
Juan Falú: “Cristina tiene que hacer un gesto histórico que revalide sus diplomas y apoyar al mejor candidato del peronismo”
Entrevista
El gran guitarrista y compositor tucumano celebra 60 años de trayectoria. Tras renovar la tradición musical argentina, ser docente y crear un festival de alcance internacional, el músico repasa su obra, el exilio y analiza el presente político de nuestro país.
“Yo soy Juan como otros Juanes / madera tucumana / canto y camino nuevo / de antes viene mi guitarra”. Los versos se los escribió Jorge Marziali, uno de sus grandes compinches, con la intención de diferenciarlo de su pariente famoso y reafirmar su identidad. Resumen muy bien los 60 años de trayectoria de este gigante de nuestra música. Y es que Juan Falú abrió sin duda rumbos nuevos en la tradición musical argentina, siempre con respeto por las raíces y los referentes. No solo es un exquisito guitarrista, sino también un gran y prolífico compositor.

Pero su aporte no se queda ahí. Como docente, creó dos carreras de música popular y, como gestor cultural, fundó Guitarras del Mundo, un festival único en su tipo. A punto de cumplir 78 años, el tucumano está disfrutando del reconocimiento por todo eso. Lo convocan para tocar en teatros grandes, en bares pequeños, y siempre llena. Siempre hay emoción y aplausos. También es muy respetado por su compromiso político, que en su momento lo llevó al exilio y que hoy lo convierte en un lúcido analista de la actualidad argentina.

-Se cumplen 60 años desde que pisaste un escenario por primera vez. ¿Te acordás cómo fue?
-Fue en el salón de la Caja Popular de Ahorros de Tucumán y toqué “Cañaveral”, que es una zamba tradicional tucumana que había grabado Eduardo Falú. Yo la saqué de oído, como hacíamos todos. Lo que más recuerdo es que estaba mi padre en el público. Y tenía una mirada más o menos parecida a esta (muestra una foto donde se lo ve con gesto serio). Así escuchaba. Entonces siempre me quedaba con la sensación de que no me había aprobado, algo que me acompañó toda la vida.

-Pero en estos 60 años lograste aprobación suficiente.
-Logré aprobación, sí, ¡pero yo quería la de mi padre! (risas). Realmente en este tiempo es como que desde afuera me están diciendo: Juan, hiciste algo bueno. Porque en la calle me saludan, pero no es el saludo de antes: gracias por tu música. Ahora es: gracias por todo lo que hacés. Y, realmente, más allá del narcisismo, que es algo que trato de neutralizar, es como un aviso de que hay un camino recorrido.

-Empezaste a tocar la guitarra a los siete años. ¿Cómo fue teniendo ese tío tan famoso?
-Por mi padre, que era su hermano mayor. Mi padre es el que le enseña los primeros acordes a Eduardo Falú. Y es el que me enseña a mí también los primeros acordes. Y desde entonces tengo dos figuras fuertes: la del padre y la del tío.
-Pero desarrollaste tu manera de tocar y de componer muy diferente a la de Eduardo.
-Es diferente, sí, pero reconozco su influencia. Siento dos grandes influencias muy poderosas. Una es Eduardo y otra es la música clásica que escuchaba de niño, también a instancias de mi viejo. Y me doy cuenta claramente cuando compongo que esas dos vertientes están.

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-¿Las guitarreadas también fueron un ámbito de aprendizaje?
-Sí, la noche. Hice dos años en un conservatorio provincial de Tucumán, pero lo dejé. Tendría 12 años. Y estuve un poco más con un profesor de guitarra. Pero él veía que yo tocaba más de oído que estudiando las partituras y no le gustaba. Y yo no tenía disciplina de estudiar. Entonces, elegí el camino más rebelde. Y cuando me metí en la peña, en la noche, encontré otro modo de vivir la música.
-Y te pudiste abrir de la sombra de Eduardo y hacer tu propio camino.
-Eso fue algo gradual, porque reconozco que sigue siendo un modelo. Si yo pienso que tengo que mejorar cosas, que siempre lo pienso, lo primero que se me aparece es Eduardo Falú como un lugar de llegada. Aprendí con la vida que está bueno tener un lugar inalcanzable, porque es tener siempre un motivo de crecimiento. Pero me fui sacando el peso de tener que hacerlo.
-¿Estudiaste psicología porque pensabas que ibas a ser psicólogo y no músico?
-En esos años tocar era como darse un gusto y estaba siempre el mandato del estudio universitario. Así que estudié para tener mi título. Cuando me recibí, empezaron los años pesados. Trabajé dos años. Y vino el exilio. Reintenté hacer clínica en un consultorio donde trabajaban muchos psicoanalistas argentinos, pero me di cuenta de que no estaba del todo preparado para esa profesión.

