
Ni envidia ni excepcionalidad: un profundo debate sobre el racismo y la identidad en la Argentina
En su habitual columna de los jueves, el historiador Mariano Cabral abordó un tema que suele ser tabú en la sociedad argentina: el racismo.
Partiendo de las recientes polémicas internacionales y la reacción de los medios locales, Cabral analizó cómo el país se auto percibe y cómo esa mirada muchas veces choca con una realidad social cargada de prejuicios, especialmente hacia las comunidades inmigrantes y los sectores populares.
Cabral cuestionó la postura de “ofensa” que adoptaron muchos medios ante las acusaciones de racismo desde el exterior. Para el historiador, responder con que “nos tienen envidia” es una simplificación burda que evita una introspección necesaria. Aunque aclaró que Argentina no es un país fundado sobre la segregación institucional como Estados Unidos, remarcó que eso no nos exime de tener prácticas racistas profundamente arraigadas.
Sobre la distinción entre estos conceptos, el columnista explicó: “Argentina no es un país segregacionista, no está fundado sobre el segregacionismo y eso está bien, es importante rescatarlo… pero seguro que podemos hacer algo mejor que venir a ofendernos”. Cabral insistió en que la falta de segregación legal no significa que los inmigrantes bolivianos o paraguayos, o las poblaciones indígenas en provincias como Misiones, no sufran tratos discriminatorios cotidianos.
En un tramo clave de su intervención, desmitificó el relato histórico que afirma que la población afrodescendiente desapareció de Argentina porque murió toda en las guerras del siglo XIX. Cabral calificó esta versión como una “verdad un tanto distorsionada”. Explicó que, si bien los pobres —mayormente negros— fueron “carne de cañón”, hubo procesos de mestizaje e integración que la historia oficial muchas veces prefiere invisibilizar.
Respecto a las campañas militares y su impacto demográfico, Cabral aportó datos específicos: “en la campaña de 1878-79 murieron aproximadamente entre 3000 y 4000 indígenas, es un 10% de la población, es un montón, pero no es que se arrasó esa población”. Señaló que esos sobrevivientes se integraron como mano de obra en estancias patagónicas y sus descendientes forman parte hoy de la periferia de las grandes ciudades del sur.
El historiador también se refirió al “racismo inverso” y al mito de que Argentina es la “Europa de Sudamérica”. Criticó la idea de blandir la ascendencia europea como un escudo de superioridad y llamó a escuchar a los verdaderos referentes de las asociaciones afro argentinas y de las colectividades que sufren la estigmatización estatal y social.
Para concluir, Cabral dejó una reflexión sobre la raíz de la desigualdad: “¿quiénes pelean y ponen la carne en la guerra? Los pobres… y ahí es donde hay que preguntarse ¿Y por qué serían mayoritariamente los negros pobres? porque, ¿tenían algún impedimento? Alguna cosa les impide prosperar más que a los blancos”. La propuesta del columnista fue clara: abrir el pensamiento y no cerrarse en el “confort” de negar el problema.



