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​Copacabana se tiñó de rojo: música, multitudes y una demostración de apoyo a Lula 

Crónica

Caetano Veloso y Djavan fueron protagonistas de un festival que reunió a más de 56.000 personas en Río de Janeiro. La movilización, replicada en distintas ciudades del país, reflejó la polarización política de Brasil en la recta final hacia la segunda vuelta electoral.

Por Martina Delgado

La avenida Atlântica de Copacabana «lotou», como dicen los brasileños: está llena, no hay espacio para nada. Van a tocar Caetano Veloso, Djavan y otros artistas en un nuevo «Acto Musical por la Democracia», organizado por Mídia Ninja y el movimiento 342 Artes.

En sintonía con las dos ediciones del año pasado, que se pronunciaron contra la reducción de las penas de Jair Bolsonaro y contra lo que se conoció como la PEC da Blindagem, esta vez la movilización de los artistas es en apoyo a la reelección de Lula. La consigna era vestirse de verde y amarillo, en un intento del PT y sus simpatizantes por recuperar los símbolos nacionales asociados en los últimos años al bolsonarismo. Pero, desde lejos, solo se ve una larga marea roja. Es imposible saber dónde termina.

«La cultura brasileña, la música brasileña, resistiendo contra las amenazas contra la democracia», dijo Caetano Veloso durante el acto. Junto a Djavan, se envolvió en una bandera gigante de Brasil. «¡Brasil es nuestro!», gritó Djavan. Estas frases, cargadas de historia, remiten a lo que algunos de estos mismos artistas sufrieron décadas atrás: la persecución durante la dictadura militar (1964-1985), las detenciones y el exilio forzado de Caetano y Gilberto Gil a fines de los años sesenta.

Copacabana se tiñó de rojo: música, multitudes y una demostración de apoyo a Lula
Copacabana se tiño de rojo para apoyar a Lula.

Veloso subió al escenario con una camisa blanca atravesada por una franja verde y amarilla: otro gesto en la disputa por los símbolos nacionales. Interpretó algunos de sus clásicos y, en un momento que pocos esperaban, compartió micrófono con el cantante y pastor evangélico Kleber Lucas para una versión de «Deus cuida de mim». El encuentro sonó como un intento de cruzar fronteras: reunir en un mismo escenario a la música popular brasileña y al Brasil evangélico.

Entre los temas que sonaron estuvieron «Sina», «Linha do Equador», «Lilás» y «Gente», a dúo con Djavan. También se sumó la actriz Sophie Charlotte, que cantó «Dê um rolê», aquel tema que Gal Costa popularizó en 1971, en plena dictadura. En total, 32 artistas y grupos pasaron por el escenario.

Muchos de los manifestantes llegaron desde el centro de Río de Janeiro, donde más temprano la União Nacional dos Estudantes (UNE) había organizado un acto con la participación de Chico Buarque, que también convocó a miles de personas. Ya en Copacabana, la movilización reunió a unas 56.400 personas, según una estimación del Monitor del Debate Político de la Universidad de San Pablo (USP/Cebrap) y More in Common. La cifra contrasta con las 8.900 personas que participaron del acto de lanzamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro, realizado en la misma playa el 16 de agosto. Ambas mediciones fueron realizadas por las mismas organizaciones.

Copacabana se tiñó de rojo: música, multitudes y una demostración de apoyo a Lula
Caetano Veloso y Djavan convocaron a una multitud.

La magnitud de la convocatoria en contrasta con otro dato: en la primera vuelta, Flávio Bolsonaro aventajó a Lula en la ciudad de Río de Janeiro. El mapa electoral carioca presenta, sin embargo, diferencias entre regiones: mientras el PL predominó en las zonas sudoeste y oeste y en sectores de la zona norte, Lula se impuso en barrios del centro, la zona sur —donde se encuentra Copacabana— y regiones de Grande Tijuca. La zona sur concentra algunos de los barrios de mayor poder adquisitivo de la ciudad. Durante la canción «Sobre Nós», el rapero Delacruz gritó: «Acá está el pueblo de verdad, el pueblo trabajador».

Los vecinos de Copacabana

Tras la movilización, los locales de los alrededores de Copacabana se llenaron de gente. Entré a un almacén repleto. La empleada parecía molesta por el movimiento. Apenas me presenté como periodista y le pregunté su opinión sobre el acto, me cortó: «Prefiero no hablar».