-Te exiliaste en San Pablo tras el secuestro de tu hermano Lucho.
-Sí. De los cinco hermanos, cuatro éramos militantes activos, sobre todo en el frente universitario. Mi hermana mayor y yo también estábamos un poco más comprometidos en otros niveles. Yo estaba recontra fichado. El secuestro de mi hermano precipitó todo. Nos fuimos a San Pablo. Y hoy agradezco que haya sido Brasil, porque la verdad que es un país que amo profundamente.

-¿Ahí decidiste que ibas a ser músico?
-En ese periodo empecé a componer. Por eso cuando vuelvo en el ’84, lo hago con un repertorio totalmente mío. Algunos de los temas más tocados míos, como “Chacarera Ututa”, “De la raíz a la copa” o “Que lo diga el río”, están en ese disco que se llama Con la guitarra que tengo, que tiene la tapa de Hermenegildo Sábat. Salió en el ’86 y fue mi carta de presentación.
-Y ya no paraste.
-No paré más.
-¿Cuándo empezaste con la docencia?
-Poco tiempo después. Con Hilda Herrera sugerimos al Conservatorio Manuel de Falla que se enseñe música argentina como materia obligatoria. Y fue aprobado. Asumí esa materia. Y esa experiencia derivó luego en la carrera de Tango y Folklore. Debo haber estado como 25 años. Y cuando me jubilé, me pidieron crear una licenciatura en la Universidad Nacional de San Martín. Ambos espacios siguen.

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-¿Cuándo ideaste el Festival Guitarras del Mundo?
-En el ’93. Pacho O’Donnell era secretario de Cultura. Fui con la idea nada original de que Argentina tenga un festival de guitarras. Y me dijo: “Bueno. Me gustaría coordinar con el sindicato UPCN”. Al principio se hacía en el auditorio de la calle Misiones. Había dos o tres cuadras de cola en pleno Once para escuchar guitarra: clásica, tango, folklore. Y siempre busqué que vinieran de afuera guitarristas que transmitieran las culturas de su pueblo. Eso le dio una marca. Empezamos con esa sede y llegamos a tener 90 y pico hasta que abarcamos todas las provincias. Se fue convirtiendo en un evento muy respetado.
-¿Cuáles son las particularidades más determinantes de la tradición guitarrística?
-Más allá de que la guitarra era el instrumento para el canto desde la colonia, con ella se relataban acontecimientos históricos. Y se transformó en un símbolo muy fuerte no solo de la música folklórica argentina, sino de la cultura nacional. Y hay otro hecho. Aparecen tres grandes figuras: Abel Fleury, Atahualpa Yupanqui y Eduardo Falú, que ponen a la guitarra solista con repertorio folklórico en un primer plano. La guitarra estaba más al servicio de algún ensamble o de acompañar el canto. Y aparece ese solista como un universo completo que con la guitarra sola decía todo. Eso empieza a formar escuela. Por eso es que se toca muy bien la guitarra, no solo la que se aprende en la academia, sino también la guitarra folklórica. Y cada vez más.

