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​Pablo Aparo: «Me parece contradictorio tener tatuadas las Malvinas en el brazo y votar a Milei” 

El cineasta viajó tres veces a las islas para filmar el documental “Los vencedores”. Su experiencia lo llevó a pensar la soberanía como una cuestión que también incluye lo económico, lo cultural y lo social.

Por Diego Lerer

La propuesta de Los vencedores es intrigante. Pablo Aparo, director del documental, viajó tres veces a las Islas Malvinas con la intención de conocer a sus habitantes y escuchar sus opiniones respecto a la complicada relación que tienen con la Argentina. “Quería conocer el punto de vista de quienes tuvieron la guerra en el patio de sus casas”, explica.

“Si bien nací en 1986, la guerra siempre estuvo presente a lo largo de mi vida —cuenta—. Recuerdo que un grupo de veteranos vino a mi escuela para contar lo que les había sucedido, pero también para pedir plata porque los habían olvidado por la desidia del Estado. Mi escuela estaba cerca del Colegio Militar de El Palomar. Veía soldados todo el tiempo y, teniendo conocimiento de los desastres de la dictadura, me generaban miedo y rechazo. Pero lo que más me llamaba la atención era la poca información que tenía de los llamados ‘kelpers’. Y me preguntaba por qué, en todo lo que salía en fotos y películas, se veían las islas vacías, grises, inhóspitas”.

Pablo Aparo: "Me parece contradictorio tener tatuadas las Malvinas en el brazo y votar a Milei”
Aparo tuvo que atravesar la reticencia inicial de los isleños.

El tema quedó latente y reapareció en 2018, cuando Pablo pasó por el Reino Unido mostrando su película anterior, El espanto. “Al verla, algunos británicos me dijeron que se sintieron identificados con el pueblo que retrata el film y me preguntaron por qué no hacía algo similar ahí —recuerda—. En el momento no me interesó, pero se ve que me quedó resonando porque, en el viaje de vuelta, la inquietud por entender más sobre las islas se trasladó a conocer y retratar a la gente que vive ahí”. Las cosas se pusieron en marcha en enero de 2020, previo a la pandemia. Aparo viajó a las Malvinas ya que había un vuelo que salía de San Pablo y, tras averiguar que no hacía falta visa, fue con un permiso como periodista que le permitía filmar. “Ese primer viaje fue de investigación —rememora—. Grabé poco, aunque algunas imágenes quedaron. Fue más que nada para entender cómo moverme y si podía generar vínculos. Por suerte encontré una primera gran amiga que me ayudó a comprender cómo funciona esa sociedad y fue clave para mis viajes siguientes”.

Todo se demoró por el Covid y el largo confinamiento que tuvieron en las islas, por lo que recién logró volver allí en 2023, ya con más contactos, equipo y pensando en quedarse un mes. “Al principio la gente estaba reticente, pero eso se fue ablandando —comenta—. Conocí más gente en los bares que en cualquier otro ámbito. El gobierno de las islas me puso en contacto con la que era entonces gobernadora, el cura, miembros de la asamblea legislativa. Pero como quería dar con alguien que viviera en el campo, la única forma fue a través de la página de turismo. La mayoría de las estancias tienen una casita que alquilan para los fines de semana o vacaciones. Así es como di con Mat. Y lo que iba a ser un mes terminaron siendo dos meses y medio”. El proceso siguió con otro viaje más en 2024 que se centró en su vínculo con Mat, quien terminó siendo el motor narrativo y emotivo de la película. “Fue una muy buena decisión que se terminó reflejando en las escenas más sensibles y fuertes que tiene Los vencedores”, reflexiona.

Pablo Aparo: "Me parece contradictorio tener tatuadas las Malvinas en el brazo y votar a Milei”
Las Malvinas guardan huellas imborrables.

La película muestra a Aparo teniendo dificultades para conectarse con los locales, recelosos de la presencia de un argentino allí. “Con los más jóvenes fue más fácil —dice—. Quizás porque no vivieron la guerra y crecieron en unas islas muy diferentes a las de sus padres o abuelos. Están conectados con el Reino Unido, tienen más recursos, escuelas, bares, restaurantes y hasta un cine. Si tenés buenas notas, el gobierno te manda a estudiar allá con todo pago. Entonces tienen una mayor apertura y no sienten la ‘amenaza argentina’ como una posibilidad real”. Con los más grandes fue más difícil, asegura: “No solo por ser argentino, sino por ser cineasta o periodista. Desconfían del periodismo argentino porque me contaron que muchas veces los testimonios que dan son trastocados y usados de forma incorrecta. Derribar esa barrera fue difícil. Pero al mismo tiempo me sorprendió que algunos de ellos me contaran cosas que no le contaron ni a sus familiares. Los más radicales me siguieron evitando, pero muchos otros se empezaron a abrir y eso fue un gran logro para la película”.

De todas las cosas que se encontró en Malvinas, lo que más lo sorprendió es su belleza. “Las concebimos como grises, inhóspitas, pero es uno de los lugares más hermosos que visité —cuenta—. En invierno, si bien hace mucho frío, el viento no es tan fuerte y suele haber sol. Los atardeceres en San Carlos, las playas de arena blanca de Yorke Bay, los delfines y orcas nadando a metros de la costa, las tormentas de nieve en Fox Bay, los ríos de piedra que bajan de las montañas. Y hay muchas otras islitas que conforman el archipiélago a las cuales se llega solo en avioneta y son increíbles”.

Pablo Aparo: "Me parece contradictorio tener tatuadas las Malvinas en el brazo y votar a Milei”
El testimonio de los kelpers sostiene el documental.

Hay cuestiones de la historia entre los dos países que Aparo desconocía, especialmente lo ligado a cómo se vivía allá en la época de la dictadura. “Los isleños sabían lo que estaba sucediendo en Argentina, sabían que desaparecía gente. Hay que tener en cuenta que, antes de la guerra, la conexión entre Argentina y las islas era más fluida. Los isleños venían a estudiar o a atenderse en hospitales, nuestro país les proveía petróleo y había vuelos de LADE desde Comodoro Rivadavia. Lo que me contaron es que lo que sintieron cuando empezó la guerra no fue solo el miedo de ser controlados por otro Estado, sino también de terminar siendo un pueblo oprimido por una dictadura militar”, analiza.

Aparo reconoce que el viaje lo cambió y le hizo entender la complejidad del asunto. “No soy historiador ni periodista —explica—. Intenté contar lo que viví. Es una comunidad que vive ahí hace 200 años y que vivió una guerra en sus casas. Y me hacen repensar todo el concepto de colonización. Pero más que nada me hizo volver con la seguridad de poder decir ‘no sé’. No tengo las cosas claras y no me parece mal. Creo que el debate puede generar algo superador. Lo que siento es que para nosotros las islas no deberían quedar en un símbolo vacío de la lucha por la soberanía. Me parece contradictorio tener tatuadas las islas en el brazo y votar a Milei. Porque la soberanía es todo. Es territorial, pero también económica, cultural, social. La causa debería ser la punta de lanza de todo el resto. Hay más tierras vendidas a extranjeros en la Argentina continental que la totalidad de km² de las islas. No es un dato menor”. Y agrega: “Estoy muy ansioso por ver cómo cae la película al público. Imagino que algunos la odiarán, me odiarán y los odiarán a ellos. Pero espero que otros no y que se pueda dar un debate interesante, más en estos momentos de polarización”. «

Los vencedores

Dirección y guión: Pablo Aparo. Montaje: Florencia Gómez García. Sonido: Guido Deniro. En cines.

​Espectáculos – Tiempo Argentino

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