Columnas de Opiniónprincipales

“Si quieren venir, que vengan. Acá los vamos a esperar”

Por Sofía Naumik

Estas fueron las palabras de Ramón Amarilla cuando Feinmann le preguntó qué van a hacer si les mandan de nuevo a Gendarmería y la policía Federal para disuadirlos de la protesta.

Las primeras noticias que empezaron a circular en los medios gráficos y audiovisuales utilizaban términos como “toma de una comisaría en Misiones”, “tomaron el Comando Radioeléctrico en Posadas”, “amotinamiento de la policía misionera”. Los propios medios provinciales no comprendían la diferencia entre “tomar”, “amotinamiento” y “campamento”, “reclamo pacífico”, “búsqueda de un diálogo paritario”, “protesta” o “piquete”. Se trata de la policía misionera, retirados que ya no están en servicio, no trabajan en ninguna comisaría. No trabajan en la sede del Comando Radioeléctrico. Trabajaron toda su vida cumpliendo funciones de riesgo en diferentes lugares, bajo condiciones climáticas poco favorables, y lejos, en muchos casos, de sus hogares. Hoy, ya retirados, jubilados en términos criollos, tienen que buscarse changas para llegar a fin de mes, porque el retiro no les alcanza ni para los gastos de una canasta básica. No es una toma. Hay un acampe y hay ánimo de conversar pacíficamente. Pero si vienen a reprimir, va a haber resistencia. Si vivir dignamente ya no se puede, tampoco se puede esperar sumisamente a que los corran por derecha.

Se pone sobre la mesa la discusión si un policía, retirado o no, puede reclamar, puede hacer un “paro”, un “piquete”, o un campamento para reunir gente con la misma problemática para pedirle a un gobierno un reconocimiento. En la jerga policial aparentemente un policía no puede reclamar nada, debe cumplir órdenes y aguantar lo que se venga, porque hay una ley de obediencia que así lo exige. Aquellos que se encargan de la seguridad de un país portan armas, deben encargarse de la disuasión cuando otros son los que están en conflicto. Pero, ¿qué deben hacer estos hombres y mujeres si son ellos los que se encuentran con un trabajo que no les garantiza un salario digno? ¿No son acaso trabajadores como cualquier otro civil? Son civiles y también son policías, votan, son ciudadanos, son personas, tienen familias muchos de ellos, tienen necesidades como cualquier civil, como cualquier ciudadano, como cualquier persona.

Este conflicto no lo están librando ellos solos, no son los únicos afectados por un gobierno nacional y un gobierno provincial que juegan a la timba financiera con los impuestos de la gente, con los fondos de un país que debería garantizar los servicios esenciales de un estado: seguridad, educación y salud en primer lugar. No están solos. Los maestros, los médicos, los enfermeros, los estudiantes que hacen sus residencias, los empleados estatales en los espacios de salud, los guardaparques, los oficiales, los suboficiales, infantería y todos los que quieran venir, también, que vengan.

Todos los que votaron a este gobierno “distinto” se sintieron traicionados. Hubo un cambio. Un gran cambio, pero que a todos ellos no los benefició. Sólo empeoró su situación, el ajuste no lo hizo la casta. ¿O la casta eran ellos? Los que no votamos esto no fuimos traicionados, sabíamos que venían por nuestros jubilados, nuestros trabajadores estatales, nuestros docentes, nuestros organismos públicos… por nuestro Estado en definitiva. No nos traicionaron, hicieron lo que dijeron que venían a hacer. El problema es que muchos no lo creyeron, les creyeron a los medios nacionales que recién hoy están mostrando lo que pasa en Misiones, a cinco días del acampe, a dos días de los forcejeos con gendarmería, federales e infantería, a un día de un nuevo desacuerdo paritario. Con la necesidad no se negocia, se resiste hasta las últimas consecuencias.

El gobierno provincial fue votado por todos. ¿Acaso teníamos posibilidades de votar algo distinto? Hace 20 años que siempre gobiernan los mismos, no existe la oposición real, siempre se negocia para seguir teniendo el control. ¿Acaso el voto a Milei en la provincia fue un intento de voto en contra de la provincia? La Renovación hizo un amague de apoyo a Massa, pero negoció sus diputados en el congreso con los libertarios. Hizo lo que siempre hace, lo que todos los misioneros sabemos que hacen: pactan con unos, se esconden detrás de los “opositores” pero siempre son los mismos. Esa sí es la verdadera casta política. Cualquiera desde otras provincias podría preguntarnos: ¿por qué siempre votan a los mismos entonces? ¿por qué recién ahora salen a reclamar? Porque esta vez dentro de “lo mismo” se planteó una gran diferencia: la Renovación cayó en la trampa liberal, debían elegir entre la negociación con el gobierno nacional, para quedar bien con ellos, y la negociación con los trabajadores para “pagar cierto ajuste”, pero ellos no se ajustaron. Se confiaron en la fe ciega de los que votaron a este gobierno nacional, y se equivocaron.

Pretendieron seguir pagando los sueldos más miserables del país, sin pagar las consecuencias. La timba esta vez, quedó en evidencia, y el pueblo se cansó. Ahora Misiones se convirtió en un foco de conflicto que puede “contagiar” al resto de la región, y del país. Ahora nos miran, ahora nos escuchan porque dejamos en evidencia la equivocación más grave que cometió el país entero en más de 40 años de democracia: permitir que el Estado se disuelva en manos de voraces saqueadores que sin asco ni impunidad se roban en nuestras narices los derechos que tanto nos costaron conseguir.

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