
Murió en Misiones un represor que nunca fue juzgado
El domingo en la localidad misionera de Aristóbulo del Valle, falleció el ex policía Ramón Fariña, quien es señalado por ex presos políticos y sobrevivientes de la dictadura en Misiones, como represor durante la última dictadura militar en Argentina. Fariña, que ofició como uno de los responsables del destacamento del Paraje Pindaytií, uno de los centros clandestinos de tortura identificados en Misiones, además había sido condenado por el juez Ricardo Biazzi por el delito de encubrimiento, en 1978, junto a otros policías y un médico, por la tortura seguida de asesinato de una persona llamada Manuel Dorneles, en la localidad de 25 de Mayo. Este asesinato no guarda relación con el terrorismo de Estado, ya que Dorneles había sido detenido por una sospecha de abuso sexual, pero la investigación del caso demostró el brutal funcionamiento del aparato de represión y tortura en la zona de influencia situada entre las ciudades de 25 de Mayo y Aristóbulo del Valle.
“En principio nos llevaron al Destacamento de la Policía en Pindaytí y de ese lugar recuerdo que tenía un piso de madera con grandes agujeros y abajo tenían atados perros guardianes que gruñían permanentemente. Allí lo vi a Geraldo de Oliveira que fue atado con mi hermano. Recuerdo a un policía de apellido Báez y otro Fariña. Nos decían: comunista te vamos a matar. Allí también me colgaron del cuello que por mucho tiempo me dejó huellas imborrables. Ellos se pasaban tomando tereré y truqueaban, en una oportunidad un guardia me reconoce y simula pegarme y un teniente que advierte esto me pone una capucha y me golpea en el hígado con una cachiporra” describe textualmente Celestina Santiesteban, una mujer que residía en Pindaytí, y que fue detenida, torturada y abusada en el destacamento de Pindaytí, en un testimonio que consta en el libro “Misiones, Historias con nombres propios” (página 103), editado por el Ministerio de Derechos Humanos de la Provincia de Misiones en 2011.
“La zona de comando la establecieron en Pindaytí y desde allí operaron en toda la zona para reprimir a todos los luchadores de las Ligas Agrarias” señaló Celestina en su testimonio.
Celestina Santiesteban era modista, y murió a los 86 años hace apenas unos días, el 8 de noviembre, en la ciudad de San Pedro. Su detención y tortura se enmarca en los operativos que militares y policías realizaban conjuntamente en busca de referentes del Movimiento Agrario De Misiones Mam y las Ligas Agrarias. Además de ella, fueron capturador y torturados en Pindaytí, sus hijos Delfino y Mauro.
“Confirmo absolutamente que fue Ramón Fariña nuestro captor y quien nos torturó. Yo lo conocía desde mucho antes incluso, hasta llegamos a jugar al fútbol juntos. Ellos (los policías del destacamento) en Pindaytí trabajaron con los milicos. Llegaban y buscabana armas en las chacras. A mí me agarraron y me ataron como un chancho. Ramón Fariña me puso un pie en la cabeza y me apuntaba con un arma larga. No sé porque entonces a los policías les daban esas armas largas. En ese destacamento de Pindaytí se cometieron muchas atrocidades, no fuimos las únicas víctimas” relató Delfino, quien al igual que su madre Celestina, jamás fueron citados por la Justicia para declarar en el marco de juicios por crímenes de lesa humanidad en Misiones.
Otro de los testimonios referidos a las aberraciones ocurridas en esos años de plomo en el destacamento del paraje Pindaytí, corresponde a Beatriz de Olivera, quien en 1976 se domiciliaba en el paraje Mavalle, de Aristóbulo y tenía solo 17 años: “Estuve en el destacamento de Pindayti. Fui torturada, golpeada y violada reiteradas veces. El amigo de mi papá trataba de esconderme lo más que podía cuando llegaban los jefes y lo único que me preguntaban es dónde estaba Pedro Peczak, que sabían que yo era su mujer porque era la de la foto de la carpa. Yo les decía que no sabía nada y me decían que no mienta más y me golpeaban. Pasé así 29 días en el destacamento de Pindayti, fueron los peores días de mi adolescencia”.
Susana Benedetti, también sobreviviente e integrante del Movimiento Agrario Misiones, describe del siguiente modo su paso por el destacamento policial de Pindayti. “A mi logran detenerme el 26 de octubre de 1976, en Pindayti. Me llevan al destacamento en un camión. Me presionaban para que les diga donde estaban Pedro Peczak y Pablo Fernández Long. En un momento me dice un policía que si no colaboraba me iban a trasladar a otro lugar, en efecto, me llevan a la Comisaría de Aristóbulo Del Valle, donde acampaba el Ejército. Escuché al llegar que en el patio se encontraban detenidos y amarrados, varios compañeros del MAM y de Las
Ligas Agrarias. Me introducen en un cuarto, estaba vendada y con esposas. Me sacan la ropa, me atan de brazos y piernas a cada pata de la mesa, y a pesar de resistirme, me mojan y comienzan a torturarme con descargas eléctricas (la picana era con un acumulador de auto, por eso necesitaban mojarme). Oía preguntas de distintos lugares, eran varios los que ahí estaban. El interrogatorio duró como 3 horas. Al no conseguir sacarme las respuestas que ellos querían, intensificaban las zonas y la cantidad de descargas”.
El deceso de Fariña, y pocos días atrás el de Celestina Santiesteban, marcan sin duda una triste realidad, que denota que en Misiones, los juicios contra represores de la última dictadura, tanto militares como policías y cómplices civiles, están paralizados y atrasados. Las víctimas mueren sin justicia y los represores, caminan libres o mueren sin ser juzgados, en la más absoluta impunidad.
El caso Dorneles
En octubre de 1978, Ramón Fariña fue condenado junto a los policías Salvador Cervantes, Tomas Delfín Alegre, Germán Waldemar Ferreyra, José Pedro Rodríguez, Acevedo José Rodríguez, Onésimo Aldana, Juan Pablo Cáceres, Juan de la Cruz Vera, Juan Antonio Báez, Camilo Machado y el médico Salvador Silvestre Castro García, por encubrimiento en una causa judicial abierta a raíz de la tortura seguida de homicidio de Manuel Dorneles, ocurrida el 5 de noviembre, quien fuera detenido en el paraje Pindayti y luego trasladado a la comisaría de 25 de Mayo.
En aquel momento, el juez que dictó sentencia, desconocía que allí, en el destacamento del Paraje Pindaytí donde actuaba el agente Fariña, funcionaba un centro clandestino de tortura.
Tanto Fariña como los demás policías condenados, fueron liberados en 1984, sin cumplir la totalidad de sus condenas, ya que la Cámara de Apelaciones en lo Criminal, que entonces estaba integrada por la magistrada Liz Urrutia y los magistrados Lino Torres y Marco Racagni, en un fallo más que llamativo, entendieron como atenuante el hecho de que la persona torturada y asesinada por los policías estaba sospechada de abuso sexual, hecho que jamás pudo comprobarse.
(Gentileza Sergio Álvez)



