
Carlos Ortellado: La voz de los jubilados en lucha contra el ajuste y la “dictadura declarada” en Misiones
En un contexto de ajuste económico, represión estatal y desamparo gremial, Carlos Ortellado, secretario general de la Unión de Trabajadores Municipales Jubilados y Pensionados de Misiones, alzó su voz en Radio Lateral para denunciar la crítica situación que atraviesan los adultos mayores en la provincia. Con 76 años y una trayectoria sindical de más de cuatro décadas, Ortellado retrató un escenario de abandono institucional, saqueo previsional y violencia sistemática contra los derechos de los jubilados.
Un sindicato nacido del desamparo
En 2023, tras jubilarse como trabajador municipal, Ortellado fundó el primer sindicato de jubilados y pensionados municipales de Misiones, reconocido hace apenas un año y medio por el Ministerio de Trabajo. La organización surge, según explica, como respuesta al “vacío de contención gremial” que históricamente marginó a los pasivos. “Las ramas sindicales olvidaron que, por ley, los jubilados mantienen voz y voto en sus organizaciones. Hoy, el 90% de los jubilados municipales cobra entre 200,000 y 250,000 pesos, un monto que no alcanza para vivir”, afirmó.
La crítica se extiende al Instituto de Previsión Social (IPS) de Misiones, responsable de administrar las jubilaciones y la obra social. Ortellado denuncia un “saqueo impune” de los fondos previsionales: “Los trabajadores activos aportan el 2% de su salario en negro, y al jubilarse, reciben apenas el 50% de lo que deberían. La obra social es un desastre: turnos de tres meses y pagos ilegales por atención médica”.
Represión, un fantasma que resurge
El miércoles anterior a la entrevista, jubilados que protestaban en Posadas fueron reprimidos con balas de goma y palazos por fuerzas estatales. Ortellado comparó el hecho con los métodos de la última dictadura argentina: “En gobiernos democráticos, nunca vi tanta saña contra adultos mayores. Es una dictadura declarada: intervención de teléfonos, presos políticos como el caso de Amarilla, y un protocolo antipiquete que criminaliza la protesta”.
El dirigente vinculó la violencia al “protocolo de Patricia Bullrich”, ministra de Seguridad nacional, y criticó su giro ideológico: “Ella fue compañera de trinchera y hoy es una caricatura gorila. Es la mente perversa detrás de la represión”.
La crisis del peronismo y la esperanza en Cristina
Con 56 años de afiliación al Partido Justicialista (PJ), Ortellado no oculta su desencanto: “Desde 1994, el PJ no hace congresos. Lo han convertido en una casa ocupada por invitados que no nos representan”. Sin embargo, ve una luz en la intervención ordenada por Cristina Fernández de Kirchner: “Es una oportunidad para oxigenar al partido y recuperar la doctrina peronista. Hace dos meses, creamos la primera unidad básica registrada en Misiones y le enviamos una carta a Cristina para reconstruir desde las bases”.
Su lucha, dice, también es generacional: “Estamos en la cornisa de la vida, pero si no tejemos redes de contención para los jóvenes, el cordón umbilical de la conciencia sindical y política se romperá para siempre”.
Misiones: ¿La provincia del “mensú moderno”?
Ortellado no duda en trazar un paralelismo histórico: “Aquí persiste la lógica del mensú (trabajador explotado) y el capanga (capataz opresor). Los salarios municipales son miserables: 500,000 para activos en Posadas y 400,000 en Eldorado, pero con gran parte en negro. La idiosincrasia misionera aún no se sacude el sometimiento”.
Pese a todo, insiste en la resistencia: “Me he encadenado tres veces frente al municipio por retenciones indebidas. Si la CGT provincial hiciera lo mismo, tendríamos otra fuerza”.
Un llamado a despertar conciencias
La entrevista cerró con un mensaje urgente: “Cuando golpean a tu vecino y no reaccionas, el día que te toque a ti, nadie estará para ayudarte. Este gobierno endeuda al país, saquea las cajas y reprime. Pero los jubilados no nos callaremos: seguiremos en las calles, porque mejor que decir es hacer”.
Con estas palabras, Ortellado no solo retrató la realidad misionera, sino que encendió un debate sobre el rol del Estado, los sindicatos y la ciudadanía en la defensa de los derechos más básicos. Su historia, entre el desgarro y la esperanza, es un espejo de un país en crisis.