-Ahora seguís tocando y mucho. ¿Qué es lo que te moviliza?
-Siento que es un tiempo de cosecha. Me llaman para tocar y tengo el sí fácil. Tengo que aprender a regularlo. Pero al mismo tiempo siento que tengo que aprovechar esta oportunidad que me da la vida. Porque la siento claramente como consecuencia de un camino. En el 2025 toqué 101 veces en todo tipo de escenarios. Este año me propuse poner un freno. Estoy reduciendo la marcha. Por ejemplo, con las giras a Europa, que hice durante 40 años. No puedo hacer más esos viajes tan largos.
-¿Qué es lo que te sigue atrayendo del escenario?
-La transmisión. La comunicación. Y sentir que hay un espacio y un momento en la vida de uno donde uno siente que está dando lo mejor. Tocar la guitarra es lo más grato, sano y genuino que tengo para ofrecer.

-El reconocimiento también te llega porque siempre mantuviste tu compromiso político.
-Pero no me considero un militante en este tiempo. Hace tiempo que decidí que la continuación de mi militancia es la guitarra y lo que me permite una comunicación con un público. Y en esa comunicación sí, cuando puedo, me expreso políticamente. Pero no es un plan. Ni siquiera una decisión. Es un reflejo natural de convicciones que fueron abrazadas y que no se van a ir nunca.

-¿Cómo estás viviendo este momento de la Argentina?
-Horriblemente. Me produce depresiones y broncas. Y me parece que nos obliga a reflexiones profundas. ¿Qué hizo la política en democracia? ¿Fue una política al servicio del pueblo? ¿Se le dio protagonismo al pueblo? Cuando el pueblo es protagonista no es tan fácil sacarlo o dirigirle el voto. Pero en este momento mi única preocupación es que se apuntale al mejor candidato. Cristina tiene que tener un gesto histórico que revalide sus diplomas y apoyar al mejor candidato del peronismo. Eso sería un alivio enorme para la angustia colectiva. Con eso consolidado, me parece que hay realmente posibilidades de salir de esta pesadilla.

-¿Qué le dirías a alguien que se sube a un escenario por primera vez?
-Que no dependa de las redes para hacer su camino. Que haga música, que la madure. Las redes generan la ilusión de que ya está hecho el camino. Y el camino hay que hacerlo. Entre la ilusión de las redes y la verdad del arte, hay que tomar una decisión. «
Textos, canciones y partituras
La celebración de los 60 años de trayectoria de Juan Falú llega acompañada de un lanzamiento de dos libros y ocho discos, que permiten recorrer gran parte del universo creativo del tucumano y que incluyen textos autobiográficos, partituras y letras.
Las publicaciones son Tucumano soy, que el músico define como una “ofrenda” a la tierra que lo vio nacer en 1948 y que dejó hace 50 años, y Como otros Juanes. Guitarra y canción, “un testimonio de identidad”, que no busca ser solo un cancionero, sino que organiza sus composiciones en partituras para guitarra y voz.
Los discos reúnen en total 150 obras divididas en ocho ejes conceptuales de su producción artística, entre ellos, Tucumano soy, con obras vinculadas a su provincia; Para ellas, en el que homenajea a madres, hijas, nietas y heroínas, y Asuntos de la patria, que rescata la memoria histórica y las huellas del exilio. Participan en ellos, entre otros, Liliana Herrero, Teresa Parodi, Jorge Marziali, Juan Quintero, Florencia Bernales, Juana Luna, Carlos Aguirre, Lucho Hoyos, Marita Londra, Nadia Szachniuk, Silvia Iriondo, Laura Albarracín, Betiana Charny, Victoria Birchner, Suna Rocha y la española Silvia Pérez Cruz. También aparecen sus hijos Fada, Sara y Miguel Falú y su compañera Biyí Cortese.
Una curiosidad no menor: en Siete temas a ciegas con la Gibson de César, Falú toca una guitarra eléctrica, algo nada habitual en su trayectoria. “César Silva, el técnico de sonido que me graba hace 20 años, es músico, toca guitarra eléctrica, tenía ganas de escucharme con su instrumento y le di el gusto”, rememora sonriendo.
Lanzamientos
El universo creativo del tucumano se despliega en ocho discos nuevos que abarcan diferentes ejes de su amplia producción artística.
-Esta entrevista fue publicada originalmente en la versión impresa de Tiempo del 16 de agosto de 2026.
Espectáculos – Tiempo Argentino



