Nacionales

El rol político de los trabajadores

En el contexto de la propuesta del gobierno de Javier Milei, pero fundamentalmente en la conjunción existente de todas las fuerzas domésticas reaccionarias que hay por detrás, en línea, orientadas y respaldadas por los poderosos grupos económicos que integran la oligarquía financiera mundial, se pretende- en una versión extremadamente senil del capitalismo – lisa y llanamente, la eliminación del Estado nacional como estructura de contención para la defensa del interés de los pueblos.

Por Gustavo Terzaga

Lo que emerge bajo el signo de La Libertad Avanza es una fuerza contrarrevolucionaria que va construyendo de a poco un retroceso o una reversión de todo lo conquistado por las luchas sociales durante más de un siglo hasta nuestros días por un pueblo tenaz de paz y armonía, con la finalidad explícita de desmembrar nuestra comunidad nacional para lograr que la Argentina sea apenas un lugar débil y abaratado en vez de una potente nación integrada a la región.

Un problema político/cultural

Cada vez más leones, serpientes y águilas reales y menos pumas, cóndores y yaguaretés. La fagocitación de la admiración hacia la cultura anglosajona va acompañada de una nítida falta de aprecio por la propia identidad cultural. Esta actitud cipaya de alienación cultural se erige como el paso previo a las ideas económicas que relegan a nuestro gran país al papel de una simple factoría sin proyección autonómica. Si algo tiene en claro la usina ideológica de las fuerzas antinacionales es que el trastoque y posterior desconocimiento de nuestra historia tiene por consecuencia la incapacidad del conjunto para valorarla. En sentido contrario y desde una necesaria mirada nacional, Jorge Abelardo Ramos nos dice que “el sentido histórico es la antesala de la conciencia nacional”; pues bien, de esto último depende la proyección de un destino de realización colectiva y soberana que propicie el retorno de grandeza y alegría para nuestro país.

Ahora bien, además de la utilización demagógica y la tergiversación intencionada de nuestra historia, el liberalismo argentino es una nebulosa de pura demagogia que se obliga a mentir a diario en el nombre del “cambio” para tapar su crimen nacional, utilizando argumentos superficiales sobre el costo de programas sociales, servicios públicos y otras políticas estatales para desacreditarlas y promover su agenda de libre mercado y privatización.

Como han nacido y se han educado para ser incapaces de considerar el valor social y humano de estas políticas, se centran únicamente en el juego moral de su costo económico, sin tener en cuenta su impacto en la sociedad. Así, los fines del liberalismo incluyen en su relato la promoción de la libertad individual, la propiedad privada, la libre competencia económica y la limitación del poder del Estado en la economía y la consecuente promoción del individualismo exacerbado y la disgregación social. Sin embargo, en la práctica, los liberales anti argentinos utilizan estos argumentos sobre el costo de la política y el rol regulatorio “viciado” del Estado “intervencionista” para promover una agenda que favorezca los intereses económicos privados por sobre el bienestar público. Y mienten porque les resulta imposible reconocer que el capitalismo es por sí mismo totalmente incapaz de autorregularse, y que a falta de regulación, naturalmente sobreviene la crisis.

La pérdida de la oportunidad

Hay que decirlo claramente: al momento de las elecciones de fines de 2023 y a 4 años del cráter económico dejado por Mauricio Macri y compañía, la Argentina se encontraba en una posición óptima, tanto a nivel nacional como internacional, para impulsar el crecimiento económico mediante la expansión de la producción respaldada por recursos energéticos y el crecimiento del mercado interno. Era crucial darle potencia a los salarios y atraer inversiones, incluso se presentó una magnífica oportunidad con un actor multipolar que ofrecía recursos para abordar la escasez de divisas, el crédito para la producción, el fortalecimiento de la moneda nacional y del propio rol del Estado, los BRICS. Lo que queremos significar con esta mención es que, objetivamente, es falsa la idea que se impone desde el oficialismo (y que sorprendentemente no es muy desmentida por dirigentes nacionales) sobre el necesario ajuste para sincerar las variables de la macroeconomía con la consiguiente demanda del esfuerzo popular a través del señalamiento de la responsabilidad total del gobierno anterior y las décadas “populistas”para lograr la conquista de la Argentina potencia del mañana.

