
Entre el amor y la sanación en clave visual en las nuevas muestras del ex-CCK
Entrada grauita
En octubre, se estrenaron cinco exposiciones. La única dedica a las artes visuales es Re-parar, la primera muestra curada por Mariela Yeregui. “La idea no es de reparación como un arreglo para restituir algo a un estado anterior, sino reinventarlo”, explica.
Por Marina Sepúlveda
Los distintos proyectos artísticos reunidos en las recientes exposiciones del ex-CCK fluyen entre la reparación, el amor y los retratos. Son cinco muestras en total: Re-Parar, curada por la artista Mariela Yeregui; una dedicada a Mercedes Sosa fotógrafa; las fotos de Josefina Oliver y Julie Méndez Ezcurra; y una central referida al amor que se las trae.
Inauguradas a mediados de octubre, las muestras comparten cartel con la exposición de Disney del séptimo piso y un Borges en su laberinto que recibe a los visitantes en la planta baja del histórico edificio. En concreto, fueron inauguradas Mercedes Sosa fotógrafa; Las canciones de amor que valían la pena siempre fueron canciones tristes; Trae tu dedo aquí, mira mis manos, extiende tu mano y colócala a mi lado; y Geometría de la voz, todas ellas centradas en la fotografía y con el sello de Francisco Medail.
La única dedicada a las artes visuales en esta tanda es Re-parar, que es la primera muestra curada por Mariela Yeregui, y que dialoga, según la artista, con su propia muestra ubicada en el sexto piso No me quedan más lágrimas, bajo curaduría de Gabriela Golder. Curadora y artistas intercambian roles en ambas exposiciones en un gran abrazo afectivo que se extiende a 16 proyectos de 17 artistas mujeres, en tres salas que “muestran una faceta diferente”.

Amor y sanación
“Esta muestra surge en diálogo con No me quedan más lágrimas y cuando se presentó la muestra individual, se trabajó también la posibilidad de generar otra muestra colectiva que curara y trabajara como un contrapunto”, explica Yeregui. Y agrega: “La idea de reparar que trasuda la muestra es la reparación, no como un arreglo para restituir algo a un estado anterior, sino reinventarlo”.
En Re-Parar, definida como “una muestra colectiva que propone la práctica del cuidado como ensayo para imaginar otros futuros posibles”, las obras abren un abanico amplio sobre esta idea de la reparación tan necesaria en estos tiempos modernos. Es una idea que “interrumpe la lógica del descarte”, esboza la fragilidad de la vida en clave poética, e impulsa el “imaginar otros futuros posibles”.
Las tres salas de la muestra despliegan obras de arte textil, sonoro, instalaciones, dibujo como sitio específico, fotografías y esculturas, destacándose nombres como los de Graciela Sacco y Graciela Taquini; así como los de Natalia Rizzo, Gabriela Larrañaga, Matilde Marin, Silvia Rivas, Laura Romano, y Marlin Velasco. Una lista que se completa con Ana Laura Cantera, Francesca Cantore, Paula Gaetano, Celeste Martínez, Nilda Rosemberg, Mene Savasta Alsina, Analía Segal, y Candelaria Traverso.

Desde el estruendo de moscas con sus ritmos estampados en una pared, un cabello que se hila y trenza, a restos de jabones que se reagrupan o el trabajo de los “recicladores urbanos” de Martin (El día de Karina) y las campanas sonoras de Velasco, lindan con los contrastes de la serie Arrancar los ojos de Golder sobre la represión ante las manifestaciones sociales en Chile y Colombia, y la ardua tarea de una repuesta Odisea invisible en grafito de Rivas.
Pero la muestra no se detiene en estos proyectos: Romano recuerda los dibujos de los naturalistas europeos a los que interviene delicadamente, y Taquini y Rizzo recuperan basura informática para dar vida a Me caigo y me levanto, una obra que “desarma la lógica del descarte” pedida por Yeregui, que hecha objeto, es la última obra de la pionera del videoarte Graciela Taquini, fallecida en septiembre.
Con diseño de exhibición de Leo San Juan, otras de las obras son Dispositivo para entrelazar un cuerpo de Celeste Martínez; Prácticas de reposición con restos de jabones de Larrañaga; Espécimen Nro 4 / El sueño de Humboldt de la serie Viajes Botánicos de Romano, que explora la “mirada de los artistas viajeros que llegaron a América y catalogaron esa naturaleza desconocida y exótica bajo parámetros europeos y bajo la lente de la idea del exotismo y el orientalismo que tenían”, explica la artista.
Además está la otra instalación de Rivas bajo el nombre Así lo propio (de la serie El revés de la armadura) en donde la artista visual instala un televisor, una viga de metal y una tenazas de hierro en una sala en penumbra. “La serie trata de la fragilidad frente a lo que nosotros mismos producimos”, señala Rivas y explica que las performers del video visten trajes de papel de seda intervenidos con una sustancia viscosa que revelan una “fragilidad ante nuestra propia imagen construida”.
Pero además lo relaciona con un peso muerto porque, apunta, “todos arrastramos alguna cosa”, y esto es lo que refleja el video. Acerca de la viga usada en la construcción señala que el cambio de una “situación de equilibrio” puede convertirse en “algo peligroso”.
Es el mismo caso para el otro elemento, el de las pinzas de herrer, una herramienta útil que también puede adoptar una relación de gran vulnerabilidad referida al cuerpo femenino: “desde quemarse porque esas pinzas agarran cosas al rojo, pero también desde la tortura, desde los instrumentos quirúrgicos que pueden ser usados para construir y curar o para herir, matar o torturar”.

Desde otra perspectiva de la curación, lo cósmico viene en modo de composición sonora y lumínica con Del colapso al origen de Savasta Alsina, como pasaje a otra dimensión; y la materia orgánica se teje en Archivo lácteo de Cantera, para consumarse en la atrapante animación Mar adentro trilogía de Segal, y el homenaje a Sacco con Venus desflorada y otras dos obras.
Cantore presenta Cómo habitar un cuerpo agotado y Golder acompaña su serie sobre la violencia estatal con la videoinstalación Ensayo para Ulrike. También, como parte de la muestra, Rosemberg llevará adelante una performance para su obra Tres estados para un encantamiento reparador en donde cuerpo y objetos convocarán la magia de un conjuro de reparación el 31 de octubre.
Las otras muestras del CCK
Las otras muestras son más sencillas, aunque no menos interesantes. Mercedes Sosa fotógrafa, recupera las fotos analógicas personales de la icónica cantante popular y el momento particular de su exilio entre 1979 y 1982 en Europa, y el intercambio epistolar con Hugo Soto.
La gran Mercedes (Tucumán, 1935-2009), conocida como La Negra y “la voz de Latinoamérica”, integrante del Nuevo Cancionero (1963), escribe en bolsas para el mareo y el vómito de los aviones y luego en postales a este amigo, a la distancia. Las fotos muestran el vacío, cuartos de hotel, una cena a solas, y fueron recuperadas del archivo que guarda la nieta de Mercedes, Araceli, en esta curaduría de Agustina Pérez Rial y Francisco Medail ubicada en el quinto piso: allí “Mercedes observa y registra”. Además, la exposición comparte la recuperación del archivo de Mercedes con un libro publicado y continúa con la película en proceso La otra voz.
En el caso de Geometría de la voz se presenta una selección de fotos de Josefina Oliver (1875-1956) y de la fotógrafa Julie Méndez Ezcurra (1949-1991), en base a la investigación y curaduría de Patricia Viaña y Guillermo Ueno, en el quinto piso.

Entre las imágenes destacan los autorretratos, tanto los coloreados de la pionera Oliver como los emblemáticos de Ezcurra, como los de un Jorge Luis Borges sonriente o la icónica foto en que se muestra a un serio escritor con su gato Beppo en su casa. Aunque faltan los nombres de las personalidades, se observan retratos de Moria Casán y Liliana Maresca, entre otras, además de las del autor del Aleph. La distancia generacional coincide en la recuperación histórica de ambos archivos, y se diferencia en el objeto de representación: Oliver sobre un entorno más doméstico en sintonía con la época, y Ezcurra el social con su trabajo de fotoperiodismo.
Con curaduría de Francisco Medail, Las canciones de amor que valían la pena siempre fueron canciones tristes, toma el trabajo de ocho artistas que exploran el amor desde “el deseo, los encuentros y las ausencias, la memoria de los vínculos y las huellas”. La selección de imágenes incluye obras de la fundamental Adriana Lestido sobre la separación, el duelo y la soledad; Gabriela Muzzio con su serie de los abrazos; y el dúo Gisela Volá y Nicolás Pousthomis esboza diez años de un proyecto de amor compartido.
Los otros trabajos son de Mariana Pacho López con el registro cotidiano de su esposa durante una década de amor y construcción familiar que continúa; los de Julieta Christofilakis con fotos de corazones telenovelescos y aquello que no lo es; y el de Sofía Ungar con su inquietante y amoroso proyecto de citas y costos con sus respectivas reseñas.
Una dato interesante surge de esta experiencia de arte no disociado de la vida como es el indicador del valor de las comidas detalladas en el proyecto que abarcó tres años: el “varón pagaba unos 30 dólares durante el albertismo para pasar a los 150 actuales”, marcando el encarecimiento de la vida en Argentina.
Fuera de los registros anteriores está la Instalación de sitio específico del artista brasileño Nino Cais con su Trae tu dedo aquí, mira mis manos. Extiende tu mano y colócala a mi lado compuesta de fotografías y objetos y transparencias y apela a la mirada de la realidad.
Re.Parar y Geometría podrán verse hasta el 11 de abril de 2027, mientras que las otras estarán disponibles hasta el 16 de mayo, con entrada gratuita, de miércoles a domingo de 14 a 20 en el actual Palacio Libertad y ex-CCK de Sarmiento 151 (CABA).




Cultura – Tiempo Argentino



