
La bomba de Dios
En 1945, mientras el 6 de agosto nacía, murió Hiroshima. En el estreno mundial de la bomba atómica, la ciudad y su gente se hicieron carbón en un instante. Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos y en sus cuerpos, las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado…
Tres días después, el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, dijo por radio:
-“Agradecemos a dios que haya puesto la bomba en nuestras manos y no en manos de nuestros enemigos, y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y propósitos”.
De “Los hijos de los días” de Eduardo Galeano
Nota: Una reciente encuesta entre estudiantes japoneses reveló que casi ninguno sabía quién arrojó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. Algunos, después de dudar, dijeron que fue la Unión Soviética.
Recientemente, se conoció que a través del espionaje cibernético estadounidense, durante 10 años espiaron al gobierno “presuntamente” aliado de Japón para usar los datos en su contra.
Después de la guerra, siguiendo las palabras de Truman, parece que dios dispuso que Japón quedara sometido para siempre al dominio estadounidense. Por eso le restringieron el acceso al petróleo para que no desarrollara su industria.
Y por eso el Japón debió desarrollar centrales nucleares, es decir, volver a la energía nuclear de la que fue víctima primera y arriesgarse a eventos como los de la central de Fukushima, averiada por un maremoto, que volvió a producir víctimas de la radiación en el país del sol naciente.
El infierno que desató la bomba atómica en Hiroshima
El 6 de agosto de 1945 el mundo entero se detenía ante el grito de miles de personas que se silenciaban simultáneamente. El Enola Gay fue el avión que soltó sobre la ciudad de Hiroshima la primera bomba nuclear utilizada en combate real, durante los últimos compases de la II Guerra Mundial.
Tan solo tres días más tarde, cuando Japón apenas había tenido tiempo para reponerse de tal ataque, una nueva bomba estallaba en Nagasaki. Esta vez, el bombardero utilizado era el Bockscar.
La bomba de Hiroshima fulminó al 30% de la población de entonces, acabando con la vida de unas 80.000 personas. A finales de 1945 el balance se elevaba a unas 140.000 y en los años posteriores las víctimas por los efectos de la radiación sumaron más del doble.
Desde entonces, numerosas películas y libros relatan y ponen nombre y apellido a lo sucedido. John Hersey, con su imprescindible obra Hiroshima, es solo uno de los cientos de ejemplos.
Reuters