Los trabajadores

Esta situación de ajuste y prepotencia deshumanizada, a poco de andar, ha desencadenado una manifestación popular de magnitudes muy significativas, la cual se erige como una respuesta contundente, aunque aún insuficiente -ya que la movilización popular se vuelve exitosa cuando logra torcer al poder detrás de los muros donde reside el poder- al programa económico (plan de negocios) del actual gobierno. Es aquí donde los reclamos sostenidos por la Confederación General del Trabajo (CGT) adquieren un protagonismo que trasciende los límites sectoriales de los trabajadores organizados, incluyendo la defensa de nuestros viejos, la educación pública, TÉLAM, y hasta la soberanía territorial, bajo una consigna que al momento ordena verticalmente el planteo de la lucha histórica en la Argentina: “La Patria no se vende”; en tanto, pudimos escuchar a viva voz en cada manifestación a lo largo y ancho de nuestro territorio aquel 24M, la consigna que encierra todo el drama nacional: “Patria sí, Colonia no”. Para nuestra humilde mirada, la CGT está desempeñando un papel fundamental como articulador de acciones políticas en el actual escenario, aunque esta función no sea algo nuevo para la organización a lo largo de su rica historia. Sin embargo, hay que destacar que los trabajadores organizados están llevando a cabo esta tarea con un enfoque renovado respecto a tres pilares fundamentales de esta estrategia: uno relacionado con la acción propiamente sindical, otro centrado en las acciones políticas dentro del Congreso y en relativa colaboración con los gobernadores, y un tercero que involucra el ámbito judicial. Con sus matices y claroscuros, el sindicalismo argentino es sabio y comprende el tiempo de la política, sobre todo en momentos límites como los que hoy vivimos los argentinos. Por todo lo dicho, los trabajadores organizados están en condiciones (no de ocupar la vacante política) sino de articular los reclamos y hacerlo con calidad política con la dirigencia nacional y demás sectores. En tanto, la recuperación de su protagonismo político es una muy buena noticia para la aspiración de las futuras luchas que hay que dar en función de la necesaria organización del frente nacional tanto para las acciones de la resistencia como para la configuración del escenario pos libertario, conjuntamente con la maduración de un programa político para tal ocasión. Si esto se da así, si la organización del bando nacional y popular gira alrededor de los trabajadores organizados, el paro del 24E terminará erigiéndose como histórico, ya que implica el retorno de los laburantes a la discusión política en el marco de nuestra vida nacional que, cada vez que fueron excluidos de la misma, la cosa terminó en tragedia.

El marco histórico

La élite agraria, como estrato social y económico dominante, erigió con Mitre su propio entramado político, administrativo, jurídico y cultural, presentándose como la manifestación paradigmática del país en su conjunto, casi como un registro único y autónomo en la narrativa oficial de nuestra historia: la historia oficial de la verdadera casta argentina. Y, lamentablemente, este fenómeno impuesto con acción política y pluma doctrinaria ha dejado una marcada impronta en amplias franjas de las clases sociales subyugadas de la argentina; ese fue su éxito. Entonces, desde una perspectiva histórica, el rasgo central que define nuestro devenir político es la supremacía oligárquica/proimperialista, siendo la lucha del pueblo contra esta dominación el rasgo preeminente y determinante de los movimientos de masas en la Argentina moderna, personificados en el Yrigoyenismo y el Peronismo. En síntesis y por definición, ser argentino es amar nuestro suelo y ser antiimperialista. Juan Domingo Perón llevó a cabo una Revolución Nacional que quedó inconclusa tras el golpe de Estado del ´55 y que fue retomada en el ´73 con la vuelta del líder popular, aunque brevemente, porque a su muerte y al derrocamiento del gobierno constitucional de Isabel Perón, le sucedió la profundización del 55 con el terrorismo de Estado genocida del 24 de marzo de 1976 y el establecimiento de las bases de un “nuevo modelo” dependiente: el neoliberalismo, el plan de Martínez de Hoz y la extranjerización casi total de nuestra economía, que encuentra en el proyecto de Javier Milei, pasando por Menem y Macri, el intento de su culminación política definitiva.

El peronismo nace antes del 17 de octubre de 1945. La referencia ineludible para el planteo de la lucha actual

El 27 de octubre de 1943, Juan Domingo Perón asume sus funciones en el modesto Departamento Nacional de Trabajo. En apenas un mes, este simple organismo se transforma en la Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde se comienzan a desplegar una serie sustancial de medidas destinadas a la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores. Entre las más variopintas de esas iniciativas tomadas desde esta Secretaría, destacan el Estatuto del Peón, la instauración del seguro social y la jubilación. Además, se establecen Tribunales de Trabajo para dar solución a conflictos laborales, se fijan mejoras salariales y se instituye el aguinaldo para todos los trabajadores, junto con el reconocimiento de las asociaciones profesionales. Estas primeras acciones anticipan los rasgos distintivos de la gestión de gobierno que el General Perón consolidó después del 17 de octubre de 1945 y que aquel histórico día las masas populares fueron a asegurar. Ya en calidad de Secretario de Trabajo y Previsión, Perón inicia los esfuerzos para unificar la CGT, reconociendo la necesidad de contar con una única central obrera para fortalecer el poder político de los trabajadores organizados. Este empeño culminó con la unificación de la CGT en 1945, impulsada por la convicción de Perón de que la división de los trabajadores resulta en la pérdida de todo su poder.

“Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos”.
Y esa proclama de Perón continúa vigente, dado que el drama nacional continúa vigente.

El 2 de octubre del 45 se dicta la Ley de Asociaciones Profesionales, los sindicatos son declarados entidades de bien público, los trabajadores obtienen así el reconocimiento de sus derechos, se les da apoyo legal y cuentan con el Estado como respaldo. A partir de ese momento, los sindicatos (con personería o sin ella), no pueden ser intervenidos por el Estado. Es que el tres veces presidente de nuestro país consideraba que “cuando el obrero ha estado en el mundo sin organizarse ha sido juguete de las circunstancias y ha sufrido la mayoría de las injusticias sociales. La justicia social no se discute, se conquista, y se conquista sobre la base de la organización y, si es preciso, de la lucha”, decía.

Más tarde incorporó por ley el sindicato único por rama de industria, ya no por oficio, dándole un poder mucho más importante a los mismos. De esta forma, además del fortalecimiento de las entidades gremiales y la central obrera, comienza a hacerse efectiva la participación en política otorgándole un rol central como la “columna vertebral”, en el movimiento nacional. Así, en el gobierno peronista, además del conocido 33% de las bancas en el Congreso Nacional reservado al movimiento obrero, los trabajadores aparecen como quienes generan la riqueza y como el sector social desde donde parten las soluciones a los problemas nacionales. Justo ahí empieza a emerger el rol político de los trabajadores en nuestra vida nacional y que es la esencia y motivo de este artículo. De esto hablamos cuando hablamos del rol político de los trabajadores: el de no divorciar la lucha sectorial de los objetivos nacionales, porque el éxito de la primera, necesariamente depende del éxito de la segunda, ya que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza, como decía el General.

En ese sentido y en un contexto actual donde los intereses esenciales de la clase trabajadora se ven fuertemente amenazados y prestos a ser arrancados desde su raíz, se hace urgente acompañar una campaña del movimiento obrero destinada a esclarecer de manera sistemática los lazos que unen la lucha por mejores salarios y otras demandas gremiales, con la defensa de un proyecto nacional que busque superar la actual crisis económica y social que nos afecta a todos los argentinos. La organización de los trabajadores y su protagonismo político se convierte en un requisito indispensable para abordar de manera efectiva y contundente los problemas que enfrenta Argentina. Solo a través de la participación activa de los trabajadores en la vida política del país se pueden construir las bases necesarias para impulsar políticas que beneficien a la nación en su conjunto.

El llamado de la hora

Es menester la reconstrucción del movimiento nacional y no se construyen pirámides empezando por la cúspide, sino que es necesario hacerlo comenzando por la base, y la base son las organizaciones sindicales.

Tal vez estemos pagando hoy el trágico precio de vivir una verdadera contrarrevolución en manos de la antipatria por no haber encontrado aún la voluntad política para llevar a cabo nuestra propia revolución popular.

Será nuestro más grande objetivo para el próximo período dar con un programa político que nos permita revitalizar por completo la industria nacional, añadir valor agregado a todos los productos posibles de fabricar en nuestro suelo y con nuestras manos aprovechando al máximo toda la riqueza disponible en el país. Nuestro país es inmensamente rico, extenso y despoblado, nuestra capacidad productiva natural es infinita y también el capital humano lo es, no hay motivo alguno para el desempleo ni para que uno solo de nuestros compatriotas duerma con ruido en las tripas e incertidumbre al despertar.

Gustavo Matías Terzaga
Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico “Arturo Jauretche” de Río Cuarto, Córdoba.

Fuente: Multimedio Mordisquito

HACÉ TU APORTE

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adblock Detectado

POR FAVOR DESACTIVE SU BLOQUEADOR DE ANUNCIOS, ESTE MEDIO SE FINANCIA CASI EN SU TOTALIDAD CON PUBLICIDAD, MUCHAS GRACIAS