Cultura y Espectáculosprincipales

​Parecido a la voluntad 

El pan de las palomas, el libro de Silvia Appugliese

El pan de las palomas, de Silvia Appugliese, es un libro sutil y, al mismo tiempo, intenso. Relatos sin estridencias, en donde la emoción reverbera bajo las palabras.

Por Gastón Rodríguez

En la siesta de un pueblo, contra la pared del cuartito del fondo, una cajera de supermercado tiene un encuentro furtivo con alguien inolvidable; dos soldados acoplan sus cuerpos en un pozo para refugiarse del espanto de la guerra; la amante descubre de repente que los juegos de la clandestinidad han dejado de ser divertidos para volverse un trámite opaco; una madre fantasea con un país al otro lado del mundo, tan lejos como se pueda de la grisura conyugal; un banquero toma vino tibio y se deshace de su ropa en el confesionario de una iglesia. Hombres y mujeres haciendo lo que pueden con el trabajo, la familia, el deseo, la frustración, el amor, la culpa y todo lo que vale la pena vivirse.

Editado por Milena Caserola, El pan de las palomas, primer libro de cuentos de Silvia Appugliese, es más que un corpus de palabras ordenado con prodigio: es la emoción que reverbera bajo esas palabras. “No era cuestión de movimiento la escritura”, dice la protagonista de Malcom, el relato inaugural del libro, dándonos una pista para la decodificación.

“Revelar sin estruendo la carga de dolor o de deseo o de frustración o de absurdo que puede guardar aun la situación más cotidiana”, describe Liliana Heker la capacidad de la autora. Inés Garland, otra de las “maestras” presentes en la contratapa, agrega: “Como esas corrientes sutiles en el mar, los cuentos de El pan de las palomas me fueron llevando lejos de la orilla. Los gestos y los detalles son tan delicados, los personajes tan tímidos”.

Parecido a la voluntad
Silvia Appugliese, autora de El pan de las palomas.

El mérito de Appugliese, que además es editora y traductora de francés, es conmover sin frases pretenciosas o rimbombantes (eso que algunos nombran ostentación lexical); los adjetivos son pocos y precisos y lo mismo ocurre con las imágenes o los símbolos. Aun cuando la voz poética se reconoce femenina, cualquier lector puede dar testimonio de la experiencia narrada: a todos nos duele un desengaño amoroso, a ninguno le sale bien lidiar con el deterioro de los padres.

Y un detalle más: esa voz femenina no es pasiva, todo lo contrario, se asume sujeto de la relación y va en busca de su objeto de deseo como en Hoy hacemos lo que queremos: “Él es demasiado alto, demasiado flaco. Me apoyo contra la pared y me pongo en puntas de pie. Me levanta la pollera, se afloja los pantalones, yo no se lo impido, al contrario, lo aliento, le digo que nadie puede vernos”.

Aunque parezca contradictorio, El Pan de las palomas es un libro sutil y, al mismo tiempo, intenso. Una pregunta esperable es cómo hace Appugliese para hacer latir los corazones sin siquiera nombrarlos. Tal vez lo haga del mismo modo en que avanza el soldado Gutiérrez en la intemperie blanca de una isla recóndita asediada por invasores: “Mira a izquierda y derecha, elige una dirección al azar y sigue caminando en la llanura, el cuerpo apenas inclinado hacia adelante, llevado por algo indescifrable, parecido a la voluntad”.

​Cultura – Tiempo Argentino

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