de economía“, fustigó con dureza, señalando la total falta de lucidez técnica y de experiencia de los funcionarios nacionales. El dirigente apuntó también al descalabro diplomático del gobierno nacional por incumplir promesas ante el Tesoro estadounidense de terminar el swap con China, decidiendo en cambio extenderlo por cinco años.

Para Moreno, el relanzamiento productivo de la Argentina es la prioridad número uno y debe basarse estrictamente en un programa nacional de reindustrialización. Sin embargo, advirtió que para alcanzar esta meta el peronismo debe saldar debates geopolíticos internos sobre su alineación internacional. “La reindustrialización de la Patria para eso tenés que resolver qué vas a hacer con el Partido Comunista Chino“, sentenció categóricamente, criticando las posturas de ciertos sectores partidarios que pretenden que la Argentina resigne su industria pesada a cambio de turismo extranjero o complementariedad comercial pasiva.

El líder de Principios y Valores profundizó sus críticas a la penetración de las manufacturas de la potencia asiática, a las que acusó de destruir la soberanía laboral en los países receptores. “Lo que hace China, el Partido Comunista de China, es desparramar pobreza por el mundo porque cuando termina con las industrias de cada uno de los países donde llega con sus productos, depreda los mercados, lo único que abunda es la droga, el juego la prostitución y no el trabajo“, denunció tajantemente, proponiendo en su lugar una firme “tercera posición” que proteja el mercado interno y preserve el empleo local frente al dumping chino.

En contraposición al modelo libertario de destrucción de empleo, Moreno describió la receta económica peronista como un esquema pragmático orientado a la producción. “Una economía sencillita, pero que tenés objetivos muy claros, la economía implica que todo aquel que quiera trabajar tenga trabajo en el sector privado“, definió. Sostuvo que el Estado debe intervenir y regular la macroeconomía para garantizar negocios rentables que generen demanda de mano de obra genuina, contrastando la insensibilidad oficial frente al cierre de pymes con los históricos rescates financieros que presidentes como Bush y Obama ejecutaron en Estados Unidos en 2008 para salvar a sus industrias.

Consultado sobre su relación y lealtad con Cristina Fernández de Kirchner ante el embate judicial, Moreno recordó que cuando se dictó su condena y proscripción, él se presentó de inmediato en su domicilio para brindarle respaldo incondicional. “Estoy a disposición y soy un soldado más porque están atacando a una de las nuestras“, ratificó con lealtad partidaria. Sin embargo, remarcó que el verdadero desafío peronista es de “proyecto colectivo” y no personal. Sugirió que, en lugar de exigirle a Cristina un extenuante gobierno diario de 16 horas a sus setenta años, sería más estratégico conformar un “Consejo Superior del Movimiento” que audite y dirija el rumbo estratégico de la gestión de gobierno.

Finalmente, Moreno analizó la interna justicialista y la figura de la vicepresidenta Victoria Villarruel, dejando definiciones memorables. “Lo tiene que resolver. Dijo que era nacionalista y católica en la Argentina. Los nacionalistas católicos son peronistas, le faltó la tercera definición, si dice que es peronista va a ser bienvenida al club“, deslizó con picardía política. Al cerrar la charla, descartó las elecciones internas por falta de fondos y reafirmó la importancia del consenso pragmático a través de un refrán de fuerte cuño realista: “en política poner límites es imbécil“, rematando con que “cuando queda una sola en el baile, o la sacas a bailar o dormís solo“.

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