
Mariano Cabral analiza el legado federal y las revoluciones radicales en la historia argentina
En su columna semanal “Pasado de Revoluciones” dentro del programa “Con Fundamentos Kriollo” en Radio Lateral, el historiador Mariano Cabral realizó un repaso de las revoluciones radicales que marcaron la historia argentina. El especialista grabó su mensaje el miércoles por la tarde para ser emitido el jueves 20 de noviembre de 2025, explicando que no pudo realizarse la comunicación telefónica habitual.
Cabral recordó que en el encuentro anterior se había hablado de las revoluciones de 1890 y 1893. Sobre la primera, conocida como la Revolución del Parque, señaló que “fue llevada adelante por miles de jóvenes y muchos no tan jóvenes, de la burguesía y la pequeña burguesía porteña” y estaba “liderada por Leandro Alem y Bartolomé Mitre”. Destacó que esta revolución “fracasa en su objetivo final, que es derrocar al gobierno” de Juárez Celman, aunque finalmente éste renunció y asumió su vicepresidente Carlos Pellegrini.
La revolución de 1893, según el historiador, tuvo un carácter diferente. “La alianza entre Alem y Bartolomé Mitre se rompe cuando Bartolomé Mitre confluye a un pacto con Roca” y “el ala joven de la Unión Cívica, que había encabezado la Revolución del noventa […] ahora Alem la había rebautizado como Unión Cívica Radical”. Esta nueva revolución, encabezada por Hipólito Yrigoyen y Aristóbulo del Valle, perseguía un objetivo distinto: “lograr que el gobierno se vea forzado a declarar la intervención federal en varias de las provincias argentinas”.
El especialista subrayó que mientras la Revolución del Parque era “una revolución porteña”, la de 1893 “es nacional, se extiende por varias provincias” y en ella emergen “apellidos tradicionalmente vinculados al Partido Federal: Candioti en Santa Fe, Saá en San Luis”. Cabral también destacó los orígenes federales de los líderes radicales: “Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen, que eran tío y sobrino, eran a su vez hijo y nieto de un connotado miembro de la Mazorca de Rosista”.
La ruptura entre Alem e Yrigoyen se materializó “enseguida después de las fracasadas revoluciones de mil ochocientos noventa y tres”, consolidándose el liderazgo de Yrigoyen, “un liderazgo nacional, típicamente podríamos decir el de un caudillo”. Cabral describió a Yrigoyen como “un mudo, porque no se le conocían discursos” pero que “se había tomado el trabajo de recorrer todo el país” construyendo el partido “a partir de un estrecho conocimiento del país, de su gente y de los liderazgos locales”.
El historiador anunció que en el próximo encuentro desarrollará “la revolución de mil novecientos cinco, que sin duda fue el movimiento militar radical militar y civil más notable” y destacará “los lazos entre Irigoyenismo y Roquismo” que “juegan un papel importante en el desenlace de la Revolución”. Aunque esta revolución no logró sus objetivos, “le abre la puerta definitivamente a la candidatura de Roque Sáenz Peña”, quien dictaría en 1912 la ley que estableció “el voto secreto, universal y obligatorio”, aunque aclaró que “solo este de un universo reducido, porque es exclusivamente el voto masculino”.
Cabral concluyó señalando la continuidad de las revoluciones radicales “bien entrado el siglo veinte” y los puentes entre el federalismo, el radicalismo y posteriormente el peronismo, destacando que “los jóvenes radicales de la primera década del siglo veinte como Arturo Jauretche” serían quienes “construyan el puente entre el radicalismo yrigoyenista y el peronismo”.