A un costado, Luiz Henrique, ingeniero de 73 años, no tardó en entrar en conversación. Vivió de todo en Brasil, «hasta una dictadura militar», dice, y abre bien grandes los ojos. Enseguida agrega: «No hay que permitir que ese marginal (N. de la R.: en referencia a Bolsonaro) arruine Brasil». Continúa y enumera, casi sin respirar, todos sus pronósticos: «Van a entregar todas nuestras riquezas. Van a privatizar Petrobras. Trump va a mandar acá como manda en Venezuela. Va a dominar las tierras raras y se van a llevar nuestros minerales, todo lo que tenemos de valioso. Brasil es muy rico y ellos quieren eso».

Copacabana se tiñó de rojo: música, multitudes y una demostración de apoyo a Lula
Caetano Veloso eligió una camisa con verde y amarillo.

«Van a entregar Brasil. Va a ser igual que con tu presidente, Milei, que es un loco. Y este tipo, Flávio, aplaudió a Milei, con esa motosierra suya, como un loco también. Milei está dejando a todo el mundo en la miseria, mientras los bancos son cada vez más ricos, los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Nos encontramos recién con un argentino que nos decía que allá ya no hay bares abiertos ni gente sentada en los bares. Acá, en cambio, están llenos», agrega.

La comparación con la Argentina es recurrente. Antes de la primera vuelta, predominaba la curiosidad, el interés distante por el fenómeno libertario. Ahora, desde las filas del progresismo, no hay quien escuche mi acento y no me hable de Milei con temor, como si fuera algo próximo, cercano, casi contagioso. Para la campaña de Lula, esa ansiedad se convirtió en un activo: la advertencia de «no virar como los hermanos».

Letícia tiene 30 años y es psicóloga. No cree que una victoria de Flávio Bolsonaro tenga repercusiones en su vida cotidiana en el corto plazo, ni siquiera en el mediano. Sus temores, dice, apuntan más lejos: a la posibilidad de que se modifique la Constitución y de perder derechos como mujer. También menciona la influencia de Estados Unidos en las elecciones y las consecuencias que, según su visión, tuvo el gobierno de Milei sobre las riquezas naturales de la Argentina. «Si Bolsonaro gana, va a pasar», afirma.

Copacabana se tiñó de rojo: música, multitudes y una demostración de apoyo a Lula
En Salvador de Bahía se presentaron Gilberto Gil y Daniela Mercury.

Una movilización a favor de Lula que se extendió a otras ciudades

Más allá de Copacabana, el festival fue parte de una jornada de manifestaciones que se extendió por numerosas ciudades de Brasil. Según estimaciones de la coordinación de campaña del Partido de los Trabajadores, hubo movilizaciones en unas 500 localidades, entre ellas Brasilia, Curitiba, Porto Alegre, Belo Horizonte y Fortaleza.

En Salvador de Bahía, Gilberto Gil y Daniela Mercury participaron de otra convocatoria musical. Las movilizaciones se produjeron en un contexto de fuerte polarización política, después de que Flávio Bolsonaro obtuviera más votos que Lula en la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre. Desde entonces, organizaciones estudiantiles, movimientos sociales y agrupaciones culturales impulsaron manifestaciones en distintas regiones del país.

El domingo anterior, 11 de octubre, una multitud había ocupado varios tramos de la avenida Paulista, en San Pablo, durante un acto que contó con la presencia del propio Lula.

La polémica por los conciertos y la decisión de la Justicia

La realización de los festivales estuvo precedida por una controversia judicial. La legislación electoral brasileña prohíbe los denominados showmícios, conciertos utilizados como actos de campaña para atraer votantes. Por ese motivo, los organizadores presentaron las actividades como encuentros en defensa de la democracia, mientras que los artistas evitaron realizar pedidos explícitos de voto desde el escenario.

El partido Novo había presentado una acción ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) para intentar impedir los espectáculos, con el argumento de que se trataba de actos electorales encubiertos destinados a favorecer a Lula y a su compañero de fórmula, Geraldo Alckmin.

Sin embargo, el sábado 17 de octubre, el corregidor general electoral, Ricardo Villas Bôas Cueva, rechazó el pedido de suspensión preventiva. El magistrado consideró que no existían pruebas suficientes de que las manifestaciones formaran parte de la campaña electoral ni de que existieran vínculos financieros u organizativos que justificaran impedirlas.

También sostuvo que la coincidencia de posiciones políticas entre los organizadores y una candidatura no alcanza, por sí sola, para convertir una manifestación de la sociedad civil en un acto electoral. La decisión permitió que los conciertos se desarrollaran, aunque dejó abierta la posibilidad de investigar eventuales irregularidades.

En Copacabana, los asistentes exhibieron banderas brasileñas, carteles en defensa del Sistema Único de Salud (SUS) y consignas contra el régimen laboral de seis días de trabajo por uno de descanso. También hubo cánticos de apoyo a Lula y expresiones de rechazo a Flávio Bolsonaro.

​Espectáculos – Tiempo Argentino

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